La inesperada clase social que surge por la brecha cambiaria del dólar

La inesperada clase social que surge por la brecha cambiaria del dólar

La brecha cambiaria entre el dólar oficial y el "blue" está generando una nueva clase social: la de los argentinos que trabajan para el exterior y ganan en dólares o euros. Tienen un alto poder adquisitivo e impulsan el consumo de determinados sectores. Se calcula que son miles y crecen cada día.

Horacio Alonso

Horacio Alonso

En medio de una crisis económica que se acelera y golpea los bolsillos, algunos argentinos ven subir sus ingresos. Aunque cueste creerlo, es una realidad. Son aquellos que, desde la Argentina, trabajan para el exterior y tienen salarios en dólares o euros.

Si bien el home office o teletrabajo existía antes de la pandemia, la crisis sanitaria lo generalizó y las empresas comenzaron a aceptarlo como algo natural. La globalización y la tecnología hicieron la otra parte.

Desde el 2020 en adelante, el fenómeno no para de crecer y el mercado laboral para muchos profesionales y emprendedores dejó de ser el su ciudad, su provincia o su país: es el mundo.

Si bien esta tendencia se percibe en todos los países, en la Argentina adquiere una dimensión especial impulsada por la brecha cambiaria. Con un peso devaluado y pese a la suba de precios, tener ingresos en una moneda fuerte permite aumentar el poder adquisitivo de los ingresos.

De esta manera, la brecha cambiaria está generando una nueva clase social integrada por quienes tienen la posibilidad de trabajar para el exterior.

Esto no sucede en otros países. Por ejemplo, un profesional italiano que trabaje desde Roma para una empresa en Alemania no se beneficiará de la misma manera que un argentino que lo haga desde Buenos Aires. En el primer caso, ganará en euros, pero gastará en euros también. La diferencia la hará si en la empresa alemana logra un mayor ingreso que en una italiana, pero son euros contra euros. En cambio, en el segundo caso, tendrá ingresos en euros para gasta en un país con un peso que cada día pierde valor.

Sebastián es argentino y tiene 45 años. Está casado y tiene dos hijos. Vive en la zona norte del gran Buenos Aires. Desde hace más de siete trabaja para una laboratorio estadounidense como vendedor para algunos países de Sudamérica. Se lo puede considerar como un pionero del home office internacional. Gana unos US$5.000 mensuales.

“Me siento un privilegiado. Mi sueldo crece al ritmo del aumento del dólar blue. Es cierto que los precios locales suben por la inflación, pero no llegan a acompañar al cambio paralelo. Por eso, mi poder adquisitivo crece ás brecha cambiaria hay” explicó a MDZ.

De esta forma, cada vez que el blue se dispara, necesita menos billetes “verdes” para pagar las expensas, la cuota de los colegios de los hijos o la tarjeta de crédito. Eso le permite mantener un nivel de vida alto.

La situación no era la misma unos años atrás: “En un momento, durante el Gobierno de Mauricio Macri, cuando se sacó el cepo y hubo un período de atraso cambiario, la cosa era diferente. No voy a decir que no nos alcanzaba la plata, pero era distinto. Aparte de ganar menos en dólares (tuvo un aumento hace dos años), todas las cosas estaban caras en dólares en el país. Hoy es diferente. Podemos ahorrar buena parte de lo que gano”.

Sebastián cuenta que, cuando empezó a trabajar en ese laboratorio, era el único argentino que lo hacía. Hoy hay cinco más trabajando, en distintas áreas, desde la Argentina para Estados Unidos.

Es difícil saber cuántos argentinos están haciendo home office para el exterior ya que no hay estadísticas y, en muchos casos, prefieren hacerlo con reserva por cuestiones fiscales, pero el número va en aumento y se pueden contar por miles.

El dueño de una concesionaria de autos contó su caso que sirve para ilustrar el fenómeno: “Cada vez más tenemos clientes que viven en la Argentina, pero trabajan para el exterior con ingresos en dólares o euros. Eso antes no pasaba. Es un fenómeno de hace dos o tres años. Para ellos no es un problema si los 0km están caros en dólares porque por con su ingreso lo pueden pagar. Creo que hay muchos en situación similar y son los que pueden seguir consumiendo sin problemas. Hoy todos conocemos algún caso en nuestro círculo de amistades o familiares de gente que está trabajando para afuera. Es algo nuevo. Si se suma uno sobre otro, el número puede ser sorprendente”.

Esto puede explicar, en parte, la alta demanda de determinados productos o servicios. La venta de 0km, la ocupación hotelera en destinos caros, restaurantes llenos en zonas de moda, son algunos ejemplos de una parte de la sociedad que tiene ingresos para consumir. Es cierto que es un universo chico y hay muchos argentinos que tienen ingresos en pesos muy altos  que pueden seguir el ritmo de la inflación porque tienen cargos directivos en multinacionales o empresas propias, pero, seguramente, un porcentaje de ese público puede ser de los nuevos trabajadores que facturan para el exterior.

Desde una consultora de búsqueda laboral confirmaron esa tendencia: “El fenómeno de la gente que está trabajando para afuera es muy grande. Se habla mucho de los argentinos que emigran. Sorprende por la cantidad, pero creo que es un número similar los que están haciendo home office para empresas de afuera y ganan en dólares”.

Un ejemplo es el caso de los headhunters o reclutadores. Si bien hay diferencias en esas dos actividad, se manejan bajo una idea común: la búsqueda de personal para las empresas, especialmente en cargos jerárquicos. En los últimos meses, se está produciendo una fuerte migración de estos profesionales desde consultoras o empresas locales hacia compañía en el exterior.

Ese traspaso no se hace de forma física sino virtual, ya que la mayoría sigue viviendo en el país, pero decide trabajar para afuera. El flujo es tan importante que cuesta conseguir especialista de ese tipo para búsquedas locales.

A comienzo de año, en una charla con MDZ, Sofía Scagliotti, directora asociada de Valuar, anticipó esta situación: “Se está viviendo un fenómeno muy importante. No se consiguen recruiters para contratar porque se globalizó el servicio. Todo aquel recruiter que hable bien inglés elige trabajar para afuera porque le conviene más. Trabaja la mitad de tiempo y cobra e dólares o euros”.

Citó como ejemplo el caso de una directora de recursos humanos de una importante empresa que renunció a su rol de número uno en la Argentina para dedicarse a hacer búsquedas para Europa trabajando desde la casa cuatro horas por día. Un reclutador part time puede cobrar un piso de 3.000 euros, trabajando a distancia.

“Deciden trabajar para consultoras de España, Canadá, Estados Unidos o cualquier país importante. No hay mercado de reclutadores en la Argentina. No se consiguen. Es algo novedoso. Todo pasó en seis meses o poco más”, explicó.

Según la especialista, este fenómeno no se limita sólo a reclutadores: “Todos aquellos profesionales que hablan bien inglés y que han tenido alguna experiencia en roles regionales, que conocen otros mercados, hoy son muy demandados”.

En paralelo, lo mismo sucede con muchos emprendedores que rompieron la frontera y venden sus productos para el exterior. También ahí se está generando una nueva “clase social” entre los que venden para afuera y para el mercado interno.

Es cierto que para que sea efectivo el beneficio, quienes ganan en dólares o euros tienen que buscar la forma de hacerse de sus ingresos en billetes físicos. Ingresarlos por el sistema formal, genera una pesificación al cambio oficial que no es redituable. Hay distintas formas de hacerlo. Algunas más sofisticadas que otras. También está la posibilidad que eligen muchos y requiere de cierta logística. Abrir una cuenta en Uruguay es una forma, aunque requiera trasladarse periódicamente a buscar los billetes.

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