La meta de los 195 días de clases que tambalea por falta de acuerdo

La meta de los 195 días de clases que tambalea por falta de acuerdo

La provincia fue una de las pocas en anunciar que superaría el objetivo Nacional de llegar a los 190 días de clases. Aquí, la apuesta sería de cinco días más. Sin embargo, la escasez de un ofrecimiento que conforme a los gremios y equilibre la balanza pone en jaque esa decisión.

Zulema Usach

Zulema Usach

Como dos polos opuestos que desde el inicio no lograron establecer la sinergia necesaria. De hecho, los síntomas de la actual falta de acuerdo entre los gremios que representan a más de 20 mil educadores/as de Mendoza y el Gobierno provincial ya se habían hecho evidentes desde febrero pasado. Previo al inicio de las clases, desde una optimista óptica de intensificar la apuesta y lograr que la provincia sea una de las pocas en el país en llegar a superar incluso a los objetivos de Nación, el propio titular de la cartera educativa, José Thomas, planeó destacar la formación en las escuelas mendocinas en función de dos "condimentos extra". Por un lado, Mendoza, junto a la Ciudad de Buenos Aires, fue la única en comenzar las clases el 21 de febrero. 

Pero además, la meta que superaría lo estipulado por el Ministerio de Educación de la Nación (que estableció un tope de 190 días para el actual año lectivo), sería la aplicación de los 195 días de clases que los niños, niñas y adolescentes deberían cumplimentar dentro de las aulas. Lo cierto fue que ya desde el comienzo, los planes comenzaron a tambalear para el gobierno escolar. No solo fueron las propias familias las que salieron a quejarse por tener que enviar a sus hijos a la escuela cuando -por ejemplo- aún estaban regresando de sus vacaciones, sino que una buena parte decidió visibilizar antes los problemas edilicios y la falta de mobiliario que presentaron varios colegios.

Fue ésta tan solo la antesala de un comienzo de año marcado por una multitudinaria movilización que se desplazó por las calles del centro mendocino donde la disconformidad de miles de maestras/os y profesores/as de todas los niveles se hizo evidente con carteles, cánticos y panfletos. Ya para ese momento, los gremios SUTE y Sadop (sindicato que representa a los docentes que trabajan en colegios privados) habían solicitado el llamado a paritarias y anunciaban que los sueldos docentes estaban muy por detrás de la inflación: el mínimo estipulado apenas rozaba hace seis meses, los 40 mil pesos. El malestar, en ese entonces, no llegó a traducirse en un paro. Existió un acuerdo, aunque provisorio.

Problemática que se agudiza

La realidad demostró que lejos de apaciguarse, la crisis nacional comenzó a marcar un punto de inflexión que con el pasar de los meses se agudizó. No solo porque la inflación trepó, Las complicaciones en el comienzo de las clases en la provincia se hicieron visibles en numerosos establecimientos, donde de manera intermitente fue necesario cortar las actividades por problemas relacionados a lo edilicio y también se escucharon las quejas en materia de recursos: hubo instituciones afectadas por inundaciones cloacales, falta de agua, baños colapsados, escasez de aulas, sillas y bancos. 

Hoy, los hechos indican que en la segunda etapa, el clima más bien, empeoró y el calendario escolar está lejos de cumplir con la meta de los 195 días de clases, con más de medio millón de estudiantes dentro de las aulas. El paro de 48 horas que se concretó con un alto nivel de adhesión durante las jornadas del martes 26 y el miércoles 27 de julio, restó días al plan oficial. Hoy, en el marco de un acuerdo que se hace esperar entre los gremios y el gobierno provincial a ese total se sumarán tres días más. Hoy, el acatamiento a la medida de fuerza es notorio y en los establecimientos las actividades fueron escasas, pese a que la Dirección General de Escuelas (DGE) quiso fomentar que las familias envíen a los niños, niñas y adolescentes a la escuela.

Todo en suma, deja en claro un punto: que si los objetivos no son acompañados de pautas para poder concretarlos desde una óptica que incluya a todo el universo educativo, entonces las palabras no quedan traducidas en los hechos. Con el foco puesto hacia los meses venideros, entonces aún queda la gran pregunta acerca de cómo se logrará reforzar la enseñanza y si esas metodologías estarán ajustadas a responder a las necesidades de los/as educadores y alumnos. El calendario sigue su curso hacia el 16 de diciembre. Para esa fecha, los resultados de las actuales secuencias vividas en el escenario de la educación, se pondrán en evidencia. Mientras, el contexto actual sigue dejando en claro que la calidad -días más, días menos- es aquello que en lo profundo parece cada vez más difícil de alcanzar. 

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