Una mendocina en Ucrania cuenta cómo es la vida a seis meses de la invasión de Rusia

Una mendocina en Ucrania cuenta cómo es la vida a seis meses de la invasión de Rusia

A seis meses de la invasión de Rusia a Ucrania la hermana María Cristiana Demianczuk, mendocina, habló con MDZ sobre cómo la guerra modificó su vida cotidiana.

Florencia Rodríguez Petersen

Florencia Rodríguez Petersen

fpetersen@mdzol.com

"Muerta... de cansancio", responde María Cristiana Demianczuk a la pregunta eventual: "Hermana, ¿Cómo está?". Se ríe y se disculpa: "Perdón… se me salió la sinceridad sin querer". Ese diálogo fue hace semanas, muchos días antes de que pidiera posponer la entrevista porque estaba viajando a Alemania a buscar a algunas de las niñas del hogar que debieron abandonar el país por la guerra y recién ahora, seis meses después de la invasión rusa, pudieron volver.

"Estoy contenta de haber vuelto a verlas. Las extrañé mucho todo este tiempo. Mañana, 24 de agosto, vamos a viajar en colectivo desde Poing (sur de Alemania) hasta Dubové (Zakarpattia, Ucrania). Y unos días más tarde continuaremos nuestro viaje hasta Ivano-Frankivsk donde vivo yo junto con otras dos hermanas y estas chicas de nuestro pensionado. Son 8 chicas que estuvieron al cuidado de 2 hermanas", relata.

Cristiana nació en San Rafael, pertenece a la Familia Religiosa del Verbo Encarnado y ya hace más de 20 años se mudó a Ucrania con la idea de servir a Dios y al prójimo. "En estos seis meses, cambió todo y no cambió nada", dice como titulando lo que ocurrió en su vida y en la de las personas que la rodean en estos últimos meses. "Desde que empezó la guerra, nuestra vida (la de las hermanas) y la de la gente que vive en nuestros hogares, nuestras vocaciones jóvenes, ha sido completamente distinta. La gente de los hogares, los niños, niñas, mamás, abuelas y las chicas de nuestra escuela que viven en el pensionado pudieron ser trasladadas a otros países (España, Suiza, Alemania). Las novicias (vocaciones jóvenes en formación) no se fueron del país pero se trasladaron a la provincia de Zakarpattia (en el suroeste del país)", cuenta la mendocina.

En febrero, cuando Rusia invadió Ucrania, acababa de comenzar el segundo semestre escolar. "Cuando comenzó la invasión se vio totalmente interrumpido y las clases se suspendieron. El trabajo pastoral que las hermanas hacemos en parroquias, el catecismo, las reuniones con jóvenes, etc. también se dejó de hacer", explica y acota que al mismo tiempo "no cambió nada porque las personas a las que cuidamos han ido volviendo y en estas últimas semanas nos estamos preparando para volver a retomar todo nuestro trabajo y nuestros apostolados. Esperamos que nuestra escuelita pueda volver a abrir sus puertas el primero de septiembre, cuando arranca el ciclo escolar aquí en Ucrania". 

Acompañar a quién busca refugio

La realidad es que la rutina de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado en Ucrania tuvo un giro importante. Dejaron de asistir a niños, madres y abuelas en sus hogares y se dedicaron a organizar la logística para que más personas pudieran partir a España, Italia y Holanda en busca de refugio. "Después que esa primera ola de gente queriéndose ir  fue disminuyendo, nos concentramos en ayudar a la gente que, aunque no dejó el país, sí tuvo que abandonar su casa y su ciudad por estar en zona de guerra (desplazados internos). A ellos los ayudamos intentando encontrarles un lugar para vivir, con alimentos, remedios, etc", señala.

El trabajo logístico no solo incluyó ocuparse del transporte, el techo y los alimentos sino de cuidar que cada una de las personas estuviera lo más contenida posible. "Todos y cada uno de los grupos que salieron de Ucrania al comienzo de la guerra estuvieron siempre acompañados por dos o más hermanas que se quedaron con ellos durante todo este tiempo", comenta la hermana Cristiana

Un contingente de 13 niños y 3 religiosas partió a Kishingen (Suiza), otro de seis madres solteras, con 14 niños y tres religiosas estuvo en Kroislingen (Suiza), uno más con 14 adultas mayores acompañadas por 5 consagradas que se quedaron hasta el 1 de agosto en República Checa y un grupo mucho más numeroso (17 madres y 40 niños) formado por personas que pidieron ayuda a las hermanas cuando comenzó la guerra y estuvieron en Girona con dos hermanas de la comunidad. 

"Una de esas mujeres dio a luz estando en Girona y el personal médico que asistió el parto agradeció mucho la presencia de la religiosas que fueron traduciendo y facilitaron mucho todo. De este grupo volvieron casi todas las mamás con sus hijos a finales de julio, aunque algunas optaron por quedarse más tiempo y quizás vuelven a fines de septiembre o principios de octubre", celebró la hermana Cristiana.

Abandonar el hogar nunca es fácil. Menos aun cuando la urgencia apremia y la única decisión posible es entre salvar o no la vida. Es incalculable la cantidad de ucranianos que debieron abandonar sus hogares y su país tras la invasión de Rusía, "cientos de miles" dicen las noticas que muchas veces olvidan que cada uno es un rostro y una historia. "La gran mayoría de la personas a las que ayudamos a salir de Ucrania nunca antes habían estado en el extranjero. Todos tenían muchas ganas de volver", revela la mendocina y reflexiona: "Una cosa es irse de vacaciones por poco o por mucho tiempo, otra cosa es emigrar y otra cosa muy distinta es tener que irse del país obligado por las circunstancias. La gran mayoría de estas personas dejaron seres queridos atrás".

Abrazar en la vuelta al hogar

La alegría del reencuentro no se opaca con la coyuntura social: la situación sigue siendo preocupante en Ucrania. Según la hermana Cristiana, es imposible describir como fueron los reencuentros: "Creo que una mezcla de alegría por volver y de tristeza por la situación general del país. Distinto sería si esta gente volviese una vez finalizada la guerra. Pero esperamos y rezamos para que pronto haya paz". 

Y ahora la misión de las hermana vuelve a cambiar de rumbo ya que a medida que las niñas, madres y abuelas vuelven a los hogares, las hermanas retoman su rutina. aunque "sin descuidar la ayuda a los desplazados internos".

"Por supuesto, tendremos que adaptarnos a esta situación y deberemos tener en cuenta que todo puede cambiar de un día para otro. Es sabido que los combates más intensos están teniendo lugar en el este, relativamente lejos de donde vivimos, pero nadie descarta que la provincia donde vivimos sea alcanzada por misiles. De hecho es muy común sentir las sirenas antiaéreas…. y más allá del miedo y los recaudos que uno puede tomar, lamentablemente nos empezamos a acostumbrar", explica la sanrafaelina. 

A la espera de una "nueva normalidad"

La expresión "nueva normalidad" se volvió familiar para el mundo entero tras las primera ola de coronavirus. De algún modo pasa lo mismo a las familias ucranianas: ansían recuperar sus rutinas, volver a encontrarse con sus vínculos pero saben que ya nada será igual. "El ciclo lectivo en Ucrania arranca el 1 de septiembre. Falta algo más de un mes. No sabemos cual va a ser la situación general en el país para esa fecha. A nivel nacional se habla de que las clases van a empezar y también se habla de los cuidados y medidas que se van a tener que tomar para garantizar hasta donde sea posible la seguridad de los niños", asegura Demianczuk .

Señala que "si todo sigue como hasta ahora, la situación de las provincias en el oeste de Ucrania va a ser menos crítica que la de las provincias del este, en ciudades que han sido continuamente bombardeadas. Muchas escuelas también han sufrido daños materiales. Pero por ponerte un ejemplo, las autoridades de la iglesia acá en Ucrania han puesto a disposición del Ministerio de Educación de Ucrania los edificios de las parroquias y sobre todo los sótanos para que eventualmente tenga lugar allí el dictado de clases, dependiendo de las circunstancias del momento". Es consciente de que esto va a afectar a los alumnos, pero también confía en que se establezcan protocolos para que los niños no "sientan" tanto el peligro y puedan concentrarse en el aprendizaje. 

Pasaron 6 meses y la guerra sigue, aunque ya no sea noticia

Ya hace meses la guerra entre Rusia y Ucrania perdió lugar en las portadas de los diarios del mundo. Sin embargo, sigue siendo una realidad muy actual para quienes viven en ucrania. "A nivel local no diría que la guerra se ha normalizado. Pero sí te diría que la gente va aprendiendo a lidiar con las dificultades. Y de nuevo, esta guerra no significa lo mismo para una persona del oeste ucraniano donde desde que comenzó la guerra no ha caído un misil, que para una persona cuya casa fue destruida por un misil, o la gente que vive en ciudades que actualmente están siendo bombardeadas. Tampoco significa la guerra lo mismo para las muchas personas que han perdido seres queridos en el frente". 

Cristiana se anima, a seis meses de la invasión, le cuesta enumerar cuáles fueron los momentos más críticos de la guerra. "El inicio de la invasión me causó mucho miedo. Escuchar las noticias de que el aeropuerto de Kyiv había sido bombardeado y un rato más tarde ver que el aeropuerto local de Ivano-Frankivsk era bombardeado… Escuchar el estruendo… Escapar de Ivano-Frankivsk con las chicas del pensionado a las que tuvimos que despertar de madrugada para irnos, ver las filas de autos intentado cargar combustible esa madrugada para poder dejar Ivano-Frankivsk, la incertidumbre de que pasaría en los días posteriores… fueron momentos muy difíciles", relata. Y acota enseguida: "También fue muy duro escuchar de gente conocida o amigos y seres queridos de nuestros conocidos que habían sido heridos o que habían muerto en el frente. Y a medida que los meses fueron pasando también empezó a costar asimilar la idea de que la guerra no iba a terminar en un par de semanas..."

Todo parece más calmo, pero la guerra sigue. Lo que pasa, según Cristiana, es que "ahora existe la sensación de que la guerra se va a seguir concentrando en el este, donde empezó y que no va a extenderse hacia el oeste". Esta suerte de "calma" le permite pensar en visitar el país, más precisamente su amada Mendoza aunque duda que pueda concretar pronto ese viaje. "En la medida en que la situación siga como hasta ahora por supuesto que espero poder ir a Argentina en algunos meses pero en estos momentos no estoy ni haciendo preparativos ni mirando mi agenda para ver cuándo se dará la oportunidad. Y muy probablemente no se va a dar durante este 2022", dice. 

En medio de la guerra se entera de las noticias por sus familiares y amigos. "Rezo para que la situación allá mejore y les pido a todos que recen por la paz, no sólo en Ucrania sino también en otras tantas partes del mundo donde hay conflictos", dice. Y retoma algo que no cambió a pesar de la guerra: "Quiero recalcar que nuestra esperanza es poder continuar con nuestra vida y nuestros apostolados a pesar de que la guerra continua… sabiendo que estamos en manos de Dios".

Sabe que no es fácil enviar cosas desde Argentina hasta Ucrania, pero recuerda que "las necesidades acá son muy grandes, especialmente para los desplazados internos, y si no termina pronto la guerra vamos a tener un invierno muy difícil". Por eso pide algo muy concreto: "Recen para que la gente que puede y tiene los medios nos siga ayudando a ayudar a los que más lo necesitan".

 

 

 

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