Qué el día del niño sea todos los días

Qué el día del niño sea todos los días

Los más pequeños tiene que recibir en sus primeros años todo el cariño y el amor suficiente que serán las bases de los valores de su propia vida.

Felipe Manuel Yofre

A veces la agenda que nos domina y a la cual pareciera que no alcanzamos nunca en su devenir, se vuelve aliada nuestra al obligarnos a festejar un determinado día. El día del niño es un ejemplo de ello. A lo valioso y que necesita un desarrollo, un itinerario de crecimiento le ponemos lógicamente un gran cuidado e interés. Un negocio que nace, un proyecto que asoma, una cosecha, una construcción, lo que fuere.

¿Y el futuro de nuestra familia? ¿De nuestra sociedad? Está demostrado que en la etapa inicial de la vida se hacen presentes en la personalidad, esos elementos y bases que luego nos guiarán y acompañarán siempre.

¿Puede haber “negocio” más importante que nuestra familia y nuestra sociedad? Paradójicamente lo descuidamos. Los resultados están a la vista. Hay estudios que indican que cuando hay ausencia paterna y/o materna (que puede ser física o emocional) al niño se le abre una descomunal compuerta de vulnerabilidad que aumenta exponencialmente las posibilidades de acercarse a una depresión, menor rendimiento educativo, inestabilidad emocional, dificultad en generar y sostener vínculos permanentes, padecer adicciones de cualquier tipo, etc.

Este panorama se agrava con el escenario general, en el cual, debido a los estímulos que hoy reciben nuestros niños se queman etapas en varios aspectos cuando aún no están preparados desde la madurez para afrontar determinados desafíos. Y los padres no podemos estar el día entero con nuestros hijos, debemos darles herramientas. La buena noticia es que las hay.

El desafío

Sabemos que el amor de los primeros años marcará a fuego el corazón de los niños. En un hogar pueden faltar muchas cosas, pero no deberían faltar nunca los sinceros gestos de afecto, de perdón, de cariño que cobran una dimensión gigantesca cuando surgen del simple ejemplo de los padres.

Cuando se crea un hogar sólido, donde la valoración del niño se expresa en lo cotidiano, se genera un “bunker afectivo” que deviene en un refugio poderoso para el niño. Allí se lo valora por lo que es. En definitiva se le ama gratuitamente. Allí se está a salvo del insoslayable comercio del mundo. Allí “soy un tesoro”. 

Un estudio de la revista “Child Development” concluye que el mejor predictor del éxito y la estabilidad emocional de una persona es haber recibido amor y contención en el hogar.

Padres, este día del niño regalemos “cosas” a nuestros hijos, si es que podemos, que sean el reflejo del inmenso amor que les tenemos. Pero no alcanza con ese amor que usted tiene: debe demostrarlo, debe también decirlo. A menudo. Seguido. Tape a sus hijos de cariño. Es la mejor vacuna contra los males sociales y los virus que destruyen la mirada alegre de las personas. Esto también incluye retroceder y bajar las armas las veces que haga falta en nuestras trincheras de egoísmo con nuestras parejas.

Bienvenida la agenda de festejos que de alguna manera nos propone estos pensamientos. Cuando un niño se es amado y se sabe amado, aprende a amar. Ingrediente indispensable para el sabrosísimo plato de la felicidad.

* Felipe Manuel Yofre es escribano, padre de ocho hijos y miembro de Protege tu corazón
 

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