El alarmante estado del agua subterránea en Mendoza que obliga a tomar medidas urgentes

El alarmante estado del agua subterránea en Mendoza que obliga a tomar medidas urgentes

Los procesos de salinización del acuífero han generado un deterioro en calidad del líquido vital. Se estima que solo 20% del recurso está libre de contaminación. El riego inadecuado en las fincas y el abandono de pozos que deben ser cegados son la causa principal. Le siguen los derrames cloacales.

Zulema Usach

Zulema Usach

Como una "garantía de vida" que la naturaleza decidió ubicar debajo del árido suelo. Así, el agua subterránea que de manera milenaria se acumuló en los acuíferos de Mendoza es ese tesoro de valor incalculable que debe ser cuidado como tal. Hoy, tras décadas de crecimiento desordenado en las zonas más pobladas de la provincia y escasa inversión en materia de infraestructura para que el  riego en las fincas sea más eficiente, este recurso vital corre con un grave riesgo: ya hay quienes indican que solo el 20% del agua dulce que la provincia guarda como reserva está libre de contaminación.

La luz de alerta viene a sellar las advertencias que desde hace décadas anunciaron especialistas de diferentes organismos dedicados a la temática de la administración y cuidado del agua subterránea en el territorio. Y lejos de aplicar medidas de prevención y mitigación, la provincia -a través de las décadas y con el pasar de diferentes gobiernos- fue cambiando sus paradigmas de crecimiento. El abandono de tierras cultivadas que antaño supieron ser parte del principal eslabón de la cadena productiva es tan solo un ejemplo: los pozos de agua, antes utilizados para regadíos, quedaron abandonados y con ello, generaron potenciales focos de contaminación.

José Reta, es exdirector del área de Aguas Subterráneas del Departamento General de Irrigación (DGI) y docente universitario. Explica en función de su experiencia, que en la actualidad en Mendoza hay 25 mil perforaciones, de las cuales cerca de 10 mil están abandonadas y producen un gran impacto en el acuífero subterráneo. Por eso, detalla Reta, es fundamental comenzar a buscar alternativas para "salir a cegar esos pozos". 

Inadecuado riego, la principal causa

Reta explica que en general, el agua subterránea tiene riesgo de contaminación y que justamente por eso, es prioritario preservarla. Detalla que existen tres tipos de contaminación que impactan de manera directa en su calidad y que presentan distintos niveles de riesgo. La primera y la que tiene un impacto preponderante en el agua subterránea de Mendoza, es la relacionada a la salinización, la segunda tiene que ver con la infiltración de líquidos derivados de las fisuras en el sistema cloacal y la tercera, es la relacionada al impacto de la actividad petrolera. 

A su vez, las altas concentraciones de sal que quedan en la tierra y que luego se infiltran a las napas freáticas tienen una base en común, desde el punto de vista de Reta: El riego por manto produce un exceso de agua en algunos sectores. Se produce entonces una salinidad autoinducida. "Esto ocurre, por ejemplo, cuando se provoca una gran laguna en la que una parte del agua se evapora y otro tanto se infiltra desde la superficie con altas concentraciones de sal", detalla Reta y puntualiza que luego esa sal se entremezcla con el agua que luego es extraída a través de pozos de agua. "Cuando esto sucede, el efecto de salinización de los pozos que están destinados al consumo humano se incrementa".

Sin embargo, aclara el profesor de la cátedra de Evaluación de Impacto Ambiental de la Universidad de Congreso, que el agua potable es una de las fuentes más seguras para consumo. Al menos 300 mil personas se abastecen en sus hogares de este recurso vital a través del servicio que brindan uniones vecinales, cooperativas y asociaciones que tienen a cargo su potabilización y administración. "Si bien el agua subterránea tiene el deterioro propio por las características del geológicas de Mendoza y por los diferentes usos que se le ha dado al recurso, es segura para consumo humano. La salinización no impacta en la salud humana como sí lo hace en los cultivos", destaca el profesional. 

Exceso de sal que "quema" los cultivos

Pero esto no es todo. Agrega Reta que si esa misma agua es destinada para riego, entonces la finca experimentará una merma en su producción que año a año se intensificará por el propio envejecimiento que la sal provoca en los cultivos. Una de las pautas a tener en cuenta en este sentido, es que en la medida en que se mejore y se tecnifique el riego intrafinca, entonces la distribución del agua en el terreno será más efectiva y evitará, por lo tanto, el exceso de salinidad.

La intrusión salina es la responsable del 90% de la contaminación del agua subterránea en la provincia, según advierte Reta. Al menos 10 mil pozos que antaño fueron utilizados para extraer agua y regar fincas en terrenos privados deben ser cegados de manera urgente. Reta detalla que en realidad no todas esas perforaciones están en el mismo nivel en relación al acuífero. "Un pozo que tiene una profundidad de de 200 metros presenta un distinto riesgo de contaminación que uno que está ubicado en la superficie", explica y aclara que sobre todo en la zona Este del territorio existe una mayor concentración de pozos abandonados.

La gran pregunta en este sentido es en realidad a cargo de quién o quienes estarían las inversiones destinadas a sellar los pozos. Aspectos relativos a lo ambiental se superponen con el derecho privado en este sentido. Un gran desafío a resolver en el corto plazo para evitar que la problemática se intensifique.

Tesoro milenario

Debajo de la superficie de la tierra mendocina, se estima que existe una reserva equivalente a 120 años de escurrimiento del Río Mendoza. El agua subterránea de la provincia, ha sido acumulada por la naturaleza a lo largo de 50 mil años. "El compromiso ligado a la salinidad es lo que hace que en un 80% sea menos utilizable", destaca el docente y detalla que una de las técnicas que hoy existen para reducir las concentraciones de sal en el acuífero, consiste en la aplicación de la técnica de ósmosis inversa; un tratamiento, aclara, por demás costoso.

Por eso, justamente, Reta hace hincapié en la necesidad de mejorar las condiciones de riego en las fincas: solo el 20% cuenta con sistemas de riego destinados a aprovechar mejor el agua y evitar los efectos negativos que puede traer aparejado el riego por manto. Otro dato que explica la necesidad de planificar estrategias que colaboren a controlar la contaminación relacionada a la salinidad, es que más de 60% del agua subterránea de la provincia es utilizada para regadío de cultivos. El resto se destina a consumo humano a través de la gestión de más de cien operadores comunitarios y a industrias. 

Pérdidas cloacales, la amenaza silenciosa

Otra causa de contaminación en el agua subterránea de la provincia, es la relacionada al derrame de efluentes cloacales. El oasis norte de Mendoza experimenta desde hace años un deterioro creciente en el sistema de traslado de los efluentes cloacales. La consecuencia directa es justamente, que esas infiltraciones afectan sobre todo a la primera capa freática, que se ubica a unos cinco metros de profundidad. El problema más grave surge cuando esa infiltración llega a los cincuenta metros de profundidad. "El agua que se contamina con estos efluentes no puede ser usada para consumo humano pero sí se puede utilizar para riego", puntualiza Reta.

La actividad petrolera y sus riesgos

Si bien la contaminación del agua subterránea como consecuencia de la presencia de residuos peligrosos derivados de la actividad petrolera se estima en el 1% y los casos ocurridos son puntuales, su impacto puede ser muy negativo en la salud humana si el agua se consume. "Este tipo de contaminación no presenta mayores impactos para el riego pero sí para la salud humana. La contaminación de pozos como consecuencia de la actividad petrolera es muy grave a través del tiempo, aunque representa el menor porcentaje dentro de las causas de contaminación que se han producido en Mendoza", aclara Reta. 

Lo que es aún más preocupante es que el agua afectada por los altos niveles de salinización que se pueden generar como consecuencia de un derrame petrolero es que el agua tiene un riesgo de ser ocho veces más salada que la de mar. En los cultivos, esta situación puede ocasionar un daño muy grave. "La planta en estos casos, directamente se seca", detalla Reta y aclara que en cuando se han producido situaciones puntuales de esta índole se han aplicado todos los protocolos necesarios para evitar que el contaminación genere efectos o riesgos graves a la producción y a la población. 

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