Médico bonaerense indignado por lo que cobra en un hospital público

Médico bonaerense indignado por lo que cobra en un hospital público

Son profesionales capacitados que tienen en sus manos la vida de miles de personas en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, el Estado no los valora y eso se refleja en la baja remuneración que reciben. El caso de un médico que se siente humillado por lo que le pagan.

Horacio Alonso

Horacio Alonso

Salvar vidas. No debe haber profesión más valiosa que la de médico. Su vocación de servicio, su entrega por el otro, su sacrificio, convierten a quienes la practican en personas especiales. Sin embargo, la sociedad y el Estado no retribuyen su trabajo. No lo valoran.

“Lunes: Tres vesículas, una apendicitis y la guardia: 500 dólares mensuales. Son muchos años de formación y esfuerzo. No vengo al hospital por plata, pero es humillante”. 

Gustavo es un médico de 41 años que trabaja en un hospital público bonaerense de una ciudad de 30.000 habitantes. Hace más de 13 años que ejerce una especialidad quirúrgica con miles de horas en la primera línea de batalla y enfrentando cotidianamente. Un testigo directo del actual sistema de salud.

En el hospital cumple 36 horas semanales y su sueldo es de $140.000. Obviamente, para mejorar sus ingresos, también cumple funciones en otro hospital de un pueble cercano, una clínica privada y un consultorio. En total, llega a los $400.000.

“Todos debemos trabajar en distintos lados para poder vivir. Con años de experiencia, cobro lo mismo que un recién ingresado o poco más que quienes trabajan en mantenimiento o limpieza. No me quiero hacer la víctima. En mi profesión todos somos conscientes de que hay que poner el hombro ni es para hacerse rico, pero no podemos estar ganando apenas por arriba de la línea de pobreza. Tenemos que capacitarnos permanentemente, hacer cursos. No hay estímulo para la capacitación. A esto hay que sumarle que faltan recursos de todo tipo. No se respeta al que estudió. Es indignante.” dijo a MDZ.

Con este panorama, aventura un futuro crítico: “veo a los médicos jóvenes que están viviendo que no está capacitados para atender. Es gravísimo el nivel que tienen. Desde hace algún tiempo se decidió abrir sucursales de facultades de medicina para decir que hay más médicos, pero la calidad profesional está destruida. La próximas generaciones de médicos no va a estar a la altura.”

El tema de las remuneraciones que reciben los médicos es delicado. “Un profesional cómo yo, en otros país puede estar ganando 15.000 o 20.000 dólares por mes. No digo que tenemos que ganar eso porque la realidad es otra, pero no hay equivalencias. Tengo un amigo programador que gana en una hora lo que yo gano en el hospital en un mes”, aseguró. Cuenta que los médicos, entre todos los trabajos que tienen que tener para sobrevivir, trabajan más horas de lo normal. “En otros países es ilegal hacer guardias de 24 horas. Se hacen de doce para tener un descanso. Acá no se puede”, señaló

Como tanto otros argentinos, más con un título, el tema de la emigración está presente: “yo decidí quedarme y hoy estoy a mitad de camino, A mi edad, con 41 años, no es fácil. Revalidar el título implicaría casi volver a cursar la carrera. Si tuviera 30 años me iría como muchos que se están yendo. Los médicos jóvenes, incluso los que todavía están estudiando, se están yendo o piensan en irse.”

En su relato, para el que prefirió el anonimato, muestra la realidad que enfrenta el sistema de salud: “Hay una cantidad de médicos nombrados que no trabajan o van una hora por día, no se los puede suspender por la estabilidad del empleado público. Son cargos políticos. Un tercio del personal de enfermería está con carpeta médica. Si todo ese personal viniera, aún haría falta mano de obra. Por eso, los hospitales están desbordados.”

En las 24 horas de guardia realiza entre dos o tres operaciones programadas o de urgencia. “Vivo en una ciudad chica y nos conocemos todos. Tenemos un trato especial con los pacientes. Aunque no me corresponda, al día siguiente de una intervención trato de ver al paciente, ver su evolución. Hay muchas cosas que hacemos que no se valora. Al contrario. Está todo desvirtuado. En las guardias hay que sufrir situaciones de violencia. Familiares de los pacientes que nos increpan o agreden. Esa es la realidad.”

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