El impacto de la pandemia en las PyMES argentinas aún no está resuelto

El impacto de la pandemia en las PyMES argentinas aún no está resuelto

En Argentina las PyMES se enfrentan a un sinfín de bloqueos que dificultan la producción y comercialización de sus bienes y servicios y la pandemia no parece haber hecho sino agravar la situación.

Silvina Talamoni

Cuando Alberto Fernández asistió a la última cumbre de ministros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) criticó duramente los bloqueos económicos que sufren países como Venezuela y Cuba por parte de los principales países desarrollados.

En Argentina, mientras tanto, las PyMES se enfrentan a un sinfín de bloqueos que dificultan la producción y comercialización de sus bienes y servicios: regulaciones de precios máximos, cupos a la exportación de carne vacuna, restricciones para importar insumos y para comprar gasoil, entre otros grandes atropellos. El Gobierno nacional aplica así las mismas recetas que antes de la pandemia. ¿Entonces nada cambió con la crisis del Covid? ¿No nos dejó ningún tipo de aprendizaje, en términos de las políticas de desarrollo productivo que debemos implementar?

La fundación Observatorio PyME destaca que el 43% de las empresas argentinas accedió a algún tipo de apoyo estatal durante la pandemia. Sin embargo, las micropymes, que engloban a las empresas unipersonales o familiares de hasta 5 empleados y con elevados niveles de informalidad, quedaron al margen de estos beneficios.

Además, el crédito subsidiado se destinó a atender los problemas de liquidez transitorios sin resolver la problemática del acceso al crédito de las PyMEs en general. Fruto de esta escasa participación del entramado productivo en el sistema financiero, los funcionarios argentinos se dan el lujo de seguir aumentando las tasas de interés con el fin de controlar el valor del tipo de cambio, y sin considerar el riesgo de una crisis financiera.

Pero esta medida no resuelve el problema del impuesto inflacionario, por el contrario, desincentiva tanto el consumo como la inversión, generando una caída en los salarios reales y en el nivel de la actividad económica, lo que termina por perjudicar a nuestras PyMES, cuyas ventas se destinan principalmente al mercado interno.

Solo aquellas ramas industriales con mayor orientación al mercado externo lograron enfrentar la crisis del 2020 sobre la base de condiciones iniciales más sólidas. La producción del sector del software y servicios informáticos, por ejemplo, no cayó durante la pandemia. La dinámica del empleo en este sector es distinta al resto de la industria manufacturera, porque está relacionada con una alta rotación del personal, pero el sector no se vio obligado a despedir personal durante la pandemia. Además, las PyMES de la industria del software ostentaron menores dificultades de financiamiento y retrasos en las cadenas de pago.

Pese a todo esto, el sector informático actualmente posee las mismas preocupaciones que el resto de las empresas, por ejemplo, respecto al incremento de los costos laborales y fiscales, y las dificultades administrativas para girar fondos al exterior. En este sentido, las políticas de comercio exterior y el escenario macroeconómico a futuro constituyen una gran incertidumbre para todos los sectores de la economía.

Cabe recordar que el acuerdo firmado con el FMI incluye una mejora en los saldos exportables que permita generar las divisas necesarias para pagar la deuda externa. A pesar de la menor competencia importada con los productos locales, la economía argentina experimenta una menor participación en el comercio internacional, en parte por los bloqueos internos que dificultan la compra de insumos importados, y que sin duda obstaculizan el crecimiento de las exportaciones manufactureras.

En el largo plazo la reducción de la competencia importada de los bienes manufactureros no genera un efecto positivo, ya que desincentiva la investigación, la innovación y el desarrollo de nuevos productos y procesos, así como la introducción de cambios que mejoran la productividad en las empresas.

Desde la política pública entonces el desafío en Argentina es doble: mantener cierta estabilidad, controlando los principales agregados macroeconómicos, e implementar una política PyME más precisa y selectiva sobre sus problemáticas estructurales irresueltas, con el fin último de que se puedan insertarse en las grandes cadenas internacionales de valor.

*Silvina Talamoni es doctora en Políticas públicas por la Universidad Nacional de Córdoba.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?