La caída de Franco Rinaldi evidenció la cruel realidad de las personas con discapacidad

La caída de Franco Rinaldi evidenció la cruel realidad de las personas con discapacidad

Las barreras impuestas para la población que vive con una o más limitaciones desde lo físico, sensorial o cognitivo, aún persisten. Hay calles, rampas, veredas y edificios que no garantizan un ambiente adecuado y falta formación para garantizar la autonomía en los espacios públicos.

Zulema Usach

Zulema Usach

El miércoles por la noche, el excandidato a diputado, politólogo y consultor aeronáutico, Franco Rinaldi (quien nació con osteogénesis imperfecta) sufrió una caída que le provocó una grave fractura en una de sus rodillas. Se dirigía en su silla de ruedas hacia el canal de noticias A24 con la idea de participar del programa "Viviana con vos",  que conduce Viviana Canosa. Como consecuencia del accidente generado por los problemas en las veredas, Rinaldi debió ser hospitalizado debido a su delicado cuadro de salud.

Lo cierto es que ya mientras Rinaldi se recupera en Buenos Aires de la caída sufrida, en cada rincón del país, las historias de las personas con discapacidad dan cuenta de las barreras que aún persisten en materia de accesibilidad. Todo indica que aún no se ha logrado una adecuada planificación en lo respectivo a infraestructura tanto el circular por la vía pública. Tampoco se ha avanzado al 100%  para garantizar el acceso pleno de esta franja de la población a edificios e instituciones, acceder a baños con el necesario espacio, confort y mobiliario o moverse con comodidad a la hora de utilizar el transporte público.

Franco Rinaldi sufrió una caída antes de ingresar al canal A24 este miércoles

Pero la deuda es aún más profunda y da cuenta de una escasa visibilización de las situaciones cotidianas que viven las personas con discapacidad y sus familias en el trato cotidiano que reciben por parte de la sociedad. Es que lejos de haber avanzado en un mundo de iguales, hoy los testimonios dan cuenta que la resistencia que todavía persiste al momento de garantizar a los niños, niñas, adolescentes y adultos su derecho, nada menos, que a moverse de manera autónoma en un contexto que respete sus plenos derechos.

"En todo el país y en Mendoza en particular persiste una falta de planificación y se evidencia un preocupante deterioro en la vía pública que atenta contra la posibilidad de desplazarse para las personas con movilidad reducida, con todo el riesgo que esto implica", advierte Germán Ejarque, director de participación ciudadana de la Agencia Nacional de Discapacidad y presidente del Consejo de Discapacidad de Mendoza. En función del cargo que desempeña en la actualidad, Ejarque ha recorrido el territorio nacional y es testigo en primera persona de la brecha existente en este sentido. Al nacer, el diagnóstico de los médicos fue distrofia muscular y por eso, requiere de una silla de ruedas para movilizarse.

Transitar sin comodidad ni autonomía

Solo al mencionar las posibilidades de acceso en lo que respecta a las situaciones sufridas en la vía pública, Ejarque detalla que es común tener que hacer "malabares" (con todo el riesgo que eso implica) al transitar por las veredas rotas, esquivar desniveles e incluso, cruzar una calle con el peligro de ser atropellado porque las rampas no coinciden en su ubicación con la senda peatonal. Pero entre los obstáculos hay mucho más: mostradores y ventanillas diseñados para una altura estándar, baños que carecen de espacio o camillas con cambiadores para adultos, niños, niñas o adolescentes y rampas que no pueden ser usadas por su mal diseño, se suman a la lista de pendientes por resolver para bajar a la realidad el concepto de "accesibilidad".

Alejandra Berlanga es la presidenta de la Asociación de Padres Autoconvocados de Niños, Jóvenes y Adultos con Discapacidad, una entidad que desde hace 18 años trabaja en pos de los derechos del 12% de la población (unas 200 mil personas) que en Cuyo viven con alguna limitación física, perceptiva o cognitiva. Se estima que la región es una de las que presenta mayor cantidad de personas con discapacidad en el país. Más allá de las cifras, Berlanga pone en palabras las necesidades reales y cotidianas de cientos de mendocinos que hoy se ven entrampados en un sistema que no les pone constantes obstáculos a su pleno desarrollo.

"Muchas veces, cuando se habla de accesibilidad para la discapacidad, el tema se centra en lo arquitectónico, pero también vemos que hay las barreras persisten desde los comunicativo y también cognitivo", explica Berlanga al abrir el mapa de la accesibilidad y detalla que los requerimientos de cada persona son tan únicos como su individualidad.

Barreras que persisten y riesgos constantes

Berlanga hace palpable los riesgos e impedimentos que existen para las personas con discapacidad al mencionar que cualquier persona, aunque no haya nacido con una limitación puede experimentar estas barreras con solo tener que usar muletas por alguna circunstancia específica.

"Por las veredas, casi no se puede transitar. Estamos muy lejos de garantizar una real autonomía a las personas con discapacidad y lo que queremos lograr es que justamente un futuro nuestros hijos e hijas no tengan que depender de sus padres no de nadie para poder desenvolverse en su vida cotidiana. Los riesgos están por todas partes tal y como está planteado el actual sistema a pesar de los avances que ha habido en los últimos años", destaca la presidenta de la entidad que representa la voz de más de 200 familias que a diario plantean diversas situaciones que dan cuenta de la problemática.

Laura Zardain es mamá de Candela (12). Detalla que en lo cotidiano, las trabas para que su hija se desplace con el andador, son numerosas e incluyen desde el estacionamiento (ya que los sectores destinados a personas con discapacidad por lo general están alejados de los centros comerciales y hospitales) hasta los inconvenientes en las rampas para acceder a edificios. "Para ingresar a la escuela, por ejemplo, nos tenemos que dar toda una vuelta porque la rampa que hay está mal hecha", confiesa la mamá que quiere compartir su experiencia para ejemplificar las situaciones que viven miles de personas. 

Candela se moviliza con andador y muchas veces depende de la ayuda de su mamá para poder esquivar las barreras que le impone el propio sistema

Los mendocinos aún no olvidan aquél hecho trágico en el que un hombre murió en plena calle Arístides Villanueva como consecuencia de la brutal caída que sufrió mientras intentaba subir una media rampa. El golpe en su cabeza fue fatal. "Se necesitan espacios amigables, en los cuales las personas con discapacidad puedan movilizarse y desarrollarse de manera autónoma y segura", reflexiona Berlanga y detalla que en el caso de las rampas es fundamental que tanto las bajadas como las subidas se construyan con el debido empinamiento, que no debe ser muy pronunciado para evitar caídas. Tampoco deben tener curvas pronunciadas o ser muy angostas.

Accesibilidad en un mundo de iguales

En materia de transporte, explica Berlanga, es clave que los colectivos cuenten con las adecuadas rampas, que funcionen sin inconvenientes y que no se traben. Es que para muchas personas que no disponen de movilidad particular, el colectivo es el medio que los lleva y los trae hasta y desde su trabajo.

La accesibilidad, explica Berlanga, es mucho más que una rampa; es que haya una persona en cada organización pública o privada que sepa lengua de señas, que la persona que no escucha, por ejemplo, pueda establecer una charla, sacarse una duda, asesorarse. Vivir en una sociedad de iguales, implica además, que aquellos que tienen su visión reducida no se topen con tantas complicaciones para sentarse en un café y elegir su pedido o que alguien que no comprende el lenguaje logre entender el paso a paso para realizar un trámite. En ese sentido, Berlanga detalla que en las oficinas públicas, por ejemplo, la información siempre debe estar expuesta en lenguaje sencillo y claro para que las personas con dificultades de tipo cognitivo tengan acceso a ella. 

 

 

 

 

 

 

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