"Cuestionan la movilización, pero a nadie le importa en qué condiciones vivimos", dice una dirigente del Polo Obrero

"Cuestionan la movilización, pero a nadie le importa en qué condiciones vivimos", dice una dirigente del Polo Obrero

Milagros Falcón tiene 21 años, es referente del Polo Obrero de La Matanza y no cree que sea relevante la cantidad de movilizaciones que hubo en el año sino más bien las respuestas -o falta de ellas- al reclamo piquetero: más y mejores planes y alimentos para los sectores vulnerables.

Florencia Rodríguez Petersen

Florencia Rodríguez Petersen

fpetersen@mdzol.com

"Hacemos lo mismo que todos los compañeros: organizamos los comedores, limpiamos las calles, esas tareas", dice Milagros Falcón cuando alguien le pregunta a qué se dedican los manifestantes que hoy cortan la 9 de julio pidiendo respuestas para los sectores vulnerables

Milagros tiene 21 años, vive con sus padres en el Barrio Sacasso de González Catán y este año retomó el profesorado de historia que había abandonado durante la pandemia. No tiene trabajo. O sí. Trabaja unas cuatro horas diarias en un merendero que el Polo Obrero tiene en esa localidad y al que asisten unas 300 personas cada día. 

No siempre participó en actividades sociales. llegó al comedor cuando tenía 17 años. "Llegué cómo la mayoría de los compañeros: por la necesidad", dice y agrega: "Uno llega al comedor para buscar la comida y después se queda en la organización". Entonces, sus padres se habían quedado sin trabajo y no tenían para comer. Su tía le dijo que podía ir a ese lugar a pedir un plato de comida.

"Te da vergüenza pedir. Pero después te das cuenta de que no es tu culpa no tener qué comer y por eso no debés sentir vergüenza", dice recordando cómo fue ir a un lugar a pedir algo tan esencial. 

Cuenta que después comenzó a colaborar en el comedor y a participar en las asambleas. "El Estado te da ciertas cosas. Alimentos secos, a granel. Pero no verduras ni carne ni otro montón de cosas que son esenciales para preparar la comida. Entonces todos los que van a buscar la comida también terminan aportando. Por ejemplo, yo en mi casa tengo un puré de tomates, pero no me alcanza para la carne del guiso. Entonces llevo eso al comedor. Esas donaciones se juntan en el centro y también desde la asamblea se organizan actividades para poder juntar unos pesos para poder hacer la comida", cuenta.

Y confiesa que en esas asambleas también se habla de otras cosas. "La miseria en que vivimos, por ejemplo. Y por eso te empezás a organizar. Entonces es como que uno va al comedor del Polo porque le falta comida y luego hay una pregunta más: ¿por qué me falta la comida?", reflexiona y sigue: "En algo el Estado está fallando. ¿Por qué no puedo tener un trabajo? ¿Por qué mis viejos no tienen trabajo para mantenerme?". 

"Cuesta un montón poder estudiar. Uno trata de hacer changuitas pero es difícil. Salen muy caras las fotocopias. Leer en el celular es muy difícil y no tenemos otros dispositivos. Hablo en plural porque no soy la única que tiene estas dificultades", relata. Saca un tema que atraviesa a su generación: los jóvenes a los que se conoce como ni-ni, ese 25% de personas de entre 17 y 25 años que no estudian ni trabajan y en quienes la política debería hacer foco. "Ningún pibe quiere ser ni-ni. Todos quieren trabajar o estudiar. Pero, podés cursar de 17 de la tarde a 22 o trabajas, en la changuita que tenés, un par de horas más, ¿Qué hacés?", dice casi sin hacer pausas. 

Ella cobra un Plan Potenciar Trabajo. El mismo hoy paga a los beneficiarios poco menos de $20.000. "Es un sueldo miserable para todos", sentencia y pregunta: "El máximo que uno puede cobrar es $33.000 y ¿Vos podés vivir con ese dinero?". Mili relata el caso de algunas de sus compañeras: "Tengo una compañera que es mamá y me dice que prefiere comprar útiles a sus hijos antes que los suyos". 

Manifestantes del Polo Obrero movilizándose por la 9 de Julio

No cobra otro plan Dice que ese es uno de los reclamos que, desde el Polo Obrero, repiten hace tiempo: la compatibilidad de planes como el Potenciar Trabajo y la Beca Progresar. Trabaja cuatro horas diarias entre tareas de barrido y limpieza en la municipalidad y su trabajo en el comedor. "Muchas veces nos preguntan si dejaríamos de estar en el Polo Obrero para ir a trabajar y yo contesto que no, aunque trabaje no dejaría esto porque es importante pelear por trabajo digno para quienes no los tienen", comenta.

"No sé cuántas veces me manifesté en lo que va del año. Yo sólo me movilizó por trabajo genuino y la comida en los comedores. Cuentan la manifestaciones que hacemos y deberían preocuparse más por los motivos que nos llevan a movilizarnos", dice Milagros. Y agrega: "Nosotros estamos pidiendo, además de la apertura de planes sociales, porque la pandemia dejó a un montón de personas afuera, la calidad de los alimentos para los comedores. Recibimos sémola, polenta, fideos, arvejas partidas, poroto y lentejas. Con la comida que ellos nos dan no podemos hacer una comida. Se lo hemos mostrado al ministro preguntándole si con eso podría él armar una comida". 

Con esto justifica que los compañeros del Polo Obrero deban ceder un porcentaje de sus ingresos a la organización. "Hay una campaña que dice que cobramos el 2% a los compañeros. Y la verdad es que si no nos organizamos y no ponemos de nuestros bolsillos voluntariamente no podemos llevar a cabo los cientos de comederos que tenemos en todo el país. Entonces pedimos al ministro que mejore la situación de los alimentos de todos los barrios. Son miles de familias que comen en nuestras filas. Incluso trabajadores. tenemos gente que dice: 'Me da vergüenza pedirte esto, pero estoy trabajando y no me alcanza'", relata Milagros. Y suma una reflexión. "esa vergüenza se convierte en bronca y la bronca en organización y así terminamos en asambleas en las que decidimos pedir al ministro por las personas que no cobran planes sociales y no tienen de donde sacar recursos. Vamos a cortar la calle todas las veces que sea necesario". 

La columna del Polo Obrero es particularmente numerosa. Sólo desde La Matanza vinieron unas 7.000 personas de acuerdo a lo que informan los coordinadores. En la 9 de julio se suceden las banderas de cada barrio. Cada grupo representa a un comedor. Y en cada uno de esos lugares decenas o cientos de personas que no cubren sus necesidades básicas. Años de planes y pobreza creciente evidencian que el Estado es incapaz de dar respuestas. Quizás sea el momento de repensar las respuestas de fondo y diseñar políticas que permitan crear trabajo genuino, mejorar los servicios básicos: desde cloacas o agua corriente hasta educación y salud. "Nos cuestionan porque nos movilizamos, si cobramos, si hacemos esto o aquello, pero nadie nos pregunta en qué condiciones vivimos", concluye Milagros

 

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