En el diario no hablaban de ti, ni de mí

En el diario no hablaban de ti, ni de mí

Infoxicación en pandemia y consecuencias en la salud mental

Paola López Cross

“Vi la noticia de la chica con diabetes que murió en un pasillo esperando ser atendida y me largué a llorar”, dice Ana, de 29 años, quien padece la misma enfermedad. “Decidí apagar la tele y no prenderla más, llegó un momento en que no quería saber más de números, de contagios ni de muertes”, cuenta Pablo, de 40 años.

A fines de febrero y principios de marzo de 2020, junto con la pandemia sobrevino una avalancha de información sobre el covid-19. Los medios de comunicación masiva, y en particular la televisión, comenzaron a bombardear con números y escenas devastadoras a un público cautivo que cumplía el Aislamiento Social Obligatorio (ASO).

Frente a la infoxicación surgida, organismos como la Defensoría del Público de la Nación emitieron recomendaciones acerca de cómo abordar las noticias sobre la pandemia covid-19. A modo de decálogo sugerían, entre otras ideas, difundir información oficial y relevante socialmente, evitar el pánico, promover las acciones positivas en términos de prevención y, por último, hacer foco en los hechos y no en los rumores.

Sin embargo, en la pantalla las placas graff nos recordaban segundo a segundo los números de contagios y muertes. Imposible evitarlas, como así también los testimonios descontextualizados y un cambalache de opiniones con tinte de recomendaciones tan lejanas de una mirada científica como beber dióxido de cloro o reducir la enfermedad a una mera gripe.

En la actualidad es crucial que los medios y los periodistas hagan un mea culpa sobre su labor en pandemia ya que desempeñaron un rol protagónico en la avalancha de información amarillista y que redujo a las personas a meros números y estadísticas sobre enfermedad y muerte.

En diciembre de 2021 la doctora en Ciencias Sociales Gabriela Irrazaba, investigadora del centro de estudios CEIL-Piette del CONICET, publicó el informe: “Salud, bienestar, coronavirus y vacunas según región y adscripción religiosa”. En esa investigación de alcance nacional, el 47,2% de las personas entrevistadas respondió haber padecido algún “trastorno de ansiedad”, seguido por la “depresión” (36,8%) y afecciones de tipo “psiquiátrico” (14,0%) con respecto al contexto de la enfermedad

La coyuntura no ayudaba a mantener la calma y el equilibrio mental, pero aun así es menester conocer cuál fue la responsabilidad de los medios en que casi la mitad de los argentinos presentase algunas afecciones de salud mental.

Desde la antropología, pensadores como Ernest Becker tratan acerca de la negación de la muerte como factor intrínseco a la formación del carácter de las personas, para terminar sosteniendo que la necesidad de acción y la cultura son mecanismos de defensa desarrollados con el objetivo de reprimir el miedo a la muerte, su inevitabilidad y la imposibilidad de controlar nuestro cuerpo y la naturaleza que lo rodea y de la que forma parte al mismo tiempo

Desde una mirada distinta pero complementaria, la de la psiquiatría, Irvim Yalon, en su libro “Mirar al Sol”, recopila varios casos de pacientes con un hilo en común: la imposibilidad de la humanidad de ver de frente directamente a la muerte como sucede con querer mirar al sol. Inevitablemente cerramos los ojos.

En pandemia, los medios no hablaban de ti ni de mí: hablaban constantemente de muerte. En el mar de incertidumbres, ¿cuánto durará el aislamiento?, ¿de dónde salió este virus?, ¿alcohol sí?, ¿el barbijo sirve, o no alcanza? El tiempo se hizo cíclico, y los medios persiguiendo el ráting se entregaron a mostrar la muerte en números, en relatos descontextualizados y a cualquier hora, desestimando incluso horarios de protección al menor o las consecuencias que esto podría generar en las personas adultas mayores (principal grupo de riesgo en el covid-19).

Y todo ello, por paradójico que resulte, cuando según la Organización Mundial de la Salud Argentina cuenta con el mayor número de los profesionales de la salud mental del planeta, los dedicados a la psicología. En efecto, se trata de 82.776 psicólogos activos, casi 200 por cada 100.000 habitantes, muy por encima del segundo lugar, que es ocupado por Finlandia con casi 57 por cada 100.000. Pocas fueron las entrevistas que se les concedieron para dar cuenta de estrategias de cuidados no solo médicos frente al virus, sino también de las necesarias atenciones frente a la otra pandemia que estaba soslayada, la de las enfermedades mentales.

Como sostuvo alguna vez el filósofo Jean-Paul Sartre, “la vida deja de tener significado en el momento en que se pierde la ilusión de que es eterna”. Como estrategia frente al caos informativo, surgieron las tácticas y estrategias de supervivencia afectiva. Frente a la amenaza constante de exponer la existencia, se sobrepuso la condición humana tan maravillosamente defendida por Hannah Arendt, y en esos casos al menos el ser humano vivió la pandemia como un ser distinto y único entre iguales.

Porque cada persona, aislada, tuvo mayor conciencia del tiempo, de su paso y de la elección de con quién compartirlo, que se hizo un tema de vida o muerte. Para saber lo que vale nuestra vida no está de más arriesgarla de vez en cuando, volvía a decir Sartre, si no carece de sentido. Y eso es lo que se puso en práctica al vivir conscientemente las elecciones, a quién veo, a quién abrazo, a quién beso, pese a la lluvia numérica de casos y la constante exposición del otro como una amenaza. Lo humano se impuso a lo mediático como una forma de salvación del sentido porque, al fin de cuentas, como expresó Viktor Frankl “las decisiones, no las condiciones, determinan quiénes somos”. Sería un excelente aprendizaje para los medios repensar su labor en vistas no solo del derecho a informar, sino también teniendo en cuenta cuánto han contribuido a enfermar a sus audiencias o, al menos, a no haberles servido de apoyo y consuelo.

*Paola López Cross (maestranda en la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral)

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