Les quitaron a sus bebés al nacer y nunca más los vieron: aún los buscan

Les quitaron a sus bebés al nacer y nunca más los vieron: aún los buscan

Dos mujeres relataron cómo fue el instante en el que fueron alejadas de sus hijas durante el parto. Dos hechos que guardan en común el escenario donde se produjeron y el modo en el que las niñas les fueron arrebatadas en el momento del nacimiento. Los casos ocurrieron en 1986 en el Lagomaggiore.

Zulema Usach

Zulema Usach

Los casos ocurrieron con solo un mes de diferencia entre sí pero guardan relación en cuanto al escenario y el entramado de complicidades, omisiones y silencios que sostuvieron escabrosas acciones de violencia obstétrica que hasta hoy significan para ellas el preludio del robo de sus hijas, cuando ellas eran muy jóvenes y atravesaban situaciones de vulnerabilidad.

Estela Rocco hoy tiene 53 años, vive en Chile y a lo largo de los años logró reconstruir su vida. No olvidó a la beba que le fue arrebatada y que aún busca. Su lucha es irrefrenable y de hecho no cesará hasta tanto logre saber con exactitud qué fue lo que sucedió con aquella pequeña que llevó en su vientre y que al nacer ni siquiera le permitieron darle calor. María Josefina Ortega (59) carga con el mismo dolor. Vive en Mendoza y a lo largo de los años no ha dejado ni un minuto de pensar en aquellos segundos, en ese lugar frío y oscuro donde la tristeza se le imprimió en los huesos y nunca más se le disipó.

Estela y María Josefina aseguran que en el Hospital Luis Lagomaggiore (ex Hospital Emilio Civit) las forzaron a parir antes de tiempo, les arrebataron a sus bebés y las maltrataron cada vez que pidieron ver el cuerpo de sus hijas, las llenaron de confusión y les entregaron partidas de nacimiento y de defunción con errores. Pero eso no fue todo: nunca las dejaron despedirse de sus pequeñas en el caso de que hubiesen fallecido por causas naturales tal como -de acuerdo a ambos relatos- les dijeron desde el hospital.

Una medalla y el sufrimiento sin consuelo

Estela lleva impreso el 64 en cada milímetro de su ser. Es el número identificatorio de la medallita de su beba y el único recuerdo material que le quedó de aquellos momentos en que la felicidad por la llegada de su bebé se transformó en un vacío de desesperación que jamás se alivió. Cuenta en detalle cada instante de aquel 4 de enero de 1986. Tenía quince años y había llegado a Mendoza desde Chile a poco de casarse con la idea de formar su hogar en estas tierras.

"Ese día había empezado con mucho dolor y con mi esposo fuimos al hospital. Cuando llegamos, me dejaron sola; vino una enfermera y me dijo que mi hija estaba por nacer", dice Estela y trae al presente el torbellino de sentimientos por lo sufrido. Relata que estaba embarazada de seis meses y que no se le practicaron maniobras para calmar las contracciones o evitar que el parto se produjera antes de tiempo. Lejos de eso, Estela asegura que jamás se olvidará del inmenso dolor en su vientre cuando le sacaron a la bebé con fórceps. Quedó desgarrada, con una intensa hemorragia. "Yo escuché llorar a mi hija cuando me la sacaron; la envolvieron y la llevaron a neonatología. Me durmieron", dice Estela del otro lado del teléfono.

La medalla para identificarse con su beba, es lo único que le quedó como recuerdo material a Estela

Su voz se entrecorta. Y sigue. "Me habían dormido y cuando desperté vino el médico y me pidió que fuera a amamantarla porque estaba en la sala de neo". Al recordar, Estela se adentra por ese pasillo oscuro que la llevaba al área donde estaba su bebé. Dice que estaba la puerta cerrada y al mirar por la rendija de la ventana de ese salón escuchó que un médico hablaba con una enfermera y que discutían. "Nadie salía a darme una explicación; me llamaron y me dijeron que mi bebé había muerto; que ya no podían hacer más nada", sigue Estela. En ese instante, las dudas se propagaron en su corazón porque hacía tan solo unos segundos su esposo había visto a la bebé con vida. De hecho, en el hospital le entregaron la partida de nacimiento que Estela aún conserva. 

La partida de nacimiento de la pequeña que llevaba el nombre de su mamá, dice que nació con vida a las 6.40 de la madrugada

Miles de preguntas sin responder

Asegura Estela que a ella y a su esposo solo les dijeron que no podrían ver a la beba y que debían firmar unos papeles. "Pero nosotros nunca firmamos nada", aclara. Extrañamente, dice la mujer, en los libros del hospital figuraba que su beba había sido abandonada por su mamá. "Una enfermera vino y me dijo que se llevaron a mi bebé del hospital. Yo estaba con hemorragias y por eso me dejaron internada con otras mamás", explica.

De su cuerpo, fluía la leche. Y también el dolor como nunca antes lo había experimentado. Pese a todo eso, Estela dio lo mejor de sí para ayudar a otras mamás: amamantó a un bebé que no era el suyo. "Había una mamá que no tenía leche y yo tenía mucha; entonces la ayudé para alimentar a su hijo", recuerda.

Todos los pedidos y reclamos que llevó adelante la mujer -incluso luego de separarse del papá de la bebé- quedaron sin ser respondidos. Dice Estela que cuando volvió al hospital a buscar la documentación necesaria para reconstruir lo sucedido, le informaron que todos los papeles se habían quemado como consecuencia de un incendio. Golpeó las puertas del Consulado de Chile en Mendoza para pedir ayuda: asegura que la trataron de "loca" y cuenta que todas sus dudas fueron corroboradas cuando después de pasado el tiempo le llegó un mensaje de una enfermera que decía que iba a declarar a su favor. "Luego esa mujer se ahogó en una tina", aclara.

Amor que se traspasa en los sueños

La vida de Estela continuó en Chile después de 1993, cuando decidió partir de la provincia con la idea de rehacer su vida. Volvió a casarse, tuvo dos hijos más. Pero hasta hoy busca a su hija.

Cuenta que muchas veces la soñó, ya hecha una joven, hablándole. "La he visto en sueños, con la piel morena, el rostro delgado y el cabello lacio", comparte y se le quiebra el alma. En diferentes momentos y en el marco de la búsqueda que lleva adelante, Estela cuenta que ha realizado análisis de ADN frente a una posible compatibilidad con mujeres que hoy buscan a sus padres. "Pero hasta hoy no he tenido compatibilidad en ninguno de los casos", dice la mamá que aún se pregunta el por qué no le entregaron a su pequeña cuando nació. "Si hubiese muerto, igual me la tendrían que haber entregado", recalca Estela y asegura que hace tan solo cinco años decidió poner en palabras su historia y contarla.

Secretos, maltrato y dolor que jamás se borra

Al igual que Estela, María Josefina Ortega (59) forma parte de las mamás que hoy buscan a sus hijos a través del colectivo Mendoza por la Verdad, entidad que fue formada por Patricia Giménez, a quien su bebé también le fue arrebatado, tal como se detalla en una nota publicada en 2021 por MDZ. María tenía 23 años y dos hijos de tres y cuatro años cuando cursaba su tercer embarazo. Estaba de siete meses.

Era el 1 de febrero de 1986. Dice que cuando comenzaron los dolores acudió al Hospital Ferroviario y desde allí la derivaron al Lagomaggiore. "Cuando llegamos, me llevaron a una sala para que esperara. Una enfermera me dijo que yo estaba en el lugar donde los bebés nacen muertos. Como yo me puse a llorar, vino un médico y me aseguró que no, que mi bebé estaba bien y que pronto iba a estar con ella, amamantándola junto a mis otros dos hijos y mi esposo en casa", recuerda María y detalla que cuando el parto comenzó a ser inducido, la bebé nació.

Una búsqueda incesante

María alcanzó a verla por milésimas de segundos que jamás se le borrarán de la memoria. "Era igual a mi nena; era la misma carita", dice y recuerda que en ese momento envolvieron a su pequeña en la sábana que ella le había preparado y que se la llevaron. "Me dijeron que había muerto, pero yo vi cómo se movía debajo de la sábana. Estaba viva". Hasta hoy, María asegura que su hija es una mujer grande que está en algún sitio, sin saber que ella es su mamá.

María asegura que su hija está viva. Aún la sueña

Debido a que nunca le permitieron ver a su hija, y luego de entregarle papeles que no coincidían con la realidad -según destaca María-, la búsqueda para dar con su hija nunca ha cesado. "En la partida de defunción que nos dieron figuraba, por ejemplo, que mi bebé había sido un varón", relata María y asegura que siempre le argumentaron que el cuerpo de su hija debía quedarse en el hospital. 

"Nos dijeron que como éramos muy pobres, que no íbamos a poder hacer todos los trámites para sacar a la beba del hospital y que las autoridades tampoco nos lo iban a permitir. Nunca nos dieron su cuerpo; tampoco dejaron que la viéramos", asegura la mujer y cuenta que de la ropa que había llevado para su beba recién nacida no quedó nada: para evitar mayor sufrimiento, sus parientes la alejaron de todo lo que pudiese contactarla con esa beba que sintió crecer dentro suyo por meses. Dice que cada vez que iba a pedir explicaciones al área de maternidad del hospital, un policía la sacaba y la amenazaba. 

Asegura María que ni bien supo que su caso no había sido el único, decidió compartir su historia y retomar la búsqueda. "A mi hija me la robaron; cuando escuché otros relatos tan parecidos a mi caso, entendí que siempre hubo algo más detrás del robo de mi bebé. Sé que ella está viva, en algún lugar", asegura María. Hoy, su caso ya no es silenciado.

 

 

 

 

 

 

 

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