Esperanza y salud van de la mano

Esperanza y salud van de la mano

A partir de la película "Un amor cerca del paraíso" hablamos esta semana sobre la confianza de creer que la esperanza atraviesa a cualquier persona y en cualquier lengua.

Carlos Gustavo Motta

"Un amor cerca del paraíso" (2021) es una película finlandesa dirigida por Mika Kaurismäki. En ella un cocinero viudo con su pequeño hijo arriban a una localidad perdida de Finlandia con el objetivo de encontrar a un viejo amigo que alguna vez conoció en su ciudad natal en Shanghai. Cuando llega allí, nadie conoce a esta persona y mientras tanto ambos, padre e hijo, son alojados próximos a un café-bar-restaurante gracias a la ayuda de la propietaria del lugar. Producto del azar, es allí donde comienza a sorprender con las delicias de su cocina china. El film es absolutamente recomendable y plantea el encuentro de dos culturas. Sin embargo, la metáfora en cuestión es que la salud también va de la mano con la esperanza. 

Según Schopenhauer, cada vez que intentamos hacer prosperar el conocimiento y la sabiduría de los seres humanos, nos topamos con la resistencia de la época, que parece una carga que tuviéramos que levantar y que nos aplasta contra el suelo a pesar de nuestros mayores empeños. Entonces debe consolarnos la certeza de que a pesar de que los prejuicios estén en nuestra contra, tenemos la verdad de nuestro lado, la cual si recibe el apoyo de su aliado, el tiempo, saldrá vencedora. Si no hoy, mañana.

No es solo la verdad la que puede estar de nuestro lado, sino la esperanza y ella misma es la protagonista, como aparece en el film, de la salud misma. Desde la mirada psicológica, la esperanza es una perspectiva de adquirir algo con la probabilidad de alcanzarlo. La espera o la expectativa se pone en juego de acuerdo con estas definiciones que resultan diversas en relación a la esperanza que apunta siempre hacia el futuro y por momentos se expresa como ”todavía no”.

La esperanza se construye y hace de sí misma una compañera de la fortaleza: cuando el mundo se dio cuenta de la magnitud de la crisis del sida en el África Subsahariana a finales de los años noventa, casi una generación entera había sucumbido a la enfermedad en algunos países. Actualmente, las pruebas de HIV y el tratamiento antiretroviral, reforzadas por la falta de estigma, permiten a los adultos seropositivos vivir de modo crónico su enfermedad, mientras que las comunidades subsaharianas continúan combatiendo la pandemia. Toda esta lucha no fue sin esperanza.

Volvemos a confrontarnos con una cuarta ola de un coronavirus que ha mantenido (y mantiene) en vilo a la humanidad toda. Hay países que aún no han completado ni siquiera el 40% de vacunación de su población total y, de acuerdo con la OMS, alcanzar el 70% de la población mundial inmunizada sería lo ideal. A fines de abril de este año la vacunación mundial era del 58,9%.

Los profesionales de la salud observamos el alto impacto psíquico de la pandemia y las consecuencias en relación al encierro poblacional (que en nuestro país superó los nueve meses) que fue la única salida propuesta por un grupo de infectólogos frente a la falta de vacuna contra el COVID. Se ha demostrado que estos encierros mundiales han generado problemas de salud incrementando diabetes, enfermedades cardiorrespiratorias, trastornos alimentarios y sobre todo, cuadros de depresión.

A pesar de que en este momento existen vacunas desarrolladas frente al virus, hay indicación de que aquellas personas con más de 60 años deberán vacunarse por lo menos dos veces en el año, hasta que se produzcan vacunas más eficientes contra el coronavirus.

Las resonancias del concepto de esperanza alcanzan al terreno religioso, filosófico y desde la psicología han tenido repercusiones existenciales. Sin embargo es una palabra que cada uno de los seres vivientes la tiene en cuenta sobre todo en el terreno de la salud y cuando la misma se halla cuestionada por cualquier razón. "Mientras hay vida, hay esperanza" es una cita obligada, escuchada o dicha. Resituar la esperanza es contar con ella como punto de apoyo a través del esfuerzo personal y donde, a ese tiempo que no llega, intentar vivirlo con la serenidad hacia lo que no es todavía e intentar incluirlo en la latencia de cualquier proceso que atravesemos.

*Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.

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