El "efecto bajón" entre los argentinos que emigraron a Uruguay

El "efecto bajón" entre los argentinos que emigraron a Uruguay

Muchas familias eligieron Uruguay para emigrar. En especial, desde el inicio de la pandemia. La proximidad y costumbres parecidas fue un atractivo. Sin embargo, con el correr del tiempo comenzaron a aparecer señales para tener en cuenta. En algunos casos, se replantean volver.

Horacio Alonso

Horacio Alonso

Desde hace más de dos años es noticia el fenómeno de los argentinos que emigran y uno de los países que se elige para radicarse es Uruguay. La proximidad, las costumbres similares y otros factores, como estabilidad económica, seguridad, y calidad de vida, hacen atractivo este destino.

Son numerosos los casos de personalidades reconocidas que fijaron su domicilio en el país vecino, desde empresarios importantes hasta artistas. También mucha gente anónima que decidió emigrar en familia. Algunos datos lo confirman.

Por ejemplo, en los últimos dos años, más de 23.000 argentinos solicitaron la residencia permanente en ese país, según las cifras oficiales. Las escuelas privadas de Montevideo y Punta del Este también vieron crecer en gran número la matrícula de alumnos de familias que emigraron desde algún lugar del territorio nacional. Hay casos extremos, como el exclusivo International College, en ese balneario “top”, que tiene más alumnos argentinos que uruguayos.

Pero en la nueva vida no todas son flores. En algunos casos, después de algún tiempo, se empiezan a sentir los efectos contrarios, una especia de “bajón” posemigración.

“Conozco varios argentinos de buena posición económica que se fueron a vivir a Uruguay en los últimos tiempos y están un poco descolocados. Pensaban que no iban a sentir el cambio, por ser un país tan próximo, pero eso no fue así”, explicó un operador financiero que maneja cuentas de recientes emigrados al otro lado del río.

“Es un cambio muy fuerte. Uruguay es un país chico, que tienen una dinámica pueblerina y contrasta con el ritmo de vida que tenían en la Argentina, gente que tenía una gran vida social. Después de los primeros meses, donde todo se ve con euforia, empiezan a caer las fichas”, agregó.

En ese cambio de residencia, juega un papel importante la cuestión social. Se vive de distinta forma, según la historia que se tenga con el país. Los argentinos que desde hace años veranean en Uruguay, que ya tenían propiedades allí y armaron un círculo de amistados, no son los más afectados. El problema se está percibiendo en los primerizos.

“Creía que iba a ser más fácil, pero se siente la diferencia, a pesar de estar cerca. Conocés gente, vas a comer con conocidos, pero no son tus amigos de la vida. Después de unos meses, te empezás a aburrir. Te sobra el tiempo y no sabés qué hacer. Tras la apertura de las fronteras, comencé a viajar seguido a la Argentina para encontrarme con amigos”, comentó a MDZ un empresario que emigró a fines del 2020 y maneja sus negocios a la distancia.

Hay que tener en cuenta que el perfil de mucha de la gente que está emigrando es de clase media alta y alta, con vida de country o club y grupos de amigos del colegio. Todo eso desapareció y se necesitan construir nuevos vínculos.

Según este agente financiero, algunos clientes pensaban que no iban a sentir tanto el cambio: "Creían que, por estar cerca, iban a seguir haciendo la misma vida. Salir a comer, ir a ver espectáculos, reunirse con amigos. Replicar la vida que tenía en Argentina. Ahora se dan cuenta que no es fácil. Entonces, empiezan a ir y venir, pero no están en ningún lado."

Los que emigraron con la idea de emprender algún negocio se choca con el problema de la escala. Es un país estable, pero su mercado es más chico que la Argentina y no es fácil hacer viable grandes proyectos que generen ingresos importantes. "Terminan viviendo en Uruguay, pero pensando en negocios para hacer en Argentina u otro lado", explicó el financista. Es por eso que muchos fijaron residencia en ese país, aunque mantienen su actividad en la Argentina.

“Yo tengo casa en Punta del Este desde hace muchos años, venía todos los veranos y tengo mucha gente conocida, pero es distinto vivir permanentemente en Uruguay. Me instalé apenas pude, cuando empezó la pandemia, y me quedé hasta ahora. Voy y vengo seguido a Buenos Aires, porque acá se me hacen los días muy largos. Tengo que reconocer que me aburro de no hacer nada. En la Argentina siempre tenía algo que hacer”, reconoció un veterano empresario que ya se “jubiló” y se radicó en la zona de Laguna del Sauce.

No sólo es una visión de los que emigraron. También los uruguayos reconocen que no es fácil adaptarse a la vida “charrúa”.

“No entiendo cómo tantos argentinos se vienen a vivir a Uruguay. Somos un país chico, no tenemos tantas opciones de entretenimiento, el ritmo de vida es muy tranquilo. Por lo que hablo con los clientes, creo que está todo idealizado. Es un fenómeno muy extraño. Como una reacción impulsiva”, señaló un empresario inmobiliario de ese país.

Según el operador financiero consultado, los más afectados son los que se radicaron en Montevideo: “Los que se instalaron en Punta de Este hacen una vida más abierta y parecida a la de la Argentina.  De los que eligieron vivir en la capital, tengo clientes que se están replanteando su decisión. Algunos están analizando volver, ‘no aguantó más’, me dicen. Otros, analizan mudarse a Punta de Este”.

Otro punto a tener en cuenta es el cambio de hábitos que se vive en el núcleo familiar que empezó con la cuarentena y se prolonga con la emigración. Muchos emigraron en ese momento.

“Hay muchos casos típicos de una familia con hijos chicos, el padre empresario, la esposa con algún trabajo que dejó y mucha vida social, con amigas, u otras actividades. Los chicos en edad escolar. Se veían poco. La pandemia hizo que compartieran mucho tiempo juntos. Ahora, instalados en Uruguay, se mantiene ese estilo de vida más familiar y, a veces es bueno, otras no tanto. El hombre no va y viene de un lado al otro. Todo está más a mano. La mujer tiene mucho tiempo libre.  Entonces, aparecen problemas que antes no había. Se hace difícil la convivencia”, explicó el operador financiero que funciona como confidente.

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