Es kinesiólogo y el debate entre la vida y la muerte lo llevó a elegir la terapia intensiva

Es kinesiólogo y el debate entre la vida y la muerte lo llevó a elegir la terapia intensiva

Andrés es un kinesiólogo que trabaja en terapia intensiva desde hace 12 años. En qué consiste este trabajo del que se "enamoró a primera vista" y qué lo impulsa a seguir adelante en un contexto en que sus pacientes se debaten constantemente entre la vida y la muerte.

Giza Almirón

Giza Almirón

El Día del Kinesiólogo se celebra el 13 de abril en Argentina, desde 1950. La primera mujer graduada como médica en nuestro país, Cecilia Grierson, fue quien inició los cursos de kinesioterapia en 1904 en la UBA.

Andrés Boggini es kinesiólogo desde hace 12 años. Comenzó a trabajar haciendo neurorrehabilitación y luego se dedicó a terapia intensiva, en un hospital de la localidad bonaerense de Martín Coronado. “Empecé sin saber nada de terapia intensiva”, confiesa y, sin embargo, afirma que “fue amor a primera vista”, por lo cual decidió capacitarse y especializarse en esa área.

Andrés con parte del equipo con el que trabaja

Actualmente trabaja en un hospital en Pilar (Provincia de Buenos Aires) y en distintas clínicas privadas. Su labor en terapia intensiva consiste en “la rehabilitación respiratoria y motora de los pacientes internados: soy el que maneja los respiradores de quienes se encuentran ventilados”, dice este joven que trata de hacer que la estadía de sus pacientes sea lo más corta posible, así como de reducir la mortalidad.

En cuanto a la rehabilitación respiratoria, su trabajo es manejar el respirador, que varía “según la patología y el tipo de paciente”. Además, se dedica a cuidar la vía aérea de la persona internada, ya que es artificial. Por otra parte, la rehabilitación motora abarca desde “la movilización de los miembros a sentarse al borde de la cama o pararse y caminar. También rehabilitamos la deglución: le enseñamos al paciente a comer otra vez”.

Durante el momento más crítico de la pandemia hubo que agrandar la terapia 

Las personas que atiende Andrés están en terapia intensiva por una multiplicidad de razones: politraumatismos, EPOC, accidentes cerebro vasculares, entre otras. En el momento más crítico de la pandemia por covid aumentó considerablemente el número de pacientes a causa de esta problemática: “A tal punto que hubo que agrandar la terapia y de 5 camas pasamos a 20, donde todos los pacientes estaban con respirador”.

Para este kinesiólogo, lo más conmovedor de su trabajo es “cómo uno puede estar en una guardia hablando con un paciente y al rato verlo en coma, intubado y conectado a un respirador, manteniéndolo con vida artificialmente”. Andrés pone el mismo compromiso y dedicación en cada paciente, ya que para él “son todos iguales: no hay dinero, estatus social, raza ni religión”.

Naturalmente, y como dice este joven, “algunos logran salir y otros quedan en el intento”. Lo que impulsa a Andrés a seguir adelante en su trabajo en terapia intensiva es lo que lo enamoró desde el principio: “Atender un paciente crítico que se debate entre la vida y la muerte, y entender que lo que uno hace realmente lo ayuda”.

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