¿Cómo estar cerca del otro? Solidaridad cotidiana en tiempos de distanciamiento social

¿Cómo estar cerca del otro? Solidaridad cotidiana en tiempos de distanciamiento social

“Colaboración mutua entre individuos”, “Apoyo incondicional a causas o intereses ajenos”. Estas son solo algunas de las definiciones de solidaridad que podemos encontrar. Pero, ¿Cómo vivirlas en tiempos de distanciamiento social?

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

Es cierto que no nos hace falta buscar en el diccionario, porque todos conocemos el significado de la palabra solidaridad. Sin embargo, a veces creemos que solo en las grandes campañas podemos ser solidarios, o que solo algunos pocos están llamados a vivirla plenamente.

La solidaridad tiene una cara a veces olvidada, y que justamente nos invita a vivirla en la realidad nuestra de cada día, con las personas que nos rodean, o las que simplemente se cruzan en nuestro camino.

Mirar al otro, una habilidad algo olvidada en tiempos en que el ser humano se encuentra tan centrado en sí mismo. Ahora, tenemos el agravante que el tapabocas nos limita el campo visual de lo que nos rodea, y se nos impone este “distanciamiento social”. No obstante, si algo nos enseñó esta pandemia es lo esencial que son nuestros vínculos, y cuánto necesitamos los unos de los otros.

En la familia de Clara las cosas no andaban nada bien, los humores de los chicos iban de mal en peor, pelas entre hermanos, gritos, portazos. Mientras todos festejaban por la presencialidad, ellos no querían saber nada con volver a la escuela. Valeria, la adolescente, era la más insistente: "No necesito ir al colegio, yo entendí todo, me llevo bárbaro con la plataforma del colegio, y tengo todas las tareas al día".

Un día, mientras caminaba cabizbaja al colegio, se encontró en el camino con su amiga Lore. La verdad es que caminaron juntas unas cuadras hasta que Vale advirtió que Lorena tenía los ojos llenos de lágrimas. Días después se preguntaba cómo podía ser que ella no se hubiera dado cuenta lo mal que estaba su amiga. Charla mediante, Lorena le compartió que estaba preocupada por su desempeño escolar, le habían costado mucho los meses de virtualidad, y arrastraba muchas tareas pendientes, no sabía por donde empezar, y se frustraba mucho. A Valeria se le ocurrió generar tardes de estudio, con otras amigas, y de a poco Lore se fue
acomodando. Pero el cambio más grande lo vivió Valeria, que ahora se levantaba feliz para ir al colegio, y celebraba cada logro de su amiga.

Animarnos a salir de nosotros mismos y poder mirar a nuestro alrededor y descubrir a nuestro prójimo. Sólo se trata de eso. Tan sencillo y tan complejo.

En el antiguo juego del samba, o en alguna que otra montaña rusa o calesita intensa, la estrategia para pasarla bien y no marearse era mirar afuera un punto fijo. Cuántas veces no podemos disfrutar y nos agobia nuestro propio mareo, por no ser capaces de esto.

Los más chiquitos y los adolescentes tienen esa sensibilidad y empatía natural, pero a veces puede estar como adormecida, no desaprovechemos como adultos la posibilidad de ayudarlos a ponerse en acción y potenciarla.

Cómo promover esta solidaridad cotidiana en el hogar

  • Fomentar gestos sencillos. Un llamado a los abuelos, un dibujo a los primos, un mensaje poniéndonos a disposición de ese amigo que necesita ayuda con la tarea, un gracias a la maestra, un saludo amable al encargado del edificio, dejar pasar a alguien, o sostenerle la puerta.
    Trabajar en nuestro propio buen humor, y desafiarnos a expresar una sonrisa. A veces, cuando estamos con nuestro círculo más íntimo, dejamos de lado estos esfuerzos que son tan necesarios.
    Somos equipo en casa, las tareas cotidianas también son excelente ocasión para crecer en solidaridad. Ayudarse entre hermanos, y con las tareas cotidianas, sin recibir ninguna prestación a cambio, simplemente porque somos familia, y hay amor y preocupación de por medio.
  • Trabajar la escucha activa. Nos enseñan a caminar, a hablar, a leer y a escribir, pero a veces el escuchar queda
    olvidado. Desde la cotidiana pregunta ¿Cómo estás? Que pocas veces tiene ánimos de escuchar sinceramente la respuesta, y se apura al formularse incluyéndola: -¿Cómo estás?, ¿todo bien?... Hoy el desafío se vuelve más grande, en tiempos en los que hasta aceleramos la velocidad de los mensajes de whatsapp que recibimos, y no nos importa perdernos las pausas, los tonos, sino escuchar apurados lo que otro tiene para decirnos.
  • Impulsar un consumo consciente. Intentar comprar aquello que necesitamos, donar lo que ya no usamos, compartir, prestar, reutilizar. Todas estas acciones también son parte del ser solidarios.
  • Planificar acciones solidarias en familia. Cada uno desde nuestro lugar podemos hacer algo en concreto por alguien que nos necesite. Ponerlas en común y en la agenda de la familia es de gran ayuda, y nos permite vivirlo de otra manera. A veces los días festivos son una buena ocasión, pero también puede ser en la diaria, bajarle algo rico al encargado del edificio, ayudar a alguien a reparar su casa, tejer cuadraditos para mantas de abrigo, armar listados para llamar a nuestros familiares y amigos que están solos. 
  • Hacer un buen uso de las redes socialesNos conmueve cuando un influencer logra juntar millones para una buena causa. Sin llegar a esos extremos, también nosotros, cada uno de nuestro lugar, podemos aprovechar las herramientas de la tecnología. Esta es una excelente estrategia con los adolescentes, regulando su tiempo en pantalla con contenido de calidad, tejiendo redes, pero de las verdaderas.
  • Cuidar al enfermo y acompañar a los adultos mayores. En estos meses la enfermedad fue parte del tema de conversación, pero cuánto nos cuesta a veces conectarnos con la vulnerabilidad de los ancianos y enfermos. Una taza de té, una película compartida si alguien está en reposo, un llamado, un mensaje o una guitarreada. Quizás para nosotros son solo algunos minutos, pero nos sorprende el impacto que tiene para el otro en su día.
  • Salir de la queja. En tiempos difíciles, discursos cargados de negatividad suelen invadir nuestras charlas de sobremesa y grupos de whatsapp. La sociedad se construye con el aporte de cada individuo, es cierto que las injusticias nos enojan y conmueven, pero que esta bronca sea solo un impulso para transformar nuestro metro cuadrado.

Esta generosidad con quienes nos rodean, aun en tiempos de distanciamiento social, comienza por lo chiquito para desarrollarse a lo grande, va germinando esa semilla que los ayuda a los niños y adolescentes a salir de sí mismos, hacia el encuentro del otro, y estar ahí para tenderle una mano. Que esta angostura en la que estamos viviendo no nos impida desplegar nuestros corazones hacia los demás. Y recordemos que a partir de un pequeño gesto suceden los grandes cambios.

 

*Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra

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