Cómo ganar en el Monopoly y en los negocios

Cómo ganar en el Monopoly y en los negocios

Bruno Gellida, presidente de Mensa Argentina y consultor de Ingouville, Nelson & Asoc, explica cómo ganar en el Monopoly con un mecanismo al que denomina como monopolio colaborativo y es tan útil para el juego como para la vida.

Bruno Gellida

El 21 de Julio decidimos juntarnos a festejar el Día del Amigo y pasar la noche jugando al juego ícono del capitalismo y la competencia: el Monopoly. Si uno está familiarizado con este juego de mesa, sabe que lleva varias horas hasta que finalmente haya un ganador. Lo curioso es que sucedió todo lo contrario. En una partida de 8 jugadores, en menos de 3 horas el juego ya había terminado.

 

La colaboración resultó ser la respuesta, ya que aceleró el juego de una manera frenética, generando mucho más valor del que se esperaba en un principio.

Fer, uno de mis amigos con un perfil muy abierto y amistoso, me disparó la idea de colaborar en el juego. Lo primero que se me vino a la mente con él fue “Tenemos que ser socios” en vez de verlo como un enemigo. Le propuse un acuerdo donde le ofrecía las propiedades que le faltaban a él para crear su monopolio, en tanto nos repartiríamos el dinero cada vez que cobrara por este. Al principio le pareció algo descabellado e innecesario, pero luego de unos turnos aceptó.

Le afirmaba que, como esto era un acuerdo basado en la confianza, yo no quería ser poseedor del monopolio, que confiaría en que me pagarían mi parte cuando se diera el cobro de estos. Lo que comenzó solamente como algo divertido, dando un giro colaborativo en el Monopoly, poniendo a prueba los modelos matemáticos del ganar-ganar, terminó en un efecto dominó que cambió por completo el juego.

 

Me enfoqué en generar la mayor cantidad de monopolios colaborativos, repartiendo las ganancias de forma desigual en mi contra, con tal de lograr la mayor cantidad de acuerdos. En cuanto los demás jugadores empezaron a ver el efecto del monopolio colaborativo, y como con la victoria se empezaba a inclinar a nuestro lado, se vieron obligados a empezar a colaborar.

El juego había cambiado. Quienes no colaboraban y no se asociaban en un monopolio colaborativo, empezarían a “retrasarse” en la carrera del juego y finalmente perderían. Finalmente me despojé de todas mis propiedades acordando todos los monopolios colaborativos que pude, cediendo cada vez más en los acuerdos y quedándome sin propiedades.

Llegando al final del juego, no tenía ninguna propiedad, pero tenía 5 fuertes relaciones de confianza con todos los jugadores. En las últimas rondas era tanto el dinero que recaudaba y había ya varios jugadores en banca rota, que el juego se dio por finalizado y fui el ganador.

La diferencia principal que me dio la victoria no fue qué tan buenos acuerdos hice, sino la cantidad de acuerdos que realicé. No importaba tanto la “calidad” del acuerdo, si lo que yo acordaba me daba un “30 o 40% de la ganancia”. Cada acuerdo, por más malo que fuese, generaba tanto valor, que superaba por mucho el regateo tradicional o no hacer nada.

Más allá de la estrategia ganadora, me asombró bastante lo mucho que se aceleró la economía del Monopoly. Me sorprendió vivenciar cómo el mecanismo habitual de desconfianzas y regateos era muchísimo más lento para generar cambios en el juego que la mecánica de la colaboración y la confianza.

Lo más importante que me llevo del ejercicio, fue al principio de éste, cuando al plantear la estrategia colaborativa me respondieron “Es muy complicado…”. Muchas veces no nos animamos a dar ese paso a lo desconocido por miedo a lo que pueda llegar a suceder; porque no confiamos en lo que pueda pasar.

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