"Retrato de Familia": la artista más grande del Renacimiento y un padre grandioso

"Retrato de Familia": la artista más grande del Renacimiento y un padre grandioso

El en día del padre, un recordatorio particular: una artista genial y una obra emblemática. Una visión de "Retrato de familia".

María Teresa Andrés

María Teresa Andrés

En un día como el de hoy, en que celebramos el día del padre, aquí en este rincón del arte lo celebraremos con un padre muy especial y a través de la observación de una pintura, “Retrato de familia, de una de sus hijas  Sofonisba Anguissola, (también escrito Anguisciola o Anquissola)

El amor de su padre, Amilcare Anguissola, dándole una excelente educación y animándola a desarrollar su talento, hizo que Sofonisba Anguissola pudiese llegar a ser la mejor pintora del Renacimiento italiano. No lo hizo solo con ella, tuvo siete hijos y a todos los trató en igualdad de condiciones: Sofonisba, Elena, Lucía, Europa, Minerva, Ana María, y Asdrúbale, el varón.

En esos tiempos a las mujeres les era vedado el ingreso a las escuelas de arte y el estudio de cuerpos desnudos. Pero Amilcare Anguissola miembro de la baja nobleza genovesa se ocupó personalmente de que sus seis hijas tuvieran la mejor educación posible de la época, en la familia se cuidaba la formación femenina, cosa que permitió que todas pudieran formar parte de los círculos de la cultura.

Todos transitaron por la pintura. Las obras de Sofonisba Anguissola y sus hermanas no eran pagadas, sino donadas o regaladas.

Sofonisba nació en Cremona (Italia) en 1535, a los 14 años su padre la envió junto con su hermana Elena a aprender con el maestro Bernardino Campi, pintor  también nacido en Cremona, un respetado autor de retratos y escenas religiosas de la escuela de Lombardía, cuando este se mudara a otra ciudad continuó con Bernardino Gatti unos tres años más. Este proceder de Amilcare de hacer que sus hijas aprendieran con artistas locales sentó un precedente para que otras mujeres fueran aceptadas como estudiantes de arte.

Una obra muy interesante de aquel tiempo cuando estudiaba con Campi fue un autorretrato de “Campi pintando a Sofonisba” de 1550 (Pinacoteca Nacional de Siena) Algo espectacular para ser visto. Más cuando se tiene en cuenta que tenía 15 años.  

Autorretrato de “Campi pintando a Sofonisba”

Buscó las posibilidades para un nuevo estilo de retratos, con personajes con poses informales. Los miembros de su propia familia y su propio rostro fueron los protagonistas más frecuentes de sus obras

A los 27 años, con el consentimiento de su padre, se estableció en España, en la corte del rey Felipe II. Desde febrero de 1560 hasta el verano de 1573, Anguissola vivirá en la corte española, primero como dama de Isabel de Valois (aficionada al arte) y, tras la muerte de la reina, como tutora de las infantas, especialmente de Isabel Clara Eugenia. Con su enfoque personal fue un eslabón entre el retrato italiano y el español del siglo XVI.

Con este antecedente se abren las puertas para que otras mujeres, encontraran respaldo en las cortes europeas pudiendo así desarrollarse como artistas.

En 1554 viajó a Roma, y gracias a sus contactos con artistas de la época que conocían bien su obra conoció a Miguel Ángel, quien admiró su talento. Durante dos años estuvo junto al gran maestro como discípula interactuando ambos de una manera muy interesante y productiva.

Sofonisa tuvo una vida plena se casó, enviudó volvió a casarse, siempre tuvo el apoyo de Felipe II y la admiración de sus pares hasta el fin de sus días, su biografía es tan extensa como su obra para ser relatada en estas líneas y, además, porque hoy el protagonista de esta historia es Amilcare.

Entre sus muchas obras elijo hoy el “Retrato de la familia Anguissola”, como homenaje al día del padre. En ella su padre Amilcare es la figura central entre su hija Minerva y el pequeño Asdrubal. Es un trabajo que destila el amor entre padre e hijos.

“Retrato de la familia Anguissola", de la dicípula de Miguel Angel.

Me voy a centrar en la observación de las miradas y las expresiones de sus rostros dónde se puede ver el círculo amoroso entre sus protagonistas.

El padre en el centro, fuerte y tierno, mirando al frente hacia su hija Sinfonisa, quien está pintando; la mirada hacia abajo de Minerva, mientras dulcemente estrecha un ramito de flores contra su pecho, que parece observar las manos tomadas de su padre con su hermanito, cuyos ojos embelesados se dirigen hacia arriba observando a su padre. Estas miradas, además, no solo crean direcciones en la composición de la obra, sino que también ponen de manifiesto un ambiente de amor y armonía familiar.  La composición es ambiciosa, típica de los retratos de familias reales y de la alta burguesía, hay delicadas veladuras en los rostros. No falta el perro, símbolo de lealtad y de amistad.

Esta obra tiene su propia historia de idas y vueltas, adquirido posiblemente por el pintor danés Wilhem Marstrand en París en 1819 lo cedió luego al museo de Nivå en las afueras del norte de Copenhague como obra de pintor desconocido.

En 1904 Theodor von Frimmel identificó que la autora era Sofonisba Anguissola Tal reconocimiento fue incorporado en el diccionario de artistas Thieme-Becker en 1907.

El cuadro fue expuesto en 1911 en la exposición “Muestra del Retrato italiano”, en Florencia. En 1985 volvió a Cremona, a la exposición “Campi y la cultura artística cremonesa del Cinquecento”. En 2019-20 fue una de las piezas más destacadas de la exposición del Museo del Prado “Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana”, para la cual fue restaurado en el museo madrileño tras un convenio firmado entre Nivaagaard,  una propiedad histórica en Nivå (Dinamarca) que alberga una galería de arte, destino final de la obra.

Expertos e historiadores del arte concuerdan hoy en que Sinfonisba Anguissola ha sido la mayor exponente del arte del Renacimiento.

Largo recorrido, desde entonces hasta estos tiempos, de una historia de amor paternal.

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