Presencialidad vs Home Office: cómo resolver la tensión entre trabajo y familia

Presencialidad vs Home Office: cómo resolver la tensión entre trabajo y familia

Desde siempre tiene lugar el debate sobre la conciliación familia y trabajo. Preferimos hablar de reconciliación, porque creemos que es necesario establecer en este tema, la paz y concordia a la que este término nos invita: “amigarnos” con nuestra realidad, y abrazar las propias circunstancias.

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

La pandemia, las restricciones y las nuevas modalidades, hicieron que el trabajo remoto se vuelva la regla. En algunos casos, por un tiempo y en otros, para quedarse. Hace poco mientras dictábamos una capacitación en una empresa, preguntamos a los participantes, que significaba para ellos el home office. Las respuestas, como esperábamos, fueron de las más diversas: flexibilidad, mejor organización, dificultad para concentrarme, alivio, complicación, y así seguían expresando cosas muy diferentes, hasta antagónicas.

Más allá que cada familia es un mundo, en estos momentos la particularidad que atraviesa a todos, está dada porque la modalidad virtual no fue un beneficio o una opción como solía serlo, sino una imposición de la realidad. Sumado a esto, mientras tanto, congeniar con el resto de los miembros de la familia, que también se encontraba acomodando sus rutinas. Todo esto pudo generarnos esta sensación de que no logramos que las piezas encajen. Sin duda, la capacidad de adaptación de la familia y la flexibilidad fueron una vez más puestas a prueba en este particular modo de vivir en casa el trabajo.

Pero más allá de si la modalidad de trabajo es virtual o presencial, lo cierto es que el binomio familia-trabajo, históricamente se presentó como un combo de elecciones y concesiones entre dos polos opuestos.

Nos detenemos un momento para reflexionar una cuestión que no podemos pasar por alto. Somos conscientes que estamos atravesando una fuerte crisis, y que el desempleo es una realidad que nos duele como sociedad. Por ello, más allá de las complejidades que puede acarrearnos la difícil tarea de conciliar familia-trabajo, partimos de la premisa que agradecer siempre el trabajo, y valorarlo es fundamental para cada uno.

Sin perjuicio de ello, sabiéndonos privilegiados por tener un empleo, de todas maneras nos encontramos a veces en este tironeo entre nuestro trabajo y nuestra familia del que no podemos salir.

Aquí la buena noticia: no tenemos que salir, sino aceptar que esta tensión va a existir siempre y es necesaria. De la misma manera que el equilibrista necesita que la soga por la que se desplaza esté “bien tirante”, nosotros necesitamos encontrar el punto justo de esta tensión entre la familia y el trabajo, para recorrer el camino de nuestra vida.

Cuando observamos a cada persona de manera integral, vemos como todas sus dimensiones se van desplegando a lo largo de su vida. Entre ellas, la realización personal y laboral es muy importante, y sabemos que la felicidad de uno de los miembros redunda también en la familia entera. No son compartimentos estancos, y la vocación a la vida familiar trasciende cada uno de los ámbitos de nuestra vida. El desafío que se nos presenta, es lograr articular los tiempos.

Claves para reconciliar familia y trabajo

Buscando ideas prácticas, sabemos que nuestra familia ocupa un lugar especialísimo en nuestro corazón y en nuestra mente, pero a veces no sucede lo mismo en nuestra agenda. Del mismo modo que apuntamos las obligaciones laborales, los eventos sociales, las citas con el médico, ¿Qué tal si nos proponemos que en nuestra agenda semanal se incluya algún momento compartido con uno o todos los miembros de nuestra familia?. “¡No hace falta!”, estarán pensando ustedes, pero les aseguramos que el verlo “en agenda” ayuda a no dejarlo de lado, porque sino creemos que eso puede esperar, total lo haremos la semana próxima, y así transcurren los meses.

Muchas personas nos consultan preocupados porque sienten que sus familias reciben la peor versión de ellos mismos. “Llego a la tarde agotado de tantas reuniones, no me quedan energías.”, nos decía Rodolfo. “El fin de semana lo único que quiero es dormir”, anhelaba Claudia. “Estoy todo el día con mi familia pero siento que no compartimos nada, estoy estresada con mi trabajo pensando todo el día en los pendientes”, compartía resignada Josefina.

Acá aparece la famosa frase “Tiempo de calidad”. Es bueno recordar esta obviedad: el tiempo de calidad ante todo es tiempo. Sabemos que estar todo el día juntos no garantiza un verdadero compartir, pero también es cierto que no podemos lograr conversaciones con sentido en cinco minutos. Buscar los espacios, generarlos con creatividad. La receta mágica desde ya que no existe, y la tarea es artesanal en cada familia, en cada persona.   

En las recetas de cocina, siempre hay un ingrediente con un sabor invasivo, al que tenemos que prestar especial atención cuando dosificamos, porque si se nos va la mano, estamos en problemas.  En este caso, el ingrediente complicado es el multitasking. Enquistados en la frustración que no compartimos/dedicamos tanto tiempo como querríamos/deberíamos a la familia/ trabajo, tratamos de hacer todo al mismo tiempo.

Desde ya que a veces, nos resulta útil, pero si abusamos, así como en la receta, todo se tiñe de este particular sabor: no estamos en ningún lado, y no disfrutamos ni una cosa ni la otra. Conectar con el aquí y el ahora, reorganizando los tiempos todas las veces que sea necesario. Con mucho diálogo y acuerdos familiares, será mucho más sencillo.

Una vez una familia nos compartió que durante meses armaron entre todos un rompecabezas de 1000 piezas. Sorprendidos nos contaban que tachaban ansiosos los días para terminar de armarlo, hasta que finalmente, ese momento llegó. Sin embargo, con el rompecabezas hecho cuadrito, todos empezaron a sentir nostalgia por las tardes y noches compartidas. Se lamentaban de todas las veces que habían discutido, porque había que apurarse a terminarlo, o rezongado por lo difícil que era hacerlo, y se dieron cuenta de todo lo lindo que había sido compartir la tarea.

Dejemos también nosotros de anhelar un equilibrio estático, entre la familia y el trabajo, como el puzzle hecho cuadro. Disfrutemos del proceso del armado de este rompecabezas, con todas las partecitas de nuestras vidas.

Y por último, como adultos, recordemos que nuestros hijos aprenderán a celebrar, agradecer y valorar el trabajo, si nosotros los padres lo hacemos. Cuántas veces, sin quererlo, las únicas palabras que expresamos respecto a nuestro trabajo son quejas. Las situaciones difíciles existen, los conflictos también, pero a pesar de eso, intentemos contarles lo que hacemos, alguna anécdota de nuestro día laboral, y compartirles las alegrías y los logros, junto con el cansancio y el esfuerzo. No nos olvidemos que nuestros hijos serán los trabajadores de mañana, y que el tiempo de formarlos es hoy.

 

*Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra

 

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