Rubén: de vivir en la calle, a cumplir aislamiento en un albergue

Rubén: de vivir en la calle, a cumplir aislamiento en un albergue

El muchacho vivía, como se dice elegantemente, “en situación de calle”; ahora está alojado en una casa, junto a otras 70 personas. Como a pocos, el surgimiento de la pandemia ha amenazado a las personas que no tienen hogar ni sustento diario para sus necesidades más básicas. ¿Cómo se arreglan?

Ulises Naranjo

Ulises Naranjo

Rubén vive las calles de Mendoza desde hace 15 años. Allí, ha pasado de todo lo imaginable, que no habremos de delatar, para no abrumar la posible falta de imaginación de algún lector acerca de lo que puede significar “todo lo imaginable”.

Esas calles, ahora, están insólitamente solas, también de ellos. Rubén, entonces, se ha entregado más a los recuerdos, algunos que no lo asaltaban desde hacía décadas. El confinamiento, para él, ha tomado la forma de cierto recogimiento, de cierto proceso espiritual.

- Igual, es duro, no veo la hora de salir y caminar y caminar por las calles con el vientito. 

Nos conocimos hace varias décadas. Fuimos compañeros de secundaria en la escuela Martín Zapata, en aquellos oscuros años de la Dictadura Militar. Él era un buen alumno, muy inteligente, y se destacaba –por encima de todos– por la calidad de la música que escuchaba. Era, claramente, uno de los pibes más “cool” de la promoción, también uno de los más solitarios, bien vestidos y reconcentrados. 

En fin, como a otros, los años de la vida lo llevaron por oscuros callejones y algunas malas decisiones, la franca mala suerte y la falta de oportunidades lo fueron confinando, apartando de un sistema que nunca lo sedujo especialmente, hasta dejarlo fuera de él, a pesar de sus años de formación, de su experiencia y de vasta cultura, en particular, del mundo del rocanrol (por eso, le llevé para que lea el librazo de mi amigo Roly Giménez “Aún sigue cantando. 55 años de rock mendocino”). 

Ahora, con la aparición del coronavirus Covid-19 y su consecuente pandemia, las personas en situación de calle, como él, han quedado especialmente expuestas a los peligros de los contagios y hablamos de cientos de personas en la provincia.

Rubén, cumpliendo cuarentena (Foto Ulises Naranjo).

Rubén cumple cuarentena en un hogar para hombre en situación de calle llamado “El Camino”, que queda en la calle Patricias Mendocinas, de Ciudad. Se trata de unas 70 personas que conviven en una casa con varias habitaciones, apenas dos baños y un pequeño patio, junto a un grupo de operadores que, en grupos de a 4, conviven en este albergue, donde la cuarentena se cumple con todo rigor e involucramiento de las partes.

Así, pues, nos reunimos en dicho albergue, éste que escribe en la vereda y él y el resto de los habitantes, tras las rejas de ingreso al lugar. Valga decir que para acceder a este lugar, debieron presentarse ante una delegación policial y, luego, ir a un centro de salud, donde fueron revisados y así, con estos pasos cumplidos, se constató su condición de vulnerabilidad.

- Esto se parece a vivir en una cárcel, pero mejor. Somos más de 70 personas en una casa con dos baños, pero la verdad es que no nos podemos quejar, porque estamos muy bien. Para empezar, recibimos desayuno, almuerzo, una merienda y cena. Hay agua caliente y nos hacen análisis médicos.

- ¿Y no hay quilombo entre ustedes?

- No… Nosotros tratamos de llevarnos de la mejor manera para que todo salga bien. Acá nos conocemos todos de la calle y el clima es bueno, más allá de algún que otro “picudeo”… Tratamos de ayudarnos, incluso, en lo que podemos.

El hogar “El Camino” es regenteado por una iglesia evangélica –al igual que Remar– otra fundación semejante, que, en su caso, tiene un hogar para hombres y uno para mujeres. Ambas reciben apoyo permanente del Estado para solventar esos espacios, a través de la subsecretaría de Desarrollo Social, del ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes de Mendoza.

Otros han sido llevados a cabañas de Blanco Encalada que pertenecen a la Dirección de Adultos Mayores, de la Dinaf. En el caso de las mujeres, hay, además, otros dos hogares a los que habitualmente asisten víctimas de violencia de género, pero que se han readaptado a la situación.

Rubén agradeció el trato que están recibiendo (Foto Ulises Naranjo).

En “El Camino”, hay mucha gente joven que no tiene dónde vivir, pero también hay gente mayor, que tiene más de 60 años, y todos conviven armónicamente.

- Vamos buscando la manera de mantenernos entretenidos. Hay revistas, algunos libros y una mesa de ping-pong, un metegol y juegos de ajedrez. A veces, viene un pastor a darnos alguna charla… ¿Vos sabés hasta cuándo va a durar esto? Acá somos todos callejeros y tenemos prohibido asomar la nariz a la calle…, comenta Rubén, tras la reja.

De este modo, bastante bien, van atravesando el aislamiento, bajo condiciones, dentro de todo, similares a las de cualquier hogar. Cuando alguien necesita algo de ropa, ahora que empieza el frío, alguien presta y comparten el cigarrillo y la charla y los lectores, sus libros, bajo la constante atención de los operadores, otros de los héroes que esta situación planetaria ha permitido evidenciar.

- Estamos comiendo muy bien, buenos platos calientes de comida. Y vino un médico llamado Guillermo a ver cómo estamos. Estamos agradecidos, pero yo extraño mucho nuestras juntadas en la calle, viendo la gente pasar, escuchando buena música… ¿Cuándo vamos a volver a eso?

- Pronto, mi hermano.

Ulises Naranjo.

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