Las razones por las que el ataque a la Corte Suprema de Justicia también fracasará

Las razones por las que el ataque a la Corte Suprema de Justicia también fracasará

El oficialismo solo es tal porque sus integrantes saben que fuera de él no tienen demasiados incentivos, ni valor. Sólo algunos han emprendido un sutil, pero directo, camino hacia la independencia. Los gobernadores, todos menos Axel Kicillof, separaron las elecciones provinciales.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

El kirchnerismo en todas sus variantes, pero fundamentalmente las de las más radicalizadas ideas que surgen de los laboratorios del Instituto Patria, tienen un punto de parálisis siempre y ni Cistina Fernández de Kirchner, ni su hijo Máximo, ni sus articuladores y manos ejecutoras, pueden entender por qué, luego nada puede progresar, ni en la Justicia, ni en los controles de precios ni en ningún otro campo de la vida social, institucional y económica.

El principal problema es la desconfianza que todos se tienen entre sí y la desconsideración que sienten quienes se sientan en las conferencias de prensa, presentaciones y aparecen en las fotos para decir que van a ejecutar tal o cual plan, desde los municipios para revisar los productos y sus valores en los supermercados, hasta los sindicatos por el mismo aspecto.

Los dirigentes sindicales, que sobreviven a todos los gobiernos, se aprovechan alevosamente de las consignas oficialistas y, a cambio de un rápido desembolso para sostener sus siempre deficitarias obras sociales, comprometidas por el desfinanciamiento a las que las somete el Estado en muchas oportunidades, dicen que sí, hablan en público, pero rápidamente le dicen a sus propios dirigentes que no toquen nada y hagan menos.

Lo mismo pasa a nivel territorial, donde los intendentes y gobernadores están dramáticamente enfrentados con las organizaciones sociales que le cooptaron un sector social muy cautivo y que las administraciones habían dejado de atender.

Por eso no llamó la atención que Mario Ishii, autor de la amenaza más fuerte que formuló un jefe comunal en los últimos años, de ir a cazar a los traidores, cuestión que nunca cumplió, nunca se sabe por mala voluntad o porque no los encontró, haya dicho ahora que las personas que reciben planes sociales son unos “parásitos garroneros”.

Alberto Fernández, mientras tanto, quiere que a Sergio Massa le vaya bien, aunque ya anticipa que si eso sucede, él sería candidato a presidente. Axel Kicillof dijo claramente que si él fuese ministro de Economía, que no lo es, haría cosas algo diferentes a lo que hace su máximo aliado provincial y nacional.

Si Massa, que es el principal proveedor de fondos y además lo acompaña contra la embestida que siempre recibe Kicillof de sus socios históricos como Máximo Kirchner y su alfil Martín Insaurralde, recibe semejante “respaldo”, qué le quedará del resto, ¿no?

Hace algunos meses, los gobernadores se habían juntado ante la posible crisis terminal del Gobierno nacional. Ahí, le exigieron al presidente Alberto Fernández que no renunciara bajo el argumento de que ningún presidente peronista se fue antes del poder sino fue por un golpe militar.

Acto seguido, se juntaron en el Consejo Federal de Inversiones y emitieron un durísimo documento donde proponían algunas medidas económicas, y otras políticas como el armado de una Corte Suprema de 25 miembros. Nada pasó. Lo que sí sucedió fue que esa unificación política se diluyó a la tercera reunión y Alberto Rodríguez Sáa, uno de sus impulsores, avisó que nada de lo que se hablara ahí tendría alguna correlación posterior y ya se sacó una foto con Juan Schiaretti, el más anti K de los gobernadores peronistas.

Así se pueden enumerar cientos de situaciones cotidianas. Una mínima presión siempre pone a un proyecto oficial a tiro de revisión, y, finalmente, es guardado en el cajón de los recuerdos. Amague y recule, diría la vicepresidenta, sin considerar que mucho es por su responsabilidad.

Todo en el Frente de Todos debe girar encima de sus intereses. ¿Y si prueban de otra manera? No parece. Andrés "Cuervo" Larroque llamó a la militancia a "romper la proscripción de Cristina". Si nace de una falacia, todo lo demás no puede transformarse en realidad. "Si el tronco nace torcido", dice el antiguo dicho. 

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