La política está cada vez más lejos de lo que realmente le importa a la gente

La política está cada vez más lejos de lo que realmente le importa a la gente

Todas las consultoras y analistas coinciden que ya hay un divorcio "irreconciliable" entre la política, las instituciones y la gente. A pesar de haber podido "ganar" el discurso que empareja a la política con la prensa y la Justicia, el gobierno teme porque se agudiza el desmadre social y cultural.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

La directora de la consultora Trespuntocero, Shila Vilker, dijo que la gente considera como un "circo" a todo lo que pasa en el debate político, incluidos los juicios en los que se investiga la corrupción kirchnerista y el atentado que sufrió la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

En tanto, Paulino Rodrígues, politólogo y periodista, describió que no hay nada que pueda generar un consenso básico entre las diferentes fuerzas políticas porque “falta sentido común. Cada parte está trabajando para su núcleo duro, y los incentivos están puestos en otros lugares. Entramos al siglo XX entre los más importantes del planeta y cien años después estamos en el lugar 80”.

Este deterioro nacional también se observa nítidamente en cada familia y en el lugar donde esta desarrolla su vida cotidiana. Son sólo pequeños sectores que no terminaron de caer y se mantienen en su idea de clase media los que aún pueden disfrutar de una jornada en el club del barrio, siempre obligado a producir hechos simbólicos para mantener su convocatoria. En el resto, solo es violencia, deterioro y descreimiento de cualquier construcción social.

La violencia instalada como método frecuente para resolver diferencias o, directamente, como elemento de acomodamiento social, es ya lo más frecuente. “La Argentina se acostumbró a ser un país con inflación”, describía en otro momento de una charla con este periodista el propio Rodrigues, para quien desde ahí se empieza a explicar los excesos de todo tipo.

“Parece que en las casas más carecientes puede faltar la comida, pero no las armas y las drogas”, resume el periodista.

Ahora bien, ¿cómo no pueden darse estos nuevos fenómenos de descomposición social y separación entre representado y representante institucional si desde lo más alto de las esferas del poder se busca, siempre, cambiar las instituciones y las reglas de juego de todos los órdenes para su propia conveniencia?

Esta pregunta fue formulada mucho más brutalmente por un intendente que ya se siente “perdido” porque “no es que podamos ir para el norte o el sur, directamente ya nos piden que volemos. Eso es imposible”.

 “La policía no da ni cinco de bolilla. Hacen que hacen. La Justicia prefiere no intervenir porque no se siente respaldada. Mientras tanto, los barrios parecen autorregularse por miedo y acomodándose a la modalidad de quedar bien con quien maneja el territorio. Ya sea un puntero político o del narcotráfico”, confió un importante dirigente gremial regional que, acepta, hace un par de años ya prefiere no pasar por los lugares a los que antes asistía con útiles escolares o comida.

Para Vilker, "cuando uno ve los focus grupales y las respuestas que nos brindan queda claro que la gente cree que está como en un teatro, viendo un espectáculo donde todo está guionado previamente". La distancia entre el público y los "actores", queda reflejado, cada vez es mas grande, y lo que ve, pagando una entrada, además, cada vez le gusta menos. 

En los espectáculos, cuando los o el artista no brinda la función deseada recibe la desaprobación, el abucheo o hasta algún tomatazo. Pero a pesar de los "calmantes y antidepresivos", le dan a la sociedad a través de planes y beneficios. El pesimismo y escepticismo sobre el futuro personal y social que aparece en todas las encuestas aún no ha sido revisada y leída como corresponde por toda la dirigencia política. 

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