Un valioso ecosistema productivo en Cañuelas

Un valioso ecosistema productivo en Cañuelas

La llegada del Mercado de Hacienda potenció la actividad de la región en donde conviven armoniosamente lo productivo con lo turístico, marcado por una creciente presencia de oferta gastronómica.

Diego Valenzuela

El ecosistema de Cañuelas cuenta con una fuerte tradición ganadera que últimamente se potenció con la reciente llegada del Mercado de Hacienda que se mudó desde Liniers a la Provincia de Buenos Aires. Este es un gran emprendimiento privado que cuenta con ciento diez hectáreas -frente a las treinta y dos en Liniers- disponibles para crecer con actividades de logística y valor agregado agroindustrial y capaz de recibir doce mil cabezas de ganado vacuno diarios.

A decir verdad, ya desde el aspecto histórico, Cañuelas es una referencia. A la estancia Caledonia (antigua denominación latina de Escocia), de John Miller, llegó en 1823 el primer toro de la raza inglesa Shorthorn, llamado Tarquino, que representa el inicio de las cruzas con el ganado criollo y el origen de la ganadería moderna. Hoy, esa tradición se respira en las numerosas parrillas y almacenes de campo de gran calidad distribuidas a la vera de la ruta 205.

Por otro lado, a unos veinte kilómetros se encuentra el hermoso Uribelarrea, un pueblo de mil doscientos habitantes que se destaca por su mezcla entre lo productivo y lo turístico. De hecho, un eje de esta comunidad es la escuela agrotécnica salesiana Don Bosco, fundada el 26 de enero de 1894 y considerada la primera de su tipo en Argentina, que hoy día actúa generando ideas y formando personas capacitadas para el desafío productivo que necesita nuestra Provincia. A decir verdad, muchos de los diversos emprendimientos de la zona son fruto de egresados de la Escuela que han llevado adelante negocios de alfajores, chacinados -como es el caso de Pueblo Escondido-, diversas parrillas y restaurantes destacados como La Cueva de Ruco.

De allí también surgieron emprendimientos productivos como es el caso de Valle de Goñi, una cabaña y tambo caprino que genera treinta mil litros de leche, da trabajo a seis familias y produce quesos, helados y dulce de leche que ofrecen en su salón de ventas. Sus cabras son de una raza policromática de nariz prominente y orejas grandotas, originarias de Egipto y cruzadas con razas inglesas que Horacio, el responsable del establecimiento, las denomina “cuatro por cuatro” ya que están acostumbradas a climas de extremo calor, pero también a lo húmedo y frio. Contaba Horacio que en el establecimiento cuentan con cabras muy prolíficas ya que mientras el promedio anual de gestación es de 0,8, aquí es de entre 1,9 y 2,3 debido a un minucioso trabajo de selección.

A seiscientos metros de Valle de Goñi está instalado un tambo de leche de oveja llamado Weke, que produce quesos artesanales. Cerquita también está el viñedo y bodega Finca Don Atilio, un emprendimiento familiar que comenzó en 2011 y que se entregó casi de lleno a producir el varietal Tannat y que además recibe visitas de enoturismo. Pero para quien prefiere la cerveza puede dirigirse a La Uribeña, una fábrica artesanal con estilo alemán.

Tal es el auge de la gastronomía en la región que se realiza en Uribelarrea la fiesta de la picada y la cerveza artesanal donde se pueden exponer y comercializar los productos elaborados. Este hermoso pueblo que cuenta con lugares para hospedarse como cabañas y hosterías.

Después de mi visita a la zona, observo que el gran desafío que presenta este tipo de ecosistemas es facilitar al máximo a todos los emprendedores y empresarios su trabajo. Esto significa concretamente que puedan tener sus negocios habilitados y certificados, entendiendo por ejemplo que no es sencillo tener abierto permanentemente un local que solo trabaja los fines de semana. Para eso se requiere una comprensión en términos normativos.

Esta zona de productiva de Cañuelas y Uribelarrea muestra cómo se cruzan la historia, la educación y la cultura del trabajo rural. Actividades con arraigo que se renuevan y apuestan por el futuro sin perder identidad, abriendo a un público más amplio las historias y los productos de su tierra. Donde además de lo productivo, se visualiza en el turismo – sobre todo los fines de semana- una creciente salida laboral y una alternativa para volver a generar población y desarrollo genuino.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?