Una crisis que golpea a una forma de gestionar de Rodolfo Suarez

Una crisis que golpea a una forma de gestionar de Rodolfo Suarez

El conflicto entre el gobierno y el SUTE pega en el estilo de gestión política de la actual administración. Las claves para entender una protesta que, hasta para el propio sindicato, ya se volvió anárquica y que afecta al gobierno en su forma de subestimar los problemas.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

marce@mdzol.com

La dimensión grave que tomó a esta altura el conflicto con el sector docente derrumba como un piano lo que hasta aquí marcó la línea de acción de gestión política de Rodolfo Suarez: apostar siempre a que los problemas pasan, a que las crisis se vayan diluyendo con el tiempo y, como estrategia principal, a autopercibirse como un gobernador que sabe ganar elecciones, al que las encuestas le sonríen y que tiene un amplio consenso entre la gente.

Bastó escucharlo a Suarez por estos días de paros en las escuelas. Está convencido de que detrás de la guerra desatada por el SUTE, está la larga mano del kirchnerismo que instruyó a los suyos instalados en la conducción del gremio para desestabilizar la provincia. “¿A mí me achacan que no tengo cintura política? ¿A mí, que ya gané dos elecciones y que soy uno de los gobernadores con mejor imagen en el país? Es increíble”, fue la manera en que despotricaba el mandatario solo unas horas antes de que se conociera la decisión del gremio de ir por cuatro días más de medidas de fuerza.



El gobierno mostró el viernes su disposición de sentarse otra vez a negociar para intentar superar el problema. El sindicato contestó con un veremos: definió más jornadas de paro, pero las dejó sujetas a la mesa paritaria que se reabrirá el jueves. En principio esta nueva vía de discusión contiene al menos dos aspectos clave a resolver. Uno de ellos, claro está, es la cuestión salarial.

A decir verdad, las posiciones no están tan alejadas aquí y si se analiza el recorrido de los tires y aflojes de las últimas semanas las diferencias no fueron abismales entre lo que ofrecía uno y lo que estaba dispuesto a aceptar el otro. En un momento, la distancia no era mayor a los cuatro puntos de aumento y el SUTE puja en el debate para sumar los incrementos tanto al básico como al salario docente. Los miembros paritarios no siguieron este camino para fijar el 5% de aumento que recibieron en julio y por decreto. Pero cambiaron de postura para ofertar un 12% al básico y un 25% de aumento en el estado docente para agosto. “Si ese 5% de julio lo hubieran incluido en el básico, no estaríamos tan lejos ahora”, se sinceran en el gremio.



El gobierno llamó otra vez a discutir en paritarias después de que se conociera el índice de inflación de julio. Allí se encontró con una cifra difundida por el INDEC que dejaba descolocada la propuesta de aumentos ofrecida: la inflación acumulada de 2022 ya supera el 46% y a los docentes, entre enero y agosto, les propusieron una actualización del 44%. Cuando se conoció el viernes la decisión de Suarez de convocar otra vez a la paritaria surgió la duda: semanas de dilación y de encontronazos con el SUTE, para terminar definiendo volver a sentarse a discutir aumentos con el argumento de un índice de inflación que ya se sabía desde hacía días de antemano que iba a dar como dio.

Una oferta salarial que resulte aceptable para los docentes podría ponerle fin a esta crisis al menos hasta octubre cuando, inflación mediante, el gremio y el gobierno se vean obligados a volver a negociar para determinar cómo se seguirán corrigiendo los sueldos hasta fin de año. Otro camino puede ser la conciliación obligatoria, que daría diez días de respiro. Pero el panorama no es tan sencillo.

En primer lugar porque el malestar docente es muy profundo. En el plenario de este sábado no solo se decidió ir al paro nuevamente, sino que además se votó por unanimidad pedir la renuncia del titular de la DGE, José Thomas. Con cierto nerviosismo, la conducción del sindicato ya entiende que hasta para ellos resulta a esta altura complejo guiar la crisis y que la situación del debate de los maestros es anárquica. Cuentan que hace unos días, durante una visita a San Rafael, tuvieron que sacarle de encima a Thomas a una directora que se había abalanzado sobre su auto a los gritos y a los insultos.

El otro elemento vital para saber que puede llegar a ocurrir está en los descuentos. Hoy, el escenario muestra cierta actitud docente para resignar parte de su sueldo detrás de la decisión de manifestar su hartazgo por lo que están ganando. El gobierno mira esto con algo de ironía: está convencido de que, en septiembre, los maestros y maestras van a sentir el impacto del ítem aula y del presentismo cuando vayan al cajero y caigan en la cuenta de que van a cobrar entre un 10% y un 15% menos por lo cinco días de paro que se registraron hasta acá.

Para menguar el impacto y que los paros no pierdan fuerza, el SUTE ya diseñó su estrategia. Como casi nunca ocurrió hasta aquí, incluyó entre los ítems a discutir el jueves en paritarias la exigencia de que el gobierno dé marcha atrás con los descuentos. Otra de las falencias políticas frente a este dilema: el gobierno discute entre halcones y palomas cómo enfrentar este planteo. El ministerio de Gobierno a cargo de Víctor Ibáñez es permeable a acceder, mientras que José Thomas, de la DGE, se niega. Con una inflación que no se detiene, no dará lo mismo que frente a nuevos conflictos de este tipo que se avecinan que hoy el gobierno acepte volver sobre sus pasos y termine por dejar sin efecto los descuentos.

Gustavo Correa, el influyente secretario gremial del SUTE sabe esto. Y está detrás de un plan de mitigación que, en buena medida, alimenta las sospechas de Suarez de que detrás de la protesta docente subyace una intención del kirchnerismo de complicar las cosas en Mendoza. El gremio docente negoció esta última semana con uno de los supermercados mayoristas más grandes de la provincia la compra de mercadería, para poder armar miles de bolsones de comida y repartirlos entre los docentes afectados por los descuentos que se vendrán el mes que viene. Cómo se financiará esa compra, es lo que acrecienta los fantasmas entre los funcionarios de que detrás de todo esto alguien está poniendo plata.

En el medio queda al desnudo las falencias en la gestión política. Una paritaria, se sabe, no solo se discute en la mesa de la Subsecretaría de Trabajo. Sino que también se negocia bajo cuerda. Ningún funcionario de Suarez contactó en el último mes a la conducción del SUTE. Thomas, porque asumió con esa particular condición de que él aceptaba el cargo cuando el gobernador se lo ofreció, pero que nunca iba a participar de la discusión salarial con el sindicato. Ibáñez, porque es la síntesis perfecta del estilo que reina en Peltier 351.



Fue notable verlo al gobernador, el miércoles, ocupando buena parte de su tiempo entre la mañana y la siesta para ver el mundial de Pádel que se jugó hasta este domingo en el Aconcagua Arena. Mientras la explanada de Casa de Gobierno estaba siendo escenario de la manifestación de los docentes, Suarez eligió seguir al deporte del cual es aficionado para disfrutar del juego de la mejor pareja del mundo en esa actividad. La gestión política se muestra muchas veces obteniendo resultados. Y, en este caso agudo, eso está por verse.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?