El drama de la permanente decadencia: podemos y debemos detenerla

El drama de la permanente decadencia: podemos y debemos detenerla

La crisis y la decadencia argentina se reflejan en diversos aspectos como los índices económicos y de inflación, el preocupante nivel de educación y servicios de salud deficitarios. El voto inteligente y una conducta ciudadana responsable nos permitirán salir adelante.

Redacción MDZ

Redacción MDZ

Cuando el Indec anunciaba el 7,4% de inflación en julio, el reloj que marca la decadencia del país se retrotraía imaginariamente al año 2002 para señalar un índice similar. Horas antes el Banco Central aumentaba en 10 puntos la tasa de interés. Dieciocho puntos en tres semanas  se elevó la tasa. Son unos de los indicadores de la gravedad de la crisis económica.

La imagen dolorosísima  y cuasi subsahariana del acampe de los movimientos sociales acaecida en Plaza de Mayo ayer, era una de las contracaras de los índices señalados.

En paralelo, en nuestra provincia y en Buenos Aires, en CABA y en otras provincias también, se sucedían duros paros y marchas de los maestros y educadores, en demanda de mejores salarios, los que en  algunos casos son  paupérrimos. No obstante la legitimidad del reclamo, es menester señalar el revés de la trama.

Déficit alarmante del nivel en el aprendizaje de los alumnos. Niños y jóvenes y por ende la patria , con el futuro turbio y dudoso. El drama de la permanente decadencia proyectándose hacia adelante.

Trabas a las importaciones, producción menguada, sistema público de salud con prestación disminuida y la sanidad privada funcionando, en su mayoría, sin rentabilidad que posibilite su continuidad. Inseguridad vigente. Ánimo social efervescente. Emigración de jóvenes y de talentos profesionales en busca de mejores aires de realización.

Todo enmarcado en la insólita y vergonzante pelea interna  de las dos coaliciones mayoritarias. Acusaciones gravísimas, descalificación de integrantes de las mismas fuerzas, operaciones cruzadas  que destruyen y deslegitiman autoridad de funcionarios. Insólito e inexplicable.

Podríamos continuar con la lista de desventuras, dificultades y pesares diarios que vivimos los argentinos. No tiene sentido ahondar el dolor y profundizar la herida.

Reflexionemos acerca de nuestro karma permanente y que parece insoslayable, con espíritu positivo e inteligencia para revertirlo. No podemos ni debemos rendirnos, pese a la permanencia y lo prolongado  de la dolorosa caída.

Apelemos a nuestro mejor espíritu ciudadano y demandemos, exijamos y actuemos con vocación y esfuerzo práctico y racional para detener el estropicio y daño causado.

El voto es un gran instrumento para sentar una base de reconstrucción. Hagámoslo valer. Que no nos engañen con cantos de sirena. No hay salida fácil, ni mágica. Meditemos seriamente nuestro próximo voto. Es nuestro instrumento que puede posibilitar torcer el destino.

Tenemos, aparte del voto inteligente , una tarea dura e insoslayable. Esfuerzo colectivo, trabajo productivo, cumplimiento de la ley, control ciudadano, respeto al prójimo, desechar la demagogia y la improvisación son algunas de las conductas que se deben instalar para la gesta reconstructiva.

Prudencia,  compromiso completo, gestión eficiente cristalina y austeridad de la dirigencia  política son conductas necesarias y obligatorias para comenzar la reconstrucción.

Debe la sociedad empoderarse. Demandemos instrumentos de control ciudadano, instituciones de consultas públicas  para poder opinar sobre temas trascendentes que nos ocupan e interesan.

Revocatoria de mandatos dotan de mayor poder a los ciudadanos en nuestro sistema de democracia representativa. Valoremos los políticos comprometidos, eficientes y austeros que sirven al pueblo y descartemos , vía instrumentos institucionales de revocatoria, a todos aquellos no probos, ineficientes y no comprometidos como servidores públicos.

Está en los ciudadanos detener la caída permanente. No es una utopía, pero debemos asumirla y concretarla. “Argentinos, a las cosas”, ya, sin dilaciones.

Los hijos y la patria lo necesitan y también lo demandan. Podemos y debemos detener el calvario de la decadencia continua. 

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