La estrategia del miedo que usa el Gobierno nacional con las empresas

La estrategia del miedo que usa el Gobierno nacional con las empresas

La relación entre el Gobierno nacional y las empresas es cada vez más tirante. Algunas industrias están comunicando a sus proveedores del exterior el corte de pagos por fala de dólares, pero los funcionarios niegan que eso esté sucediendo. Curioso giro entre las declaraciones privadas y públicas

Horacio Alonso

Horacio Alonso

La falta de dólares y las trabas a las importaciones están generando que aumente la tensión entre las empresas y el Gobierno nacional. La imposibilidad de pagar con normalidad a los proveedores del exterior está complicando al sector privado.

La semana pasada se conocieron dos casos de industrias que están pasando por esta situación. Se trató de dos comunicaciones internas para sus proveedores que transcendieron públicamente. Una es el fabricante de tractores, buses y camiones Agrale y la otra la autopartista japonesa Yazaki.

El primero tuvo más repercusión porque en la nota interna se habló de llevar la fabricación a cero hasta fin de año ante los problemas para acceder a las divisas. Esto abría un panorama incierto al señalar que el reinicio de la producción quedaba supeditado a la solución del problema.

Una vez que la información trascendió, desde el Banco Central se comunicaron con la empresa. En la entidad monetaria entendían que lo mencionado por la compañía no se correspondía con la realidad y no querían ser responsables del freno de la producción por este motivo. Por esa discrepancia, un día más tarde funcionarios y representante de la empresa se reunieron para analizar el tema.

Desde Agrale aclararon cuestiones técnicas sobre la definición de “llevar a cero” la programación de la producción. Explicaron que eso no implicaba parar la fabricación de la empresa en su totalidad. Todo se trataría de un problema de una mala traducción al pasar el texto del portugués al español. La fábrica, ubicada en la localidad bonaerense de Mercedes, suspendió la actividad jueves y viernes y el lunes volvería a trabajar. Sin embargo, quienes recibieron esa nota interpretaron su contenido con la dureza que se tomó cuando se hizo pública y no con la explicación más suave que la empresa brindó al Banco Central. Tanto es así que muchos proveedores intercambiaron conversaciones por WhatsApp alarmados por la carta que habían recibido.

Por su lado, los funcionarios reconocieron que estaban haciendo mal el cálculo del cupo de dólares que debían asignar porque se estaban contabilizando la importación de bienes de capital. Al día siguiente se conoció una resolución modificando el tema. Se comenta que esa norma estaba “cajoneada” desde comienzo de mes lo que, en la práctica, favorecía a la menor salida de dólares.

Tras ese encuentro, la empresa está preparando una solicitada en donde explicará la situación. No hablará de parate de  producción hasta fin de año sino que la ajustará a los niveles que le permita el pago a sus proveedores, pero que estos volúmenes de fabricación son menores a los que se necesitan para atender la demanda.

No estará en este texto, pero la reducción de actividad que se analiza puede llegar al 40% del ritmo actual que está al máximo de su capacidad, con horas extras y trabajando los feriados. Lo que está claro es que el tono de esta comunicación no tendrá la dimensión de la que se conoció la semana pasada, la cual no estaba pensada para que se hiciera pública.

Este caso hace recuerda al del fabricante de neumáticos FATE, conocido el año pasado, cuando la empresa también envió a sus proveedores y clientes una nota interna en la que presentaba un escenario muy duro.

En esa oportunidad, el Banco Central también se reunió con la empresa que, tras el encuentro, suavizó el discurso en declaraciones públicas. Estos fueron casos públicos, pero hay numerosos ejemplos de empresas que prefieren mantenerse en reserva para no quedar expuestas ante las autoridades.

En las charlas en off  expresan la gravedad de la situación. Distinto es cuando tienen que manifestarse de forma abierta. “Es difícil hablar en público porque hay que mantener la buena relación con los funcionarios. Todos dependen de los dólares y cualquier cruce puede implicar un tratamiento diferente para acceder alas divisas”, explicó un empresario a MDZ.

A lo que se refiere este industrial es al temor a la “estrategia del miedo” que puede esperarse desde algunos despachos oficiales. Hace unos meses, los fabricantes de autos agrupados en ADEFA y los autopartistas de AFAC también hicieron una presentación ante el Banco Central en la que se advertía por la situación de más de 40 autopartistas que estaban en situación delicada por falta de insumos.

En principio, la idea de la comunicación era de mantener en el anonimato el nombre de cada empresa, pero la información completa se filtró. El resultado fue el enojo de estas empresas al quedar expuestas. “Estaban muy calientes por tomar estado público por temor a las represalias” confió en su momento a MDZ alguien que participó de la confección de la carta.

Aunque no haya hechos constatados de arbitrariedades oficiales al respecto, en las industrias saben que en la decisión de un funcionario está el acceso a los dólares y, por la dudas, nadie quiere enojar a la persona que tiene que poner la firma.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?