El Banco Central en la mira de Cristina

El Banco Central en la mira de Cristina

El directorio de la entidad esta en debate interno continuo. La relación de Pesce con Alberto. Las pujas entre directores complican el escenario.

Pedro Paulin

Pedro Paulin

Miguel Pesce se va a ir del Banco Central, él lo sabe y su directorio lo afirma con reserva. Hay consenso en la falta de acciones, de transformaciones concretas en su gestión, y la incapacidad de haber impuesto criterios para marcar un norte en el hacer del día a día. Hay quienes aseguran que la venta masiva de bonos CER y la reunión de Cristina Fernández de Kirchner con Carlos Melconian de los últimos días son dos hechos que determinaron el fin. 

Melconian pudo haber llegado a la reunión con Cristina Fernández de Kirchner por recomendación de Alejandro Vanoli, otrora líder del Anses caído en desgracia por las interminables filas de jubilados para cobrar en pandemia. Otros sostienen que fue el intendente de la cordobesa ciudad de Leones, Fabián Francioini, reticente a la conducción actual del schiarettismo. 

MDZ pudo confirmar la salida inminente del llamado “albertismo económico” según definieron dirigentes cercanos a quien será en breve el ex presidente del Banco. Eso incluye a  Mercedes Marcó del Pont, titular de la AFIP y quien trazó, como Pesce, una amistad con el presidente Alberto Fernández, según varios, lo único que los sostiene en los respectivos cargos. 

Pesce había logrado apenas llegado al banco la amistad y reciprocidad con dos entidades por demás influyentes en el mundo financiero, la Asociación de Bancos Argentinos ADEBA y ABA, Asociación de Bancos de Argentina. Esa excelente sintonía con ambas entidades, que hasta a los propios macristas del Central sorprendía, le valió rencores y críticas por empezar de Sergio Palazzo, a quien Pesce, dicen, le tiene pánico por su injerencia gremial y en el poder político. 

Tal vez su buena amistad con Rafael Selva, uno de los líderes de la gremial interna, le permite irse de la mejor forma, su diálogo es bueno y su vínculo exceptúa aclaraciones, es el marido de la hermana de Pesce. 

“Miguel se recostó en los bancos, y cuando les dijo que no tenía financiamiento, esperó que se conmuevan los banqueros, se decepcionó, está pidieron amor en una orgía”, detalló eufemístico un alto dirigente de la entidad bancaria de origen radical, como Pesce. 

Internamente, el directorio, la llamada mesa chica del Central tiene resistencias a la figura del presidente de la entidad: Agustín Dattelis recién desembarcado sacó una serie de planillas el jueves último donde detallo errores técnicos en la gestión. A su vez, Jorge Carrera, de los más formados académicamente y con mucha historia en el sector, dejó de apoyar sus mociones. Lo mismo para Zenón Viagosch, de estrecho vínculo con el lavagnismo y los Estados Unidos, no todos tienen el contacto con el exterior, una agenda que incluye sector público y privado. Por moción o recomendación del propio Alberto Fernández, la abogada Claudia Berger que había trabajado con Fernández en la super intendencia de Seguros y Betina Stein son quienes resisten la caída de Pesce pero cada vez con menos pasión. Arnoldo Bocco sostiene la ambiguedad como otros y en otros tiempos de Martín Redrado, equilibristas de la institución que logran la equidistancia con el calor del poder para no quemarse ni sufrir el congelamiento. 

Miguel camina los últimos tiempos en el Central y entiende que la reunión con Melconian y el tifón de bonos que sostienen la fuga reservas no son promisorios para su futuro. Hay quienes sostienen que su excelente relación con algunos banqueros, en especial la familia Brito hoy representada en Ezequiel Carballo, actual gestor del imperio Brito, puede ser la nueva salida laboral.

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