Alberto Fernández, aislado, puede perder definitivamente a otro referente vital

Alberto Fernández, aislado, puede perder definitivamente a otro referente vital

Alberto Fernández volverá a viajar a una cumbre internacional acompañado de Sergio Massa. Tendrá que convencerlo de lo que viene y que en esa nueva etapa lo tendrá como protagonista. La pregunta que no se hizo el presidente es qué pasa si luego no cumple con su promesa.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

Alberto Fernández tiene que volver a invitarlo a viajar a Sergio Massa, tal cual lo hizo cuando lo llevó hace quince días luego de la designación de Daniel Scioli y ambos emprendieron viaje a Estado Unidos a la Cumbre de las Américas.

La excusa de la nueva excursión, en este caso a Europa, a la reunión del G7, sigue siendo la misma. Convencerlo de que lo ayude a menguar la furia desatada desde el kirchnerismo camporista, explicarle los planes que tiene y sugerirle que, más adelante, vendrán los cambios que Massa le viene reclamando.

Del otro lado, el líder del Frente Renovador seguramente tratará de hacer todo lo contrario. Hacerle ver al presidente que esta forma de gobierno que él organizó no tiene destino, que en el fracaso caen todos y que si sigue con esta tesitura no sólo perderá él, sino que el peronismo y todos los que adhirieron al Frente de Todos tendrán muchos años fuera del poder.

Aunque no llegó a decirle lo mismo que le dijo en el discurso Jorge Ferraresi, hace veinte días, cuando en un acto en Avellaneda sugirió que tras la derrota muchos de los funcionarios pasarán dando explicaciones ante jueces y fiscales mientras que otros darán clases en universidades internacionales. No dijo nacionales, para no ser más gráfico con el pasado reciente del presidente Fernández.

Massa le alertó a todos sus dirigentes que se tomará quince días para evaluar qué hará dentro del frente gobernante. A alguno, inclusive, le sugirió que se iría del Gobierno si nada cambia. Lamentablemente para él, salvo acontecimientos extraordinarios, para el presidente los tiempos nunca pasan. El “vamos viendo” es el leitmotiv de su Gobierno.

Inclusive tuvo que intervenir un ministro de su absoluta confianza para que Fernández terminara nombrando a Guillermo Michel al frente de la Aduana, tal cual le había pedido Massa, entre otras cosas, en el viaje de hace quince días. “Hacelo ahora, porque sino, después lo vas a hacer igual pero con quince días teniendo a Sergio enojado. ¿Qué ganas?”, le dijo su funcionario. Michel asumió la semana pasada.

El enojo/decepción de Massa con el presidente es su falta de apego a la palabra y lo que le cuesta a Fernández acertar con sus decisiones. Inclusive luego de haber estado dos horas con él, nunca le avisó de la designación de Daniel Scioli, con el que la familia Galmarini-Massa no tiene ninguna relación y siempre lo consideró un rival político. 

Nadie cree fuera del entorno massista que su jefe pueda dar un golpe de timón tan fuerte. A pesar de que él mismo está más que incómodo en un lugar donde tiene que lidiar entre dos personalidades absolutamente diferentes, el presidente y su vice, es muy poco probable que de un día para el otro Massa deje a tanta gente de su entorno sin trabajo al abandonar ministerios y despachos de suma importancia.

Indudablemente, cree imprescindible un golpe de timón en lo más alto del poder. No sólo quiere que Alberto Fernández termine su mandato, sino que “lo termine bien” por el “bien de todos, nosotros y la gente”, le dijo hoy a MDZ uno de los dirigentes que más lo conoce.  

Pero para esto “deben cambiar sustancialmente las expectativas del Gobierno, revolver todo de tal manera que sea muy visible que hay un rumbo”. Este deseo, sin embargo, debe convencer a la vicepresidenta, quien tal cual lo dijo un intendente del conurbano que habló con ella, “en privado te dice todo que sí, pero después hace lo que ella quiere”.

El costo que tendrá para el presidente este segundo viaje consecutivo con el presidente de la Cámara de Diputados ni él lo puede calcular, porque es muy probable que cuando vuelva nada nuevo ocurra. Si es así, Massa tendrá la excusa justa y necesaria. Nadie se queda en un lugar donde no lo necesitan.

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