Por qué Uruguay deja mal parado otra vez a Alberto Fernández

Por qué Uruguay deja mal parado otra vez a Alberto Fernández

El enfrentamiento del Gobierno nacional con el uruguayo viene siendo constante. En materia sanitaria, durante toda la pandemia, sumó diferencias. El inicio del ciclo lectivo en ambos países vuelve a evidenciarlas con la política distinta en cuanto al uso de barbijos en los colegios.

Horacio Alonso

Horacio Alonso

Durante toda la pandemia, el Gobierno nacional ha remado contra la corriente. En materia sanitaria, la mayoría de las decisiones tomadas despertaron siempre polémica y, lo que es peor, el presidente Alberto Fernández quedó envuelto en enfrentamientos con otros países al criticar las políticas de salud que implementaban en defensa de las que aplicaba la Argentina. Los cruces con los gobiernos de Suecia y Chile son sólo un ejemplo.

A la larga, los resultados mostraron la ineficacia de las medidas dispuestas localmente ya que el país se ubicó entre los que más contagios y muertos acumuló como consecuencia del covid. Pese a esta mala experiencia, se mantiene esa estrategia de llevar una política contraria a la tendencia mundial y las evidencias científicas.

Con el comienzo del ciclo lectivo, se dispuso un protocolo sanitario a nivel nacional que, entre otras cosas, estableció la obligatoriedad del uso de barbijos en los colegios en todos los niveles.

La medida es resistida por algunos distritos no oficialistas, por padres de alumnos y por especialistas, que alertan por las consecuencias negativas en el proceso de aprendizaje.

Sin embargo, los colegios argentinos están dictando clases bajo esa modalidad. La ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, decidió que sólo se aplique a partir de cuarto grado. Por su parte, Mendoza levantó la obligatoriedad desde hoy de utilizar barbijos en el nivel inicial y primario.

El resto del país mantiene la restricción. En un contexto de crisis económica y política, todo indica que esta decisión no está entre las prioridades para revertirla. Al contario, desde la provincia de Buenos Aires – siempre la más dura en materia de restricciones – no hay atisbo de cambio.

En contraste, vuelve a aparecer Uruguay, un país con el que el kirchnerismo tuvo siempre discrepancias. También hubo diferentes cruces de declaraciones entre Fernández y el presidente Luis Lacalle Pou, un político en las antípodas ideológicas del Gobierno argentino.

En materia de coronavirus, siempre hubo diferencias. Mientras en Argentina se cerraba la economía, se disponía cuarentenas y se perseguía a surfers o señoras tomando sol, del otro la del Río de La Plata se apostaba a la conciencia ciudadana y a las libertades.

Con esos dos diferentes estilos, Uruguay transitó la pandemia con mejores números sanitarios que la Argentina y sin el daño económico que provocó la extrema cuarentena.

También en materia educativa hubo diferencias. Mientras en la Argentina los colegios permanecieron cerrados todo el 2020, a partir de marzo, en Uruguay la virtualidad duró los primeros meses y, de forma gradual, se fue volviendo a la presencialidad en la segunda mitad del año. En 2021, se dictó clases con normalidad. En la Argentina, se comenzó el ciclo lectivo del año pasado con esquemas de burbujas, se cerró temporalmente a partir del abril y se mantuvo hasta entrada la primavera una presencialidad acotada.

Ese contraste se repite ahora. Desde la agrupación Padres Organizados, remarcan la diferencia entre los dos países en materia de barbijos.Mientras Uruguay eliminó la obligatoriedad del uso de tapabocas, en la Argentina sigue siéndolo sin evidencia científica dice desde este colectivo de padres. Por este motivo, la agrupación va a presentar un amparo judicial en los próximos días.

Salvo los dos distritos mencionados, el resto de las provincias argentinas están dando clases con la obligatoriedad del uso de barbijos en todos los niveles. En cambio, en Uruguay, se eliminó su utilización en los colegios, tanto en inicial, primario y secundario.

Esta es la tendencia que se está imponiendo en el mundo. Los países escandinavos, Inglaterra, Irlanda y Bélgica ya han dejado de utilizarlo en los colegios. En otros, están a punto de hacerlo. Lo mismo sucede en algunos estados de Estados Unidos.

La discusión tiene bases científicas. Un estudio realizado en España sobre más de 600.000 casos concluyó que el uso de barbijos en los colegios es ineficaz. En ese país, los chicos de hasta cinco años que concurren al nivel inicial, no han mostrado diferencias en cuanto a contagios respecto de los de seis años que concurren a primaria y sí deben usarlo.

Además, ya está demostrado científicamente que los tapabocas que se utilizan masivamente, de tela simple, no cumplen con ninguna protección, por lo que su uso es simbólico en cuanto a lo sanitario, pero dificulta el habla y la interrelación entre los alumnos y con los profesores.  

A esto se suma que los chicos, fuera del ámbito escolar, se relacionan con otros chicos, en la práctica de deportes, juegos o reuniones en los hogares y no han mostrado un aumento de los contagios. Ademas, los datos muestran que los niños son menos proclives a contagiarse y a presentar cuadros severos.

También es fuerte el contraste entre lo que sucede en el resto de la sociedad donde se ha relajado su utilización. Eventos masivos, restaurantes, espectáculos son ejemplos donde se realiza una vida casi normal, mientras que la restricción se mantiene en las escuelas.

El avance de la vacunación, la baja de los casos, es algo que se viene registrando desde hace meses, por lo que la medida sobre los alumnos parece estar desconectada de esa realidad.

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