Argentina y Brasil: tierra de amor y balanza deficitaria

Argentina y Brasil: tierra de amor y balanza deficitaria

Todo indica que el populismo volverá a desembarcar en el poder brasileño y el kirchnerismo intentará reeditar la buena relación que Néstor Kirchner tuvo con Lula a comienzos de la década del 2000.

Pedro Paulin

Pedro Paulin

Lo lógico y esperable es que el populismo vuelva a desembarcar en el poder brasileño y que el kirchnerismo busque reeditar el inmejorable escenario de inicios de los años 2000 cuando Néstor y Lula generaron un estrecho vínculo personal y político que duró sus dos mandatos.

Muerto Néstor Kirchner, será el turno de Alberto Fernández y Sergio Massa, pero esencialmente de Daniel Scioli, quien posicione al país en la agenda del gigante vecino, principal comprador de distintos sectores productivos. Un Gobierno inteligente, con visión estratégica, hubiera tejido buenas relaciones con el PT y la derecha liberal por si el resultado no es el esperado, es la situación geopolítica de advertir y adelantarse la que posiciona a dirigentes como lúcidos y visionarios y no simple apasionados amateurs, sea del lado de la grieta que sea.

Gane quien gane, el intercambio comercial entre Argentina y Brasil va a ser similar, en los dos países hay cierto consenso, casi una certeza: el año que viene gobernará un presidente opositor al kirchnerismo en el país y Brasil seguirá teniendo saldo positivo a favor en la relación venta/compra con el país que sea del sur. Lula como favorito en las encuestas de Data Folha no es ya el líder metalúrgico que insultaba y quería una revolución socialista hace veinte años. Con 76 años y un cáncer superado, la prudencia y la visión de estado equilibrado son ejes que antes no estaban en su discurso. 

El populismo brasileño en cara del PT y del kirchnerismo en Argentina se entrelazaron políticamente y decidieron avanzar juntos desde que Néstor Kirchner llegó al poder en 2003 con el 24% de los votos. No habían pasado diez meses desde su asunción, que Ignacio Lula Da Silva decidió llegar a Buenos Aires junto a una enorme comitiva para abrazar a un gobernador ignoto, con poco apoyo e ideas poco habituales, de imagen campechana y nulo conocimiento internacional y dar comienzo a un vínculo que generó rispideces pero que fue fructífero durante diez años en términos económicos, políticos y culturales.

El cable 283/2003 de Cancillería anunciaba entonces que "nos comprometemos a instrumentar políticas públicas que apuntalen el crecimiento sostenido y la distribución equitativa de sus beneficios, propiciando ordenamientos tributarios y fiscales más justos". Era el comienzo de una nueva forma de pensar la Argentina y la región que iba a ver nacer  la división más grande en la sociedad desde Juan Perón apuntando al principio en el superávit comercial, la tensión con el Norte y meter la mayor cantidad de familias en la clase media, algo que Lula logró y no Néstor Kirchner.

Durante la presidencia de Lula, entre 2003 y 2010, casi 30 millones de brasileños abandonaron la pobreza y se sumaron a la economía de mercado. En noviembre de 2005 nació la alianza política brasileño argentina más fuerte de la historia moderna, donde Néstor Kirchner y Lula Da Silva lograron junto a Hugo Chávez dar por terminado el proyecto que impulsaba George Bush para generar un tratado de libre comercio en América que, a ojos de los populistas del sur, generaría más dominación norteamericana y limitaría las exportaciones de los países en vías de desarrollo. Ese fin de semana en Mar del Plata, con Maradona, Hebe de Bonafini, Chávez, Kirchner y toda la militancia, se enterró el plan de Bush en una ciudad sitiada por portaviones, militares de distintos países y una tensión política difícil de empardar en ese lugar. Eran épocas de populismos en alza como los comodities, que sirvieron de rueda de auxilio para el gasto expansivo y  que hicieron ambos gobiernos y el Ecuador de Rafael Correa.

Las cosas cambiaron y la relación comercial fue siempre la misma: Brasil exportando mucho a Argentina y generando balanza negativa para el país. Las ventas hacia Brasil aumentaron en agosto interanual  de 2022 un 31,1% llegando a U$S 1315 millones y continuando con la posición positiva de los meses previos. Así entonces, mientras las importaciones desde aquel destino fueron por U$S 1570 millones y mostraron una expansión interanual del 40,4%. Así, el saldo comercial para Argentina volvió a dejar, como siempre, déficit de U$S 255 millones, algo que no pasaba desde la gestión de Mauricio Macri en 2018, último período con más de ocho meses del año con déficit comercial.

El comercio entre Argentina y Brasil lleva ocho meses negativos para el país de Alberto Fernández con un déficit de U$S 1969 millones debido a que las exportaciones crecieron 18,8% en 2022 con respecto a ocho meses de 2021, mientras que las importaciones desde Brasil aumentaron un 35% en el mismo período.

Así entonces, el objetivo será reestablecer reglas claras que permitan que, sea el PT o el liberalismo de Jair Bolsonaro, estrechen un vínculo que desde épocas de la colonia no se entorpeció a pesar de los intentos políticos que generaron cortocirtuitos.

 

 

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