Por qué María Eugenia Vidal modificó su palabra y habilitó otro debate sin fin

Por qué María Eugenia Vidal modificó su palabra y habilitó otro debate sin fin

La pretensión de algunos intendentes de ampararse en el atajo legal de un decreto que va en contra de lo que dictó la ley que limito las reelecciones ratifica que la clase dirigente sólo resuelve sus problemas y los de su ecosistema. Si bien no todos los casos son lo mismo, las dudas sí.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

El decreto reglamentario de la ley 14836, firmado por María Eugenia Vidal casi al borde de la finalización de su mandato, modificó el espíritu de la norma que ella misma apoyó en 2016. La exgobernadora firmó: “A los efectos del cómputo del tiempo de ejercicio del cargo para el que fueron electos, se presume ejercido sin interrupciones al día 10 de diciembre del año en que fenece el mandato correspondiente, salvo prueba en contrario".

Este es el motivo por el cuál, súbitamente, casi unos veinte intendentes eligen lo que de otra manera jamás hubieran hecho. Irse del municipio que gobiernan. Sin embargo, cada uno de ellos tiene una explicación que merece ser analizada con particular detenimiento y no someterlos sólo al debate de “agarrar el atajo institucional para volver a ser electos” dentro de dos años.

Claramente, la resolución final de la exgobernadora cambiemista va en contra de la ley original, que en su artículo primero disponía taxativamente la contabilización del período iniciado en el año 2015 como el primero en caso que cuatro años después el jefe comunal, concejal o consejero escolar quisiera ser reelecto. Y se especificaba que sólo podía tener una reelección.

Aquella normativa, que modificaba otra ley, la que regula la manera de elegir a las autoridades municipales y determina derechos y obligaciones, había sido impulsada por Sergio Massa a través de su esposa, Malena Galmarini, por entonces legisladora bonaerense.

Eran tiempos donde la Cámara de Diputados era presidida por Jorge Sarghini, uno de los primeros en sumarse al Frente Renovador. Era un acuerdo con Vidal que se mantuvo hasta casi el fin de su mandato, cuando también se impulsaba el desdoblamiento electoral para los municipios. Era la emancipación del kirchnerismo para los intendentes y del macrismo para los vidalistas.

A esta alianza extraoficial la apoyaban una veintena de jefes comunales peronistas que se consideraban, simplemente, dialoguistas, y que en 2013 acompañaron a Massa en la construcción del Frente Renovador. Otros, como Martín Insaurralde, provenían del Frente para la Victoria. Todos ponían a disposición de estos y otros proyectos a los legisladores que estaban bajo su mandato político.

Por razones jamás informadas oficialmente, porque de manera extraoficial se difundió la idea que el decreto reglamentario llegó tras un acuerdo no escrito para evitar problemas posteriores a su salida del Gobierno provincial, Vidal firmó un decreto que puso pata para arriba lo decidido por los diputados y senadores bonaerenses tres años antes.

Cada uno de los intendentes que se fueron de sus municipios tienen razones de peso para explicar que no lo hicieron para especular con el decreto reglamentario.

Gabriel Katopodis lo hizo apenas fue electo hace dos años como intendente de General San Martín. Fue por pedido expreso del presidente que lo tuvo siempre como ministro in péctore en caso de ganar la elección.

Para darle más musculatura política y también otra impronta llegó a Desarrollo Social el más albertista de todos, Juan Zabaleta. Tampoco especuló con la inhabilitación de las reelecciones. “Pongo un referente mío y ganamos Hurlingham”, siempre dijo.

En una búsqueda por también ampliar la base propia del nonato albertismo en la provincia de Buenos Aires y empezar a quebrar la hegemonía en el Conurbano de los amigos de Máximo Kirchner es que se nombró a Jorge Ferraressi en Hábitat. Su antecesora, María Eugenia Bielsa, era una de las funcionarias que no funcionaban.

También merece ser debatida la idea que Martín Insaurralde y Leonardo Nardini se hayan ido a formar parte de la gestión bonaerense por un mero hecho especulativo. Fue por pedido de Máximo Kirchner que ambos llegaron a la administración que conducía, sin foráneos de su entorno, Axel Kicillof.

Si bien es cierto que todos pueden incorporarse al debate abierto sobre el “salto” a la ley 14.836, la razón fundamental para que estos hayan sido designados tienen más que ver por el grado de cercanía con las máximas referencias políticas del Frente de Todos que por otra cosa.

Santiago Magiotti, el segundo de Ferraresi en Hábitat, es otro de los que tampoco amerita detenerse en una discusión exhaustiva. Su familia domina el mapa político de Navarro desde hace más de tres décadas.

Diferentes pueden ser los casos de Ariel Sujarchuk, Camilo Echarren u Osvaldo Caffaro, por ejemplo. El primero, de Escobar, fue uno de los que más pidió debatir el tema de las reelecciones. El de Castelli, por caso, siempre estuvo dispuesto a asumir roles ejecutivos, pero ahora aprovechó el atajo para poder volver a presentarse. Y en el caso de Caffaro, de Zárate, sin sucesor claro para continuar administrando Zárate, y ante la posibilidad de tener que disputar contra Sergio Berni, también está la doble intención de salir para después volver.

El único intendente de Juntos que decidió pedir licencia fue Jorge Macri, en Vicente López. Todo indica que no lo hizo por una cuestión especulativa, pero siempre las dudas se instalan. El jefe comunal jamás fue convocado por las gestiones de su primo Mauricio o por la propia Vidal, que no citó a ningún intendente para su gestión.

La convocatoria de Horacio Rodríguez Larreta, negociada mientras se discutían las candidaturas bonaerenses de las últimas elecciones, puede entenderse también como un guiño para el primer referente PRO de la provincia de Buenos Aires. En el distrito también estaría acordada la continuidad de Soledad Martínez.

A diferencia de los casos peronistas, en su propio espacio, alguien que no lo quiere, el intendente de Campana, Sebastián Abella, le reprochó haberse ido a la ciudad y le volvió a reclamar la renuncia a la presidencia del PRO bonaerense. Ya lo había hecho antes de las PASO, pero nadie lo escuchó.

Quien también siempre se especuló con un futuro rol gubernamental o de secretario de Estado es Gustavo Menéndez, de Merlo. Hasta ahora no llegó esa llamada que esperaría con ansias. En el conurbano, quien sí se fue pero fue electo para otro cargo fue el intendente de Almirante Brown, Mariano Cascallares, quien al igual que Zabaleta, tuvo que dejar a cargo del municipio a un kirchnerista camporista. Hasta que decidan volver…

En total son dieciséis los jefes comunales con cargos ejecutivos, y pueden ser más, algunos de ellos del interior bonaerense. Otros históricos, como Mario Ishii, José C. Paz; Alejandro Granados, Ezeiza; Alberto Descalzo, Ituzaingó; Fernando Gray, Esteban Echeverría; Juan José Mussi, Berazategui; o Andrés Watson, Florencio Varela, entre otros, son de los pocos que no pensaron en irse. Por sucesión de hijos en gestión y poder territorial firme a través de aliados propuestos por ellos, ninguno piensa con angustia qué sucederá si no tienen reelección.

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