La política exterior de un presidente que no gobierna

La política exterior de un presidente que no gobierna

El autor de la nota, concejal de San Rafael, licenciado en Relaciones Internacionales y magister en Procesos de Integración Regional, opinó sobre la decisión del presidente Alberto Fernández de no invitar al gobernador Suarez a Chile.

Redacción MDZ

Redacción MDZ

Por Francisco Mondotte
Concejal de San Rafael. Licenciado en Relaciones Internacionales y Magister en Procesos de Integración Regional

Este lunes la Presidencia de la Nación confirmó que Chile será destino de la próxima visita de Estado de Alberto Fernández. Un acierto. Con la República de Chile nos une la frontera más larga de Latinoamérica, un intercambio comercial significativo y una historia no exenta de conflictos y con coincidencias culturales profundas.

Chile es junto a Brasil el socio regional más importante para Argentina. La puerta a los países de Asia Pacífico, un Estado con el que compartimos vastas reservas de recursos naturales y un corredor bioceánico extendido que aún puede desarrollarse significativamente con mejoras en infraestructura. Una economía con la que compartimos mercados y que con una política regional inteligente, estratégica y concertada, podría significar mejoras sustanciales para quienes desde Argentina exportan a las góndolas del mundo.

Este vínculo es aún más intenso para Mendoza. Tal es así que en lo que va del siglo XXI, Argentina acreditó como embajadores ante el Gobierno de Chile a Carlos de la Rosa, Carlos Abihaggle y José Bordón, todos referentes de Mendoza. Diferentes gobiernos nacionales de distintos partidos políticos destinaron a mendocinos a cargo de la representación en Chile, personas conocedoras del país vecino, la idiosincrasia de su dirigencia y sus intereses de Estado.

Solo por el paso Libertadores, el más importante de los que vinculan a nuestro país con Chile, pasan en un año normal más de un millón y medio de personas. Ese mismo paso es transitado por el 45% del transporte de carga de Chile. Estratégicamente, desde una mirada comercial, cultural y productiva, Chile es trascendental para Mendoza y Mendoza importante para Chile.

¿Por qué estos datos? Por la decisión del Presidente Alberto Fernández de no incorporar en la comitiva oficial de su visita de Estado a Chile al Gobernador de Mendoza Rodolfo Suárez.

Alguien podría señalar allí una decisión político partidaria. Y puede serlo. Casualmente sí acompañarán a Fernández cuatro gobernadores de provincias menos pobladas, con menor desarrollo relativo, vínculos menos avanzados con Chile pero gobernados por hombres de la misma filiación que el Presidente.

Estamos ante dos problemas. El primero, que el Gobierno Nacional no percibe diferencia alguna entre la política exterior y la política partidaria local. Un nuevo capítulo de la eterna superposición entre Estado y partido que caracteriza al populismo. El segundo, la insolvencia de un Gobierno que requiere acuerdos amplios que lo trasciendan y que en este sentido pierde una oportunidad de generar confianza y previsibilidad emitiendo una sana señal de pluralidad con un simple gesto.

A meses de asumir la presidencia Mauricio Macri viajó al Foro de Davos. En aquella oportunidad integrando la comitiva oficial fue Sergio Massa, quien meses antes había perdido la elección presidencial con Macri. Ese gesto en política exterior es significativo. A menudo, los temas que se extienden más allá de las fronteras del Estado trascienden también los mandatos políticos. Por eso, en un país con la historia de virajes ideológicos y estratégicos de la Argentina, que un presidente viaje acompañado de un referente opositor tiene un valor simbólico apreciable.

En la balanza de Alberto (autopercibido equilibrista cada vez más debilitado por las internas que atraviesan a su espacio político) pesa más el mandato kirchnerista de hostigar al que piensa distinto que la oportunidad de proyectar una imagen institucional seria al mundo. En el medio, como siempre, la ciudadanía cansada de un Gobierno cuyas prioridades están divorciadas hace rato de las necesidades del país, inmerso en una crisis sanitaria sin precedentes y con una situación económica deteriorada.

Nuestra agenda no cambia. Los sanrafaelinos seguiremos haciendo lo necesario para impulsar el Paso Las Leñas, una mega obra que permitiría el intercambio comercial los 365 días del año sin quedar sometidos a las inclemencias climáticas. Y todos los mendocinos intentaremos que prime una mirada más moderna e inteligente de la inserción del país en los mercados internacionales nos acerquen más a la estrategia de Chile, que conquista mercados a fuerza de acuerdos bilaterales.

Mendoza seguirá ligada a Chile, cada día más. Suárez seguirá gobernando Mendoza. Los camiones seguirán cruzando la cordillera y nuestras economías se estrecharán aún más. Pero claro, en la medida en que los vicios de una política de cabotaje con mirada de corto plazo y baja calidad institucional sigan moldeando la política exterior, cada día será más difícil dejar de ser una tierra de promesas para ser, de una buena vez, una tierra de progreso.

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