Hay años que son malos... pero el vino los mejora

Hay años que son malos... pero el vino los mejora

Frente a los tiempos duros que nos tocan vivir, conviene tomarse un momento para disfrutar del vino argentino. ¿Por qué estamos en el mejor momento de la bebida nacional? Te lo cuento en esta columna.

Federico Lancia

Federico Lancia

Resulta agobiantemente obvio hablar de lo que viene siendo el año 2021, producto de lo que todos ya sabemos. Nuestra vida, estos últimos tiempos nos la cambiaron. Y eso no puede dejar de tener consecuencias. 

Pero por suerte está el vino. Y en particular, el vino argentino, que es el que nosotros tenemos a nuestro alcance. Porque como bien sabemos, vivimos en un país que consume sus propios vinos y además nos alcanzan para compartirlo con el mundo. 

Cuando hablo del vino, no me refiero a recurrir a él en esa suerte de síndrome “escapista” que trae consigo por ser una bebida alcohólica. El alcohol en el vino es una consecuencia. Sin dudas, si lo buscamos para escaparnos de algo, el problema será mayor. Por eso ante todo y sobre todo, la moderación. 

El punto es que frente a la situación gris que nos toca enfrentar este último tiempo, tenemos al alcance de la mano el disfrute del vino argentino, que es de los mejores ejemplares que el mundo puede disfrutar: en todas sus caras. 

Así como nos toca enfrentar una situación excepcional, tenemos hoy la enorme posibilidad de probar los mejores vinos de Argentina. Tanto para aquellos que vienen siguiendo la bebida y sus cambios desde hace años como los nuevos consumidores que se animan a sugerir innovaciones o valorar la cultura enológica de nuestro país. 

El disfrute del paisaje mendocino y un buen vino.

Por el privilegio de dedicarme exclusivamente a este tipo de comunicación, lo compruebo semana a semana. En las diferentes degustaciones y presentaciones con las bodegas y sus productos. La enorme variabilidad, la diferencia de perfiles, las grandes novedades y el desarrollo sobre la madurez y lo clásico. 

Vinos blancos exuberantes, rosados de locura, Malbec con el sello argentino, Malbec irrepetibles, el Cabernet Franc explosivo, la potencialidad del Cabernet Sauvignon, el auge de los vinos de altura, espumantes con la elegancia exclusiva tan difícil de lograr y podría seguir por mucho hablando de otros varietalea. 

Para aquellos que hemos podido comparar, sin ánimos nacionalistas ni de pura bandera, la calidad del vino argentino, en todos los segmentos, juega de igual a igual con cualquier exponente mundial. Después sí, suman otras cosas: historia, posicionamiento en los mercados, valor de marca, desarrollo de marketing. Pero líquido contra líquido es interesante lo que sucede. 

Ni hablar si además te sumo las bodegas y su enoturismo. Y el paisaje en las que se enmarcan cada una de ellas. Y no me refiero sólo a Mendoza. Es cuestión de detenerse un instante y tomar conciencia de lo que tenemos a mano. Es de alto vuelo. 

Por eso creo que al final el vino nos salvará. 

Es ese momento. Esa copa irrepetible.

Porque como dice la frase. Hay vinos que mejoran con los años y hay años que mejoran con los vinos. 

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