Solo 300 habitantes

El pueblo de cuento entre las sierras donde todo es tranquilidad y no cierran con llave las puertas

Este pueblito argentino supo mantenerse casi en secreto. Sin embargo, ahora todos hablan de él porque fue reconocido a nivel internacional como uno de los más lindos del mundo.

Felicitas Oyhenart
Felicitas Oyhenart viernes, 3 de noviembre de 2023 · 00:02 hs
El pueblo de cuento entre las sierras donde todo es tranquilidad y no cierran con llave las puertas
Este pueblo es un paseo en el tiempo Foto: Felicitas Oyhenart

Recorrer tranquilos pueblos, empaparse de su historia, recorrer sus calles, sentir sus aromas y conocer a su gente es una actividad que cada vez atrapa a cada vez más viajeros; en especial, a aquellos que prefieren viajar sin prisa y dejarse sorprender por destinos poco explorados y lejanos al turismo de masivo.

En el corazón de las sierras de la provincia de San Luis durante más de 200 años este pueblito de calles y casas de piedras permaneció prácticamente oculto. Sin embargo, hoy sus postales dan la vuelta al mundo y todos hablan de él.

Su nombre es La Carolina y hace pocas semanas fue nombrado uno de los pueblos turísticos más bellos del mundo. 

Este pequeñito poblado de un par de cuadras no es uno más de la lista. Si bien la tendencia a vivir en las grandes ciudades lleva a que muchos pueblos queden en el olvido y corran riesgo de desaparecer, en La Carolina sus habitantes parecen ajenos a esta situación que se repite en otros destinos y están orgullosos de vivir allí.

La razón que lo lleva a ser diferente es que sus habitantes tienen un gran sentido de pertenencia y se sienten profundamente arraigados a su lugar de origen. Cada uno de ellos conoce la historia de sus antepasados y el gran esfuerzo que hicieron por preservar el patrimonio y mantenerlo casi intacto.

Sus calles y casas de piedras hacen que parezca de cuento. Foto: Felicitas Oyhenart

La Carolina se encuentra a 80 kilómetros de la Ciudad de San Luis. El pueblo se despliega tímido en la base del cerro Tomolasta, a 1600 metros de altitud sobre el nivel del mar. 

El lugar supo ser la sede de la fiebre del oro; es un antiguo pueblo minero y ahora allí viven en su mayoría descendientes de aquellas personas que trabajaron en la antigua mina. 

“Mi abuela llegó desde San Francisco del Monte de Oro y mi abuelo desde Alemania. Ambos comenzaron a trabajar en la mina de oro en la década del ´30, él murió trabajando allí”, recuerda Noemí Farber quien nació en La Carolina y actualmente tiene un hospedaje en el lugar.

Este pintoresco tesoro resguarda la historia de los primeros buscadores de oro de Argentina. En sus inicios se lo conoció como San Antonio de las Invernadas; sin embargo, en 1794, el virrey Sobremonte, gobernador intendente de Córdoba del Tucumán, cambió el nombre del pueblo por su actual “La Carolina”, en honor del rey Carlos III de España.

En el pueblo funcionaba una mina de oro. Foto: Felicitas Oyhenart

En este pueblo de calles y casitas de piedra reina la tranquilidad. “Acá nosotros dejamos las puertas abiertas, las cosas afuera y los chicos caminan por las calles y no pasa nada. Esto no sucede en las ciudades y sorprende a los turistas”, cuenta Ximena, una joven de 18 años que vivió toda su vida en La Carolina.

La vida en el pueblo es muy serena. “Un día en La Carolina es levantarse, escuchar el ruido de los pajaritos, tomar mates en silencio y en paz”, cuenta. Ahora bien, si de noche se trata, los más jóvenes pocas opciones tienen; solo hay un bar en la calle principal, el cual abre los fines de semana.

El bar del pueblo que funciona los fines de semana

Un día de paseo por La Carolina 

Sus puentes son parte de las postales típicas del lugar. Foto: Felicitas Oyhenart.

Hasta este pueblito colonial, que parece haberse quedado detenido en el tiempo, llegan turistas curiosos por conocer su historia y fotografiarse en sus pintorescas postales.

A uno le basta tan solo un par de horas para empaparse de recuerdos y hallar la esencia del lugar. Cada rincón de La Carolina invita a mirar hacia atrás y conocer cómo fue la vida de antaño de aquellos trabajadores mineros.

Recorré el pueblo en este video

Recorrer a pie sus calles empedradas es un placer. En el paseo, es casi obligatorio para todo visitante detenerse en sus pequeños puentes o ante las típicas casas de un piso con sus fachadas prácticamente intactas. Las construcciones originales eran de piedras unidas con barro, techos de chapa o paja siguiendo un mismo modelo arquitectónico. 

Cada una de estas casitas históricas tiene su placa que explica qué edificio funcionó allí: la primera escuela, la primera estafeta postal, el almacén de ramos generales.

Para profundizar en la historia de La Carolina hay que sumar en la lista de atractivos la visita a la antigua capilla Nuestra Señora del Carmen, que tiene sus orígenes en 1732, aunque fue edificada varias veces en el mismo lugar y en 1957 se construyó la actual. O recorrer  el Museo de la Poesía Juan Crisóstomo Lafinur.

Capilla Ntra. Señora del Carmen. Foto: Felicitas Oyhenart

Los más aventureros pueden calzarse el casco y las botas de lluvia para adentrarse en las cuevas que años atrás estaban destinadas a la extracción de oro. La visita guiada por la mina explora el lugar donde trabajaron y cuenta la historia y cómo era la actividad.

Luego, regalarse una taza de café y sentarse en una de las esquinas más emblemáticas del pueblo, es otro de los momentos que uno no puede perderse; tampoco dejar de almorzar en El Bodegón, un restaurant popular al que llegan comensales de todo el país tentados por sus deliciosos y abundantes platos, entre ellos el famoso y humeante panqueque a la pala. El lugar está a cargo del chef Marcos Diciano y es atendido por lugareños. Eso sí, hay que llegar con reserva previa porque ¡se llena!

El Bodegón de Oro ofrece abundantes platos

Son cada uno de esos rincones y experiencias, y el profundo respeto y amor que tienen sus habitantes por su lugar, los que le permitieron a La Carolina ser elegido uno de los pueblos turísticos más bellos del planeta en la 25° Asamblea General de la Organización Mundial del Turismo (OMT).

Los Best Tourist Villages distinguen a los pueblos rurales que se "erigen como los mejores ejemplos de cómo aprovechar el poder del turismo para ofrecer oportunidades y salvaguardar sus comunidades, tradiciones locales y patrimonio".

La Carolina es pintoresco en cada rincón. Foto: Felicitas Oyhenart

“Entrar a La Carolina es un paseo en el tiempo. Creo que principalmente por eso hemos sido elegidos por la OMT, porque hemos cuidado el lugar y estamos trabajando muchísimo en turismo”, comentó a MDZ Roxana Lucero Zavala, directora de Turismo de este pueblo de tan solo 300 habitantes.

Este reconocimiento traerá a un gran número de turistas argentinos y del mundo, pero también le recuerda a sus habitantes la importancia de proteger sus raíces. 

“Queremos mantener la esencia del lugar, que el pueblo continúe siendo como hasta ahora. Sabemos que hay cosas por mejorar, pero seguirá siendo un destino de paso”, comentaron a MDZ desde Turismo de La Carolina. Además, aseguraron que, siguiendo esta línea, no se construirá nueva infraestructura, tampoco se abrirán nuevos hospedajes.

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