Manual y recomendaciones para hablar de vinos

Manual y recomendaciones para hablar de vinos

En tiempos dónde está de moda dar indicaciones sobre cómo referirse a diferentes temas, desde el vino no podemos ser menos. Una columna que tiene una sorpresa final.

Federico Lancia

Federico Lancia

Bien sabido es que hoy no podemos hablar como queremos. Hay que prestar atención a cada término que usamos, porque puede dar lugar a múltiples interpretaciones y las mismas llevar a una serie de malentendidos. ¿Para qué nos vamos a meter en problemas? Si podemos vivir tranquilos. Por esto hemos armado una pequeña guía para que su vida disfrutando del vino sea más fácil. 

1. Estilos 

Cuando nos referimos a los vinos y sus particularidades podemos incurrir en un sinfín de acepciones que nos pueden meter en un embrollo

Si piensas que ese vino tiene un tronco dentro de su líquido, es decir que se siente la madera más que nada, es mucho mejor expresarse así: “El contacto con el roble lo hace robusto, lo que es ideal para acompañar un plato con potencia extrema”.

A la vez, cuando se está tomando un vino con acidez que seguramente pronto le abrirá una úlcera, lo correcto sería: “Es un vino directo, con una frescura elevada, que te hace salivar en extremo para mostrarte que lo alcalino es un mundo muy aburrido”.

2. Formas

Es conveniente ser cuidadoso también en la manera en qué nos expresamos. Quizá la intención sea buena, pero al final se mete la pata en el cómo dijo lo que dijo.

Los vinos y sus formas.

Cuando le parezca que un vino vende demasiado “humo”, o que está “muy inflado”, no sea tan violento. Aplique el término “sobrevalorado” o “es muy rico, pero yo me había generado más expectativas”. Echarse la culpa uno siempre queda muy bien. 

Cuando el sommelier le recomendó un maridaje horrible, que arruinó la velada que había preparado durante días... No sea tan agresivo con el pobre muchacho o la dedicada chica. Puede decir “las escamas de sal del jamón crudo hicieron resaltar algunos amargos del líquido, lo que gracias a la acidez del yogur ayudó a calmar las dos sensaciones y no sentir nada más”.

3. Precios

Unas de las desubicaciones más importantes se dan cuando aparece el dinero de por medio. Yo entiendo que la situación inflacionaria es una olla a presión, y que dan ganas de pelearse con cualquiera porque al final la plata no te alcanza. Lo primero en estos casos es tomar aire y respirar profundamente. 

En estos días, algunos lectores me mandaron algunos mensajes sobre los precios de vinos. “Se les subió el mosto a la capocha” “¿Que hacen vinos o autos?”, “¿Un vino a ese precio? Prefiero un par de zapatillas”.

La verdad es que no vale la pena ser tan despectivo con este tema. Porque además siempre, pero siempre la respuesta va a ser: "Tiene ese precio porque alguien lo paga". Así que no se chive y recorra, que por suerte aún en la Argentina hay vinos grandiosos a precios razonables. En vez de poner energía en eso, camine y busque en las gamas de entrada de los portfolios y su brindis será mucho más dulce. 

4. Los nunca

En este último apartado, le voy a recomendar algunas cosas que no debe hacer nunca cuando habla de vinos, sobre todo para que no pase un mal momento. 

Nunca diga que el vino tiene olor a vino. Si... ¡ya se que tiene olor a vino! Pero no lo diga. Busque términos como frutos rojos, grosellas, frutas negras, frutillas (en los tintos) o flores o frutas tropicales (en los blancos). Va a quedar como un Duque. 

Nunca cuestione a los críticos de vinos. Como todos seres de manadas, estamos en permanente búsqueda de aprobaciones por el “otro”. Los vinos necesitan ser validados por alguien. Aunque piense que está todo arreglado, no lo diga. Quédese "muzza".

 Bueno, ahora la verdad...

Esto que sigue está fuera del manual. Va por mi cuenta. En el tema vinos, nunca le haga caso a nadie, ni siquiera a lo que decimos los periodistas. No le haga caso a nada de mi irónica columna escrita más arriba. Ni lo que decimos los periodistas, ni lo que dicen los enólogos, ni los sommeliers, ni los críticos. 

Ud no diga nada, hágase el zorro y vaya probando. Y sea feliz. Su descorche siempre será una aventura maravillosa.

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