Batakis by the market: un frágil alto al fuego en la pugna por el poder

Batakis by the market: un frágil alto al fuego en la pugna por el poder

Escepticismo, cautela, y distancia, son las primeras reacciones de los research de la banca de inversión global ante el recambio en el Palacio de Hacienda. Se repite la pregunta de si están dispuestos a inmolarse, como muchos creen, o todo lo contrario primará la racionalidad K de sobrevivencia.

Jorge Herrera

Jorge Herrera

Siempre que llovió paró. Pero la gran mayoría de los argentinos, ajenos a las intrigas palaciegas, saldrán bien mojados. La ida de Martín Guzmán, es el catorceavo cambio en el seno del Gabinete de Alberto Fernández desde que asumió. Si bien no se fue ni Larry Summers, menos Alan Greenspan, ni Ben Bernanke, ni ningún dream team autóctono o internacional, la profecía autocumplida y su resolución, viene a priori a tirar más leña al fuego.

En la madrugada de hoy los primeros research provenientes de Wall Street daban cuenta del recambio advirtiendo, simplemente, que la política macro podría volverse más heterodoxa. La situación es por demás delicada. Don Guzmán no dejó, precisamente, allanado el camino. Más bien dejó un campo bien minado. Se fue mostrando que barrió todo después de la fiesta, pero mucha de la basura quedó bajo la alfombra. Ya habrá tiempo de evaluaciones sobre la performance del pupilo de Stiglitz, pero no hay duda que deja un dólar informal enardecido, un BCRA con bajas reservas, un preocupante stock de deuda remunerada en el ente monetario, un cronograma de vencimientos de deuda pública en pesos apremiante, metas con el Fondo anticipadamente incumplibles, una inflación desbocada, y así se pueden enumerar diferentes aspectos de la economía que, precisamente, están fuera de cualquier equilibrio estable. A sabiendas se venían meses más difíciles para su gestión, por las dificultades económicas y las restricciones políticas, huyó, quizás, para servir en otra guerra, y antes de conocerse el dato de inflación de junio. Pero no dejó ninguna herencia para vanagloriarse. Claro que siempre podrá esgrimir la cucarda de haber sido el ministro, víctima, de la pandemia.

Así y todo, cabe señalar que el país no vive una crisis institucional, pero sí una política, por la pugna dentro del oficialismo entre el presidente y la vicepresidenta, que agrega una mayor dosis de incertidumbre a la compleja situación económica. Hay una Corte independiente y un Congreso que, en situaciones límites y aún con el oficialismo dividido, puede aprobar leyes clave. El ejemplo más reciente fue la del acuerdo con el FMI

Pero la pugna ya lleva más de dos años. Comenzó a los 9 meses de Gobierno, cuando Cristina, mediante una carta en Facebook le advirtió a Alberto sobre el rumbo del Gobierno. Las diferencias se fueron profundizando y fueron insoslayables tras la derrota del Frente de Todos en las PASO. En esa oportunidad, el cambio de Gabinete fue provocado o impuesto por Cristina. El conflicto continuó escalando con cuestionamientos directos a la gestión presidencial.

El mes pasado se provocó la salida del ministro Matías Kulfas, alineado con el presidente. Ante la andanada K, Alberto solo recurrió a flamear su eventual candidatura a la reelección en 2023. Todo eclosionó días atrás luego de los discursos, por el aniversario de la muerte de Perón, del presidente defendiendo su gestión política en la CGT, y el de la vicepresidenta al día siguiente, respondiendo en forma directa y contundente en Ensenada.

Así la economía es el campo de batalla de esta pugna y la salida de Guzmán una seria derrota del presidente, que evidencia el poder creciente de la vicepresidenta. No puede pasarse por alta que la renuncia del ministro de Economía tuvo lugar el mismo día del discurso de Cristina y durante el mismo, reflejando, aunque fuera circunstancialmente, un nexo entre ambos hechos. Desde la Rosada se decía que Guzmán era la última trinchera del presidente frente a los avances sobre su poder por parte del kirchnerismo. Por ello, la salida de Guzmán posiciona al presidente en una situación de marcada debilidad política. 

El país vive así una crisis política y económica, que interactúan simultáneamente y se complican mutuamente. En este contexto asume la ministra Silvina Batakis. Es prematuro para juzgarla, además aún nada se conoce de sus planes ni iniciativas. Porta quizás más prontuario (K) que currículum, lo que la convierte en una figura que en principio no genera confianza en los mercados. Está políticamente identificada con el kirchnerismo, y trabajaba con el ministro del Interior y dirigente de La Cámpora, Eduardo “Wado” de Pedro. Fue, en el segundo mandato de Cristina, ministra de Economía de Daniel Scioli en Buenos Aires.

Por esa razón, a la luz de la interna oficialista se considera esta designación una victoria del ministro de Desarrollo Productivo sobre el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, que aspiraba a ser el nuevo jefe de Gabinete y controlar todas las áreas de gestión económica. Pueden todavía producirse otros cambios de funcionarios que Alberto aprovecharía para mostrar ejercicio de poder. Pero parece que Cristina está lanzada. Pero nada será fácil. Restan 17 meses para la finalización del mandato, 16 meses para la elección presidencial, 13 meses para las PASO y 10 meses para la definición de las candidaturas que competirán en ellas. Todo puede pasar, en medio de una crisis político-económica que se aceleró y que no ha terminado.  

Por delante Batakis, que aún debe armar su equipo para el Palacio de Hacienda, enfrenta un contexto de aumento de la inflación (que tiende rápidamente hacia el 70%), una creciente monetización del déficit fiscal, crecientes presiones financieras y cambiarias, creciente preocupación por la sostenibilidad de la deuda local, escasez de gasoil y protestas de los camioneros, que llevó al Gobierno a endurecer los controles de importación para proteger el stock limitado de reservas del BCRA. Y como si fuera poco tiene por delante renegociar las metas con el FMI.

Los analistas perciben que una presidencia políticamente más débil e impopular aumentaría el riesgo de que la política macro se vuelva más heterodoxa e intervencionista. Por ello auguran que los mercados, en particular el cambiario, seguirán bajo presión. En general, prácticamente, descartan que dado la inestabilidad política y el entorno político la probabilidad de que Argentina cambie hacia una combinación de macro-políticas más disciplinada y convencional es baja. Y dado el bajo capital político de la administración actual, existe el riesgo de que la calidad de la combinación de políticas se debilite aún más.

Claro que sobrevuele el gran interrogante si Cristina está dispuesta a darse un tiro en el pie. Puede ser que muchos, como ha venido sucediendo, la subestimen. La situación no da márgenes y cualquier yerro puede ser catastrófico. ¿Más leña al fuego o más sensatez con miras al 2023? Batakis tiene ahora el timón, no el comando. Veremos hacia a dónde se dirige.

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