Inflación: ¿qué espera el Banco Central para el futuro?

Inflación: ¿qué espera el Banco Central para el futuro?

El potro inflacionario no está para nada aún domado. Fiel al espíritu de los Mustang los precios siguen moviéndose con libertad. Sin embargo, para el ente monetario, salvo una nueva crisis externa, la inflación a partir de julio debería tender a bajar.

Jorge Herrera

Jorge Herrera

En poco más de quince días se conocerá el dato oficial de la tasa de inflación mensual de junio. Hoy las estimaciones preliminares del sector privado dan cuenta que tanto la presión de los precios de los alimentos y bebidas como los vaivenes de los tipos de cambio informales y el devenir de la devaluación diaria no auguran buenos presagios para el IPC de junio. En ese sentido, la visión del BCRA, sobre lo que interpreta del fenómeno inflacionario, qué es lo que mira y cómo, y qué espera de la dinámica inflacionaria, es muy valiosa. Por ello resulta interesante desentrañar la visión del ente monetario, la cual transmite, como lo hacen los principales bancos centrales del mundo, a través del Informe de Política Monetaria, desde 2016 bajo la gestión de Federico Sturzenegger.

Sobre lo acontecido recientemente señala que la suba del IPC de marzo, a niveles históricamente altos del 6,7%, se explicó, principalmente, por la evolución de la inflación núcleo, a la que se sumaron incrementos en servicios regulados de educación, gas y electricidad. Luego la inflación mensual se moderó en abril (6%) y mayo (5,1%) pero aun manteniéndose en niveles superiores a los del primer bimestre del año. La tasa de inflación interanual fue de 52,8% en el primer trimestre del año y se elevó hasta 60,7% en mayo, último dato disponible.

Al respecto considera que “la aceleración en los precios de los alimentos tuvo un impacto significativo en el incremento de la inflación núcleo, en especial en marzo y abril, traccionada por las subas de las cotizaciones internacionales de las materias primas (alimentos y energía) como resultado de la guerra en Ucrania”. Este shock externo afectó a la Argentina que estaba en un proceso de reactivación y con una elevada inercia inflacionaria previa. En tal sentido, recalca que “la existencia de mecanismos formales e informales de indexación aumentó la magnitud y persistencia del impacto de este shock inflacionario en comparación con lo observado en otros países”.

De esta manera se verificó un incremento de las expectativas de inflación, al tiempo que la aceleración observada en los precios de los alimentos se extendió al resto de los bienes y servicios, registrándose tasas de inflación núcleo elevadas en marzo (6,4%) y abril (6,7%). Luego, la tasa de inflación núcleo se redujo en mayo hasta 5,2%. “Esta incipiente desaceleración fue explicada en gran medida por el menor ritmo de suba de los alimentos, en particular de los procesados y las carnes”, explica el BCRA

El ente monetario reconoce que pese al ritmo de suba relativamente acotado del tipo de cambio nominal, este shock provocó un mayor ritmo de suba en los precios domésticos de los alimentos que se difundió al resto de la economía, provocando una aceleración de los registros inflacionarios y una revisión al alza de las expectativas de inflación. En este contexto, la reapertura de las paritarias salariales y el adelantamiento de los tramos de algunos convenios en respuesta a la aceleración inflacionaria no anticipada, así como la actualización de las tarifas de  los servicios públicos, contribuyeron en igual dirección, aumentando la persistencia del shock. 

Con relación a lo que viene, el BCRA sostiene que para la segunda parte del año se espera que la inflación núcleo descienda gradualmente a medida que los efectos del shock externo continúen moderándose. “Luego del impacto de las actualizaciones en las tarifas de servicios públicos durante junio (gas de red y energía eléctrica), el nivel general de inflación retomaría un sendero de descenso gradual a partir de julio”, estima el BCRA.

Argumenta su pronóstico en que la expectativa de una paulatina desaceleración mensual de los precios durante el resto de 2022 es compartida por los analistas del mercado, de acuerdo con lo que sugiere el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que hacia fin de año ve las tasas de variación mensual retornarán a valores similares a los de fines de 2021. De modo que considera que los ajustes en las tarifas de gas y luz de junio, como así también las de transporte público (estos dos últimos con mayor efecto en GBA), impactarán transitoriamente, ejerciendo una presión alcista sobre el nivel general de precios.

Entonces, de no mediar otro shock de precios internacionales, el BCRA espera que la inflación núcleo continúe descendiendo gradualmente mientras que el nivel general de inflación retomaría una trayectoria de paulatino descenso desde julio, luego del impacto de las actualizaciones en las tarifas de servicios públicos de junio. Pero aclara que , “la gradualidad prevista para dicho sendero de reducción de la inflación contempla ciertos factores que podrían operar en sentido contrario: el proceso de formación de expectativas de inflación, el adelantamiento y concentración de las paritarias salariales y los posibles efectos de segunda ronda de las actualizaciones de tarifas de servicios públicos y de combustibles, entre otros”. 

Respecto al accionar del Gobierno, el BCRA vuelve a insistir que se seguirán adoptando medidas para bajar la inflación, teniendo en el acuerdo con el FMI un dique contenedor para acotar las expectativas de incremento del tipo de cambio y de la inflación. “El BCRA conducirá su política monetaria y cambiaria, en un contexto de menor asistencia financiera al Tesoro Nacional, buscando una gradual convergencia hacia tasas de interés reales positivas y administrando la liquidez en forma adecuada para preservar la estabilidad monetaria sin afectar la recuperación económica”, afirma. Por lo pronto parece más una sensación térmica o deseo, que la cruda realidad. Veremos.

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