Cuál es el sector que Máximo Kirchner no quiere que se recupere

Cuál es el sector que Máximo Kirchner no quiere que se recupere

Si bien muchos rubros económicos están volviendo a la normalidad tras la larga cuarentena, el mercado aéreo internacional sigue operando a la mitad de los niveles del 2019. La falta de divisas es el principal problema, pero también hay cuestiones ideológicas.

Horacio Alonso

Horacio Alonso

Desde el Gobierno Nacional, se remarca permanentemente la fuerte recuperación que está teniendo la economía. Se habla de que la actividad ya está llegando a niveles previos a la pandemia o, incluso, superándolos. Sin embargo, no todos los sectores viven esa realidad. Algunos, están muy lejos.

El mercado aerocomercial internacional sigue siendo uno de los más golpeados. Tal vez el peor. Según los datos de abril difundidos por el organismo que regula al sector (ANAC), las operaciones están 50,9% por debajo del mismo mes del 2019. El mes pasado se transportaron sólo 565.000 pasajeros.

Es cierto que se registra crecimiento frente a 2021, pero hay que tener en cuenta que hace doce meses existían todavía importantes restricciones sanitarias, mientras que en la actualidad el mercado está abierto desde ese punto de vista.

Esto contrasta con lo que sucede en otros países, donde la recuperación fue más rápida y de mayor magnitud. En Europa, la conectividad aérea ya está normalizada. Lo mismo sucede en Estados Unidos y gran parte de la región.

El problema de este estancamiento argentino tiene que ver con dos factores. La falta de dólares es un condicionamiento para un sector que genera una balanza cambiaria deficitaria. Sólo en marzo, el déficit de rubro turismo superó los u$s500 millones. Esto con un mercado que opera a la mitad del ritmo de hace tres años.

Es por eso que, desde que asumió el Frente de Todos, se dispuso un recargo del 30% en el valor del dólar para la compra de pasajes y servicios internacional, conocido como impuesto “PAIS”. A esto se sumó una percepción anticipada del impuesto a las Ganancias que encareció otro 35% las compras de este sector.

Como no alcanzó a frenar la salida de viajeros, más tarde se prohibió la venta con tarjeta de crédito en cuotas de pasajes y paquetes turísticos. Esta era una forma que utilizaban los consumidores para financiar sus viajes. Aunque se hacían en pesos, estos se tenían que transformar en dólares para pagar a los proveedores externos.

Con la suba del tipo de cambio oficial de los últimos meses y un “blue” que crece a menor ritmo, el dólar “turista” llegó a estar en los últimos días por arriba del valor del paralelo.

Esto hace que ya no sea conveniente pagar los gastos en el exterior con “plástico” como sucedía hasta hace poco.

Si bien está creciendo la llegada de turistas del exterior, la mayoría son de países vecinos que conocen las particularidades argentinas. No venden sus dólares en el mercado oficial y aprovechan la brecha cambiaria liquidando su dinero en las “cuevas”. Esto ayuda a tener el “blue” planchado y juega en contra de una mejora de la balanza.

El otro motivo de esta restricción aérea tiene que ver con lo ideológico. La “guerra” del kirchnerismo contra la clase media justifica buena parte de la falta de conectividad. Es este sector el más afectado por el encarecimiento impositivo de los pasajes y la falta de cuotas. Los sectores de mayor poder adquisitivo, no tienen dificultades para seguir volando.

Si bien ya no hay argumentos sanitarios para restringir los vuelos, hay otras formas de desalentar el crecimiento del mercado internacional. Todavía se siguen autorizando frecuencias de forma trimestral y no semestral o anual como se hacía antes. Esto complica la programación y muchas aerolíneas no se ven atraídas de volar a la Argentina.

En otros casos, no se autorizan pedidos de mayores frecuencias por parte de líneas aéreas. Un ejemplo es lo que sucede con Flybondi que, desde hace casi dos años, viene solicitando más vuelos a destinos como Perú, pero la ANAC no los autoriza.

La explicación de esta situación tiene que ver con limitar la competencia de Aerolíneas Argentinas, una política que es impulsada por la conducción de la compañía que responde a La Cámpora de Máximo Kirchner.

Un ejemplo es el decreto 870 conocido a fin del año pasado, que entra en vigencia el 24 de junio próximo, que establece que cualquier pedido de aumento de frecuencia o nuevo destino, tiene que tener el visto bueno de la línea de bandera. Si no puede cubrirlo, recién entonces se permite que una privada lo haga. 

Este poder de veto que se le otorga a la compañía estatal, es la herramienta que tiene La Cámpora para limitar la competencia. Con el recargo impositivo que se impuso desde el inicio de la actual gestión y esta nueva restricción se busca limitar esta actividad para que su recuperación se demore lo máximo posible, Los principales afectados son esos sectores díscolos de la sociedad que no acompañan al Gobierno en cada elección.

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