Nuevo mapa de la vitivinicultura argentina: por qué crece el negocio en provincias no tradicionales

Nuevo mapa de la vitivinicultura argentina: por qué crece el negocio en provincias no tradicionales

Mientras Mendoza, San Juan y Río Negro disminuyen la cantidad de sus viñedos, pequeños emprendimientos vitivinícolas crecen en regiones poco comunes como Buenos Aires, Jujuy y Córdoba, entre otras. El avance de Salta y el impulso del enoturismo, como nuevas tendencias.

Diana Chiani

Diana Chiani

Aunque las provincias tradicionales son las que se llevan el mayor porcentaje del negocio vitivinícola, de a poco se observa un avance en lugares poco comunes para la vitivinicultura, al punto que hoy ya son 18 las provincias que registran superficie cultivada, con un aumento sostenido en 15 de ellas. En contraposición, Mendoza, San Juan y Río Negro disminuyeron su superficie total; según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).

El peso que tienen estas últimas explica la disminución de la superficie cultivada total. Desde 2010se registran 6652 hectáreas menos sembradas con uvas. Así, en el último año aparecen departamentos nuevos que se incorporan a la vitivinicultura argentina. Entre ellos, y siempre según la información oficial, se destaca el departamento de Malargüe en Mendoza –donde tradicionalmente no había viñedos- así como Río Cuarto en Córdoba, San Nicolás y Campana en Buenos Aires, Escalante y Biedma en Chubut y Rosario en Santa Fe.

Al respecto, el presidente del INV, Martín Hinojosa, destacó que la vitivinicultura argentina se encuentra en un momento decisivo y que, con 211.000 hectáreas cultivadas, hoy cubre casi la misma superficie que hace 20 años. “En Mendoza y San Juan se han perdido viñedos, en un proceso de reconversión que involucra no solo variedades más productivas o rentables, si no que tiene una clara afectación de la falta de agua para irrigación”, subrayó el funcionario.

Terruños emergentes

Hinojosa aclaró que el 90% del total vitivinícola se concentra en las provincias mencionadas pero que, de la mano del enoturismo y de importantes desarrollos vitícolas, se observa un importante crecimiento en Buenos Aires, Chubut, Entre Ríos, Jujuy, Córdoba, Catamarca y Neuquén; entre otras.  

Salta, en tanto, se encuentra en una situación intermedia ya que, si bien no es una típica provincia vitivinícola, desde hace tiempo y con especial desarrollo en Cafayate, es un referente importante. Esta zona lidera el ranking de provincias con mayor crecimiento. Desde 2010 creció más de 41% con un total de 1056 nuevas hectáreas.

Patricia Ortiz, al frente de Bodegas de Argentina (BA), comentó que, como cámara nacional, apoyan todas las nuevas regiones que se desarrollan y que hay casos sorprendentes como Santa Fe y Jujuy en la quebrada de Humahuaca. Córdoba también se destaca por ser un terroir interesante y de crecimiento manifiesto. “Los resultados los vamos a ver cuando podamos tomar los vinos, pero lo importante será aprender sobre las posibilidades que dan los distintos suelos”, destacó la empresaria.

Con respecto a las características generales de los viñedos, Neuquén es la provincia que los tiene más grandes con un tamaño medio de 18,4 hectáreas mientras que Catamarca es la que posee las propiedades más pequeñas, con 2,1 hectáreas como tamaño medio del viñedo.

Baja rentabilidad de productores chicos

Daniel Rada, del Observatorio Vitivinícola Argentino (OIV), explicó que las nuevas provincias que se suman al mapa vitivinícola están fuertemente relacionadas con iniciativas puntuales y nuevos negocios que han comenzado a desarrollarse. En el caso de Mendoza y San Juan, la retracción tiene que ver,  principalmente, con la desaparición de viñedos chicos que dejan de ser rentables, que tienen temas de sucesión de por medio o que, directamente, desaparecen a manos de emprendimientos inmobiliarios o de otro tipo.

Esto impacta en la cantidad de uva cosechada que hace tiempo se mantiene en torno a los 21 millones de quintales, cuando históricamente ha sido de 25 o 26 millones de quintales. Si bien por el momento las demandas de la industria logran equilibrarse de diversos modos, lo cierto es que la falta de precio le dificulta a los pequeños producir con calidad y, en una suerte de círculo vicioso, esta imposibilidad impacta en las bondades de la uva.

Con la tendencia del mercado, continúa la reconversión de variedades blancas y rosadas aptas para elaboración hacia variedades tintas y uvas para consumo en fresco y/o pasas.

En el primer caso, Mendoza lidera este cambio desde hace tiempo, debido a que son los tintos de calidad los que ganan mercado externo. “El malbec es nuestra bandera, tanto en el mercado doméstico como internacional, pero los consumidores reclaman nuevos productos o envases, así como bebidas frías, dulces y con menos alcohol”, destacó Hinojosa.

Apuntó, además, que se busca consolidar lo existente, al tiempo que a ampliar perspectivas. Al respecto, Rada comentó que el crecimiento en la categoría de espumantes no tiene aún impacto en la superficie cultivada.

San Juan, por su lado, se reconvierte hacia el sector de pasas. Con la baja de márgenes de rentabilidad a la hora de exportar, este producto, así como la uva en fresco, son salidas válidas para un producto con desafíos y perspectivas.

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